Volvimos al barco y dejamos atrás Aswan. Nuestra próxima parada sería Kom Ombo. Como el día había sido muy relajado y ya estaba recuperada del susto de la mañana, Hossam me propuso (ya que dispondríamos de dos horas antes de cenar) hacer la visita del templo de noche.

templo-kom-ombo-egipto

Templo de Kom Ombo

1. Visita noctura del templo de Kom Ombo

La verdad es que fue genial porque la iluminación es una auténtica pasada. Todo resulta aún más mágico, misterioso y… ¡tan romántico!

El templo se encuentra pegado al Nilo y resulta muy interesante porque es totalmente simétrico. La razón es que en realidad no son uno sino dos templos dedicados a dos dioses diferentes: Sobek, representado por un cocodrilo y Haroeris (antiguo Horus), representado por el halcón.

templo-kom-ombo-egipto

Templo de Kom Ombo

Otro detalle curioso de este templo es que en él existen numerosos grabados en los que se representa el material quirúrgico de la época e incluso una escena de un parto. ¡Cómo ha podido nuestro conocimiento volver luego tan hacia atrás!

La complicidad con Hossam, después de un día tan completo, se empezó a hacer cada vez más notoria. Cuando llegó la hora de cenar me vi sola de nuevo en el barco junto a las hordas de alemanes famélicos que asaltaban el buffet. Sin comerlo ni beberlo los dos guías egipcios hispanohablantes me invitaban a su mesa junto a una nueva señora argentina que se unía a nosotros. ¡Ya éramos una pandillita!

Esa noche para relajar el ambiente en el crucero se organizó una fiesta “Danza del vientre” en que pasaría más vergüenza ajena viendo a los demás que otra cosa. ¡Y es que aunque tengamos poca gracia, los latinos al menos sabemos movernos!

 

2. Visita al Templo de Edfu

A la mañana siguiente empezamos con la visita al templo de Edfu. Este templo me resultó impresionante por su buen estado de conservación (gracias a que estuvo años sepultado por la arena del desierto). Nada más verlo a lo lejos, el pilono con sus enormes grabados es imponente y la entrada al patio quita el aliento y te introduce de lleno en aquella época que debió de ser realmente fascinante. El interior, plagado de columnas totalmente grabadas y con tenues restos de pintura de varios colores, resultaba impactante. Las manchas oscuras del techo dejando entrever que muchas personas con antorchas pasaron por allí.

templo-edfu-egipto

Templo de Edfu

templo-edfu-egipto

Templo de Edfu

Tras un breve descanso para comer, por la tarde, el barco siguió su recorrido hacia Luxor. Pasamos por la esclusa de Esna (construcción que logra que los barcos se adapten a un desnivel de 8 metros al paso por una presa) y pudimos ir apreciando cómo poco a poco los paísajes empezaban a cambiar. Veníamos del Sur dónde la vida era más tranquila y la naturaleza más verde y salvaje. El Norte empezaba a mostrarnos la otra cara de la moneda: más construcciones y también más gente intentando ganarse la vida cómo podían con los turistas. Aún recuerdo a un niño que subido a una barquita de manera que nos lanzaba al crucero toallas para intentar venderlas…

Intentando matar las horas muertas de tránsito, decidí subir a la cubierta con todos los demás guiris y relajarme un rato en la piscina. Estuve luego un buen rato observando aquellos paisajes en silencio. Realmente me di cuenta que la experiencia del crucero por el Nilo (que siempre me había echado atrás), en el caso de Egipto tiene todo el sentido del mundo. Sólo hay vida – desde hace siglos – alrededor de él. Todo más allá es desierto. Navegar por el Nilo es la mejor forma de ver el país.

templo-luxor-egipto

Templo de Lúxor

3. Visita a Lúxor

El barco atracó por la tarde en Lúxor y seguimos con las visitas. Nos trasladaron en calesa hasta el templo. A cada vez que Hossam y yo nos cruzábamos en alguna parte con nuestros amigos “latinos” todo eran carcajadas y cachondeo. Si Kom Ombo me había gustado, esto no dejaba de ir en aumento. La avenida flanqueada por esfinges, las dos enormes estatuas de faraones a la entrada del templo, el obelisco hermano que robó Napoleón y que se encuentra hoy en día en París en la plaza de la Concordia (ese sí lo conocía), la huella de una mezquita que fue construida antes de encontrar el yacimiento, la luz del atardecer… Me sentía cada vez más embriagada por lo que me rodeaba y no dejaba de preguntarle más y más cosas a mi guía (ventajas de estar sola). Hossam acabó diciéndome que no tenía la sensación de trabajar por lo mucho que veía que disfrutaba con todo y es que realmente era así. 🙂

Cayó la noche y cuando por fin decidimos retirarnos, en una de las últimas salas de jeroglíficos, me giré y entonces Hossam me robó un beso. Me enrojecí. Decidí no darle importancia y traté hacer como si nada había ocurrido. Salimos del recinto pausadamente sin apenas hablar, fuimos a tomarnos un café, volvimos a charlar de todo un poco como si nada y finalmente entre risas volvimos al barco a descansar…

2 Respuestas

Deja un comentario