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Mercado de comida del zoco

En Marrakech con tres amigas

Cuando me volví a quedar soltera, como es normal, empecé a salir más y a hacer nuevas amigas. A Mónica la conocisteis durante las aventuras en Sevilla y a Eva durante nuestro viaje a Suiza. Esta vez seríamos cuatro chicas en Marrakech (Sexo en Nueva York II a lo cutre, jajaja). Para ellas sería todo un mundo de sensaciones nuevas, para mí “pan comido” después de mi experiencia india. Desde el avión ya fui vislumbrando lo que nos esperaba: una enorme ciudad plagada de casas bajas de adobe, calles sucias y laberínticas.

No sabía cómo iban a reaccionar ante la pobreza así que me decidí a reservar habitaciones en el mágico Riad Layla Rouge para evitar sorpresas y tener un mínimo de confort. El lugar resultó encantador y perfecto para 4 días. Nos sentíamos como en casa.

La plaza Yamaa El Fna, la plaza que nunca duerme

Era febrero y el clima era seco pero agradable. Nos recogieron en el aeropuerto y, pocos minutos más tarde, ya nos metíamos de lleno en la Medina, alucinando con todo lo que nos encontrábamos. Todo era tan diferente, tan caótico… y pobre. Ya no podíamos esperar más y, a pesar de estar cansadas, esa misma tarde-noche ya decidimos recorrer todo el centro y a aventurarnos a cenar junto a la bulliciosa plaza Yamaa El Fna.

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La mágica Plaza Yamaa el Fna

Ellas se sentían totalmente embriagadas y absorbidas por el caos. A mí me resultaba extremadamente gracioso verlas. Me había pasado lo mismo el primer día en India. Aún así Marrakech era muy diferente. Todo me parecía puro espectáculo y la actividad de la plaza era desenfrenada: peleas, monos, encantadores de serpientes, vendedores de zumos de naranja, mujeres tapadas de arriba abajo con miradas subrayadas de negro kohl. Todo ello rodeado de humo y magia. Ese era el motivo por el que la gente decía que Marrakech te hipnotiza y te atrapa. Empezó a retumbar la ciudad con la llamada de la oración justo cuando pasábamos delante de la antigua mezquita de Kasbah y a todas se nos puso los pelos de punta…

Al día siguiente decidimos contratar a un guía para que nos enseñase un poco de todo en el Zoco. Si se dispone de poco tiempo, como en nuestro caso, creo que es un buen plan porque es realmente enorme y es muy fácil perderse. De este modo, pudimos ver un poco de todo: ropa, babuchas, talleres de alfombras, de artesanía, perfumerías-tiendas de especies… ¡El paraíso para compradoras compulsivas, jajaja! Tras una exquisita comida (sigo soñando con aquel cordero con dátiles y piñones), decidimos ya recorrer a nuestro aire el resto de la ciudad e incluso a nuestra gran sorpresa descubrimos que el encanto de lo ancestral, de la ciudad roja, desaparecía unas pocas calles más allá y que Marrakech también tenía una parte moderna, muy parecida a cualquier otra ciudad europea.

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Jugándonos el tipo en el Atlas

De excursión por el Valle del Ourika

Decidimos dedicar un día para conocer un poco los alrededores y nos decantamos por contratar una excursión para ver el Alto Atlas. Tras enterarnos (a través de otra gente que iba  en nuestro microbus) que nuestro regateo no había servido de nada y que aún nos habían timado (para no variar), decidimos intentar disfrutar al máximo de la jornada contratada . La primera parada la hicimos en un par de puestos de souvenirs (¡cómo no!) y la siguiente en un lugar en el que se podía subir a lomos de un camello (¡Welcome to Guirilandia!). Finalmente, paramos a tomarnos un té en un pueblo beduino. De nuevo nos azotó la visión de la pobreza. Minutos después, nos convertimos en el gran entretenimiento de una horda de niños nos empezaron a rodear como locos  al ver que se repartían caramelos y chicles. La última parada fue ya a los pies del Atlas. Esas sobrecogedoras tierras áridas tenían de telón de fondo unas elevadas montañas nevadas. Muy pronto empezamos a alegrarnos de haber llevado calzado cómodo: nuestro guía – que parecía una cabra montesa – empezó a hacernos cruzar puentecitos de madera a lo Indiana Jones y a hacernos subir y subir a través del bonito valle del Ourika.

