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Tras tantas sensaciones fuertes en Huacachina, ya os podéis imaginar lo muerta que llegué a Nazca. Tan pronto llegué al hotel, antes de irme a la cama, pedí consejo al dueño sobre cómo contratar el vuelo por la mañana para sobrevolar las famosas líneas de Nazca.

En ese mismo momento, tras un poco de regateo, él mismo me vendía el sobrevuelo y confirmábamos mi salida para la mañana siguiente.

Me desperté, como os podéis imaginar, emocionadísima con esta nueva aventura. Me recomendaban no desayunar demasiado ya es que frecuente marearse. El dueño y el hotel, en los que apenas me había fijado la noche anterior, estaban llenos de imágenes hindúes y talismanes varios. Estaba yo esperando que me recogiesen para mi traslado en un pequeño salón cuando el dueño me empezó a contar que era chamán y, tras volver con unas flores secas, dijo que me haría un ritual para que no me marease en el avión. Tras sacudirme el ramo por todo el cuerpo y hacerme girar la cabeza un par de veces (situación surrealista dónde las haya), allá me fui y lo cierto es que no me maree, jajaja 😀

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Puedes tener los pilotos controlados, jeje

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El copiloto siempre dispuesto a tener a los turistas contentos te saca la foto

 

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Recibo de la tasa aeropuertuaria de Nazca

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Arrancamos y esto parece ¿Dónde está Wally?

1. Aeropuerto María Reiche

Al rato vino un conductor que me dejaría en el pequeño aeropuerto de María Reiche, la investigadora que descubrió las líneas y dedicó su vida a intentar resolver el misterio. Tras presentar el pasaporte como en cualquier otro aeropuerto y pasar un pequeño control de seguridad, procedieron a pesar a todos los pasajeros. En una sala de espera común a todas las agencias, con un montón de pantallas en los que podíamos ver documentales de National Geographic sobre los Nazcas, o en la cafetería, teníamos que esperar a ser llamados. Durante la espera, también se procede al pago de la tasa aeroportuaria in situ que no va incluida en el precio del sobrevuelo (unos 25 soles).

En mi caso, la espera fue aproximadamente de 45 min y es que, supongo que soy muy pesada, pero cuando llegó mi turno fue emocionante ver que me había tocado una avioneta pequeña en la que sólo subiríamos 6 personas. Vendrían junta a mí una pareja rusa y una chica argentina además del piloto y copiloto.

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Aquí está el condor!!!

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¡El árbol y una ave marina a su derecha!

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¡La araña abajo en el centro!

2. Sobrevuelo a las líneas de Nazca

Cabe destacar que a pesar de que impresiona subirse en un vehículo de este tipo, las normas de seguridad son muy estrictas. Tenéis que pensar que salen cientos de vuelos todos los días para los turistas. El vuelo de 45 min ronda los 90 dólares (dependiendo de la agencia y lo bien que se os dé regatear) y permite ver unas 12 figuras. También existe la posibilidad de sobrevolar Nazca y Palpa para ver 24 figuras.

Finalmente, confieso que lo que más me emocionó fue volar por primera vez en avioneta. La sensación de libertad me pareció increíble. En cuánto a las líneas… ¡Es más complicado de lo que parece! Independientemente que os soláis marear o no, la avioneta gira encima de las figuras para que tanto los pasajeros del lado izquierdo como derecho las puedan ver. El copiloto os gritará a través de los cascos dónde están y ¡es que no es tan fácil verlas! (Las fotos que aquí podéis ver están contrastadas al máximo). El error más común y motivo por el cual la mayoría de la gente se marea (porque no solemos tener paciencia), es intentar mirar por ambas ventanillas. Además de los vaivenes de la avioneta, de esta forma, estáis perdiendo vuestro punto de enfoque y por lo tanto de equilibrio…

3. Otras visitas en Nazca

De regreso al hotel, me ofrecieron varios packs para visitar más: se puede visitar la ciudadela de Cahuachi, el cementerio de Chauchilla y los acueductos de Cantalloc. También cabe la posibilidad de visitar el museo de Antonini y la Casa-Museo de María Reiche. Sin embargo, el estar en una zona desértica con tanto calor y al tener mi siguiente bus a las 15, tras un buen madrugón, se me quitaron las ganas de ver más lugares. Decidí tomármelo de relax. Pasée por la zona del centro, dónde no había nada destacable, comí tranquilamente en una pollería y compré cosillas para el largo viaje hasta Arequipa (8 horas). Lo cierto, es que los impresionantes paisajes de Nazca a Arequipa fueron la mayor sorpresa del viaje… 🙂

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Atardecer sobre la costa del Pacífico

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Carretera panamericana de Nazca a Arequipa

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