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Tras mi gran decepción con el teatro organizado en las islas de los Uros y en Taquile, al día siguiente, aún así decidí contratar otra excursión. Esta vez, por recomendación de Julio, mi Couchsurfer limeño, cruzaría la frontera para pasarme a Bolivia, a apenas 2 horas de Puno. El plan era visitar el Recinto Arqueológico de Tiahuanaco.

Cuál no fue mi sorpresa cuando, aquella mañana, se presentaría una señora guía sólo para mí. Para ahorrar en gastos al estar sola, nos iríamos las dos en un “colectivo”. ¡Menuda experiencia! (Los colectivos son autobuses chicos que van recogiendo y dejando por el camino. De lo más pintoresco. 🙂 )

María y yo enseguida entablamos conversación y amistad. Le conté mis sensaciones con respeto a las excursiones del día anterior y ella me contó que pertenecía a la comunidad aimara, uno de los pueblos más importantes del sur Perú (también residen en Bolivia y Chile). Me explicó un montón de detalles sobre sus tradiciones así que todo ello me pareció extremadamente interesante, me ayudó a entender el contexto sociocultural de aquella región y quitarme el mal sabor de Uros y Taquile.

Tiahuanaco

Tiahuanaco

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1. Cómo ir de Puno a Tiahuanaco

Al llegar a la frontera en Desaguadero, confieso que me puse algo nerviosa. Aquello parecía de lo más caótico y había bastante controles. María me dijo que pasáramos de forma separada ya que los guías peruanos no pueden ejercer en Bolivia. Al final, todo se quedó en una larga cola y en un simple sello en mi pasaporte. Tan pronto cruce la frontera terrestre, me reencontraba con ella y seguíamos nuestro camino a Tiahuanaco (unos 45 minutos más). Mi primera impresión de Bolivia – no estaba en mis planes visitar este país – es que estaba en una situación de gran pobreza, muchísimo mayor que en Perú

2. El recinto arqueológico de Tiahuanaco

Cuando llegamos a Tiahuanaco no podía creer lo que estaba viendo. El recinto era realmente enorme e impactante. Los tiahuanacos fueron un pueblo anterior a los incas y se sospecha que los incas aprendieron de ellos. Esta inmensa ciudad de 600 hectáreas deja claro que ya disponían de amplias nociones en construcción, textiles, cerámica, orfebrería, fundición…

Nada más entrar me quedé boquiabierta viendo una estructura piramidal que parecía la entrada a un recinto sagrado. En el suelo aún se encontraba el símbolo de la chakana, una cruz cuadrada (también llamada cruz andina) que aún permanecen en la cultura aimara y es símbolo de espiritualidad.

Otra de las cosas que también me impactó fue lo pesadas que eran aquellas piedras e incluso el ingenioso sistema de engranaje de los bloques: se realizaban agujeritos por los que se introducía hierro caliente que luego serviría de fijación entre las piedras.

El recorrido en el exterior duró unas 2 horas y finalizaría con el templo semisubterráneo que me dejaría aún más perpleja. En él aún se podía sentir una energía sin igual pero, sobre todo, las cientos de cabezas esculpidas en sus paredes resultaban de los más enigmáticas.

A continuación, la Puerta del Sol y los monolitos antropomorfos me dejaron finalmente loca. Aquel recinto arqueológico era realmente increíble. Los incas se llevaron toda la fama pero me sorprende que la cultura de los tiahuanaco sea una gran desconocida para nosotros (al igual que todas las comunidades que engloba Perú).

Por desgracia, por lo que nos contó el guía boliviano, Tiahuanaco, a día de hoy, ni siquiera recibe ayuda del gobierno boliviano. Esa fue la respuesta a mi pregunta al ver tanta gente vestida de calle haciendo de arqueólogos. “La gente de los alrededores se ha solidarizado para evitar que se robe parte de este patrimonio de un valor incalculable que se encuentra a cielo abierto” – me contestó.

Seguimos ya la visita en el interior del museo en el que están expuestos la mayor parte de los objetos encontrados: artesanía, textil, armas… El museo me dejó aún más claro que recomendaría, sin lugar a duda, la visita a este lugar que, por desgracia, se encontraba prácticamente vacío.

Aún nos quedaría la fase 2 del recinto arqueológico por recorrer pero ya era hora de regresar…

3. Iglesia de Pomata

María me vio tan animada que, a pesar que no entraba en la ruta oficial, nos detuvimos un momento en Pomata, ya del lado peruano. Quiso enseñarme otra de las peculiaridades de la zona y cómo los aimara habían “customizado” aquella iglesia (construida durante la época colonial) con elementos propios de su cultura.

Aquel día sí que volví feliz de vuelta para casa. Conocer Tiahuanaco y aprender un poco de la cultura aimara fue una oportunidad increíble.

Actualizado el 27/05/2018

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