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Desayuno a base de mucho maíz!

Llegada a Lima

Perú, ese gran viaje con el que muchos de nosotros soñamos… ¡Qué ganitas tenía de hacer ese viaje! Sin embargo, cuánto más viajo, confieso que menos preparo mis viajes y así ocurrió con Perú. Leí cosas entre líneas, de forma muy superficial, y la conclusión que saqué tras consultar un par de guías y páginas webs es que “Perú no es sólo Machu Picchu”. Como ya os comenté, a mi llegada, fui consciente desde el primer minuto que Perú me depararía muchas sorpresas y así fue. Fue un viaje muy intenso en emociones y muy variado.

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El Pacífico

De hecho, Perú ya me sorprendió estando en España. Una semana antes de mi viaje, abrumada por la información que me encontraba sobre la gastronomía peruana, totalmente desconocida en Europa, decidí buscar un Couchsurfer en Lima. Cuando encontré el perfil de Julio, profesor de cocina, le mandé un mensaje inmediatamente sin pensarlo. ¿¡Quién mejor que él para ayudarme a mostrárosla!? Parece que la química a través de Internet también existe y, sin comerlo ni beberlo (nunca mejor dicho), me pasé toda la semana whatsappeando con un total desconocido amante de los viajes, de la buena comida y del rock como yo.

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El parque del Amor en Miraflores

Cuando mi avión aterrizó aquella noche en Lima y me fui al hostel, avisé a Julio de mi llegada y confieso que empecé a ponerme nerviosa. ¿Cómo puedes llevarte tan bien con alguien al que aún no conoces? ¿Cómo sería en persona? Al día siguiente, tras hora y media de atasco por Lima, por fin llegaba a Miraflores para conocerlo y mi instinto volvió a no engañarme. ¡Volví a acertar de lleno con mi Couchsurfer! Aquel día tendría la extraña sensación de estar visitando a un amigo al que conocía de toda la vida. ¡Increíble!

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El parque del Amor, lugar perfecto para los enamorados

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La riquísima gastronomía limeña

Descubriendo la gastronomía peruana y haciendo nuevos amigos

Un paseo por el mercado para descubrir los productos locales (muchos de ellos totalmente desconocidos para mí), un rico y fuertísimo desayuno peruano, un larguísimo paseo todo lo largo del mar, por el Parque del Amor, por la Playa de Miraflores. Jamás pensé que Lima fuese una ciudad tan enorme, en plena esfervencia y pidiendo a gritos modernidad (aunque bien es cierto que también existen muchos barrios aún marginados a las afueras como pude apreciar la primera noche cerca del aeropuerto).

Tras un primer día más que genial con Julio – con muchísimas risas y riquísima comida -, pensé que era una locura haber empezado un viaje tan bien.

Cuando Julio me propuso que me quedase dos días más en Lima con él, no lo dudé. ¡Es que es lo bueno de no planear demasiado los viajes! Decidí que me dejaría llevar por Perú y dejaría apartada mi manía-obsesión por tenerlo todo bajo control. Al día siguiente sería otro día maravilloso, que volvería a pasar rapidísimo. Esta vez estaríamos compañados por una pareja mexicana de Couchsurfing que también se hospedaría en casa de Julio. Confieso que me perdí la gran mayoría de las cosas más turísticas de la ciudad como su centro histórico pero estas cosas permanecerán allí para una segunda visita mientras que esos instantes con mis nuevos “amigos-desconocidos”, tomando unos riquísimos pisco sours, había que atraparlos en aquel momento.

Mi primera vez en Suramérica, un continente supuestamente peligroso (y en teoría más para una viajera solitaria) y que, sin embargo, me daría la sensación de estar como en casa.

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Disfrutando una vez más de la experiencia Couchsurfing

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