El objetivo: ver una de las más bonitas cascadas de Marruecos. Según avanzábamos, empezamos a alucinar con la desorganización y con los demás turistas que, al igual que nosotras, no tenían ni idea de dónde se estaban metiendo (guiris con chanclas, bolsos, bebés…). Seguíamos cuesta arriba sin parar, saltando de piedra en piedra, cruzando arroyos… y temblando pensando en cómo íbamos a bajar de allí. Al final llegamos a las decepcionantes cascadas (y es que en Galicia tenemos unas cuantas más espectaculares) y tras un pequeño descanso, llegó la hora del temido descenso. Gracias a Dios, el guía nos avisó que nos haría bajar por otro lado pero para coger el atajo tendríamos que escalar otro poco más. Nos fiamos de él y afortunadamente nadie salió herido (aunque un cuaderno que Mónica llevaba estuvo a punto de suicidarse tirándose al vacío por un acantilado de 3 metros de altura). Este último esfuerzo mereció la pena ya que pudimos disfrutar de unas vistas aún más espectaculares desde un camino muchísimo más llano de regreso a nuestro bus.

Visita al hotel La Mamounia y a la casa de Yves Saint Laurent

El último día, tras empezar a hacer virguerías para encajar colchas, mantas, joyeros y farolillos dentro de nuestras diminutas maletas tamaño Ryanair (¡gracias Vueling por dejarnos  facturar gratuitamente!), decidimos visitar el hotel La Mamounia (por recomendación de Patricia) y la casa de Yves Saint Laurent, un pequeño paraíso sobre la tierra (¡así es  normal que uno se enamore de Marrakech!).

Volvimos por enésima vez a recorrer nuestra ya adorada plaza Yamaa El Fna, una plaza que nunca duerme, y nos despedimos aquella noche de ella tomando un excelente té moruno desde la terraza del Café Glacier.

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Casa azul majorell de Yves Saint Laurent


[plain]Este post NO ha sido patrocinado. Los enlaces o las menciones a marcas que incluyo en este texto han sido introducidos porque creo que pueden tener interés para el lector. TODAS las opiniones y experiencias recogidas en mi blog son REALES y ÚNICAMENTE mías. [/plain]

7 Respuestas

  1. Miguel Ángel Otero Soliño

    muy interesante el artículo, Marruecos es de mis asignaturas pendientes a ver si me vouy. Como gallego puedo certificar que en Galicia hay unas espectaculares fervenzas :), me encanta la de Ezaro y la del río Barosa, a la de la Toxa aun no he ido 🙂

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    • @skandal00

      Anda, de dónde eres Miguel Angel? Vamos a ser vecinos y yo sin enterarme, jeje. Somos muchos los gallegos viajeros bloggeros o qué? Molaba hacer “microquedadas”! 😀

      Responder
      • Miguel Ángel Otero Soliño

        Soy de Vigo, los gallegos estamos en todas partes, de hecho recuerdo que paseando por las calles de Ushuaia, la ciudad mas austral, me encontre con un cruceiro que ponia “Galicia desde el fin del mundo”, a ver si sube la foto al blog ja ja… es muy significativa

      • rita

        Y no tuvisteis ningún problema? yo me voy dentro de unas semanas con unas amigas también, y me da un poco de cosa…

      • @skandal00

        Hola Rita, no tengas miedo para nada. Es un lugar muy turístico. Hay que andar atentas pero no es para nada peligroso. Ya me contarás 🙂

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