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Tras tres días por la Capadocia, nuestro camino seguiría hacia el oeste de Turquía hasta el curioso emplazamiento de Pamukkale.

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1. Qué ver en Pamukkale

Si el espectáculo aéreo de la Capadocia, ya me había dejado perpleja y demostrado lo maravillosa que puede ser la naturaleza, lo que allí veríamos volvería a dejarnos asombrados.

Pamukkale, castillo de algodón en turco, es una zona de con manantiales que desprenden aguas termales con tanto bicarbonato y calcio que, de repente, uno tiene la sensación de haber aterrizado en otro planeta, o de estar en medio de un paisaje nevado extraño… Este fenómeno da lugar a la creación de “peldaños” de aguas turquesas sobre unos 2700 km y unos 160 km de altura que hoy es Patrimonio de la Humanidad.  Se encuentra a 20 km de la ciudad de Denizli, cerca del mar Egeo.

Estas fuentes de aguas termales fueron descubiertas durante la Antigüedad y por ese motivo, a unos metros de allí, se instalaron los griegos y se fundó la ciudad de Hierápolis.

Se trata lugar muy turístico pero de gran belleza. Allí estábamos todos los guiris – hordas de japoneses incluidos -, como locos paseando descalzos para probar estas aguas calientes que salen de la tierra. Cabe destacar que no se puede caminar por todas las terrazas ya que no todas son sólidas.

Existe un spa moderno a unos pasos allí llamado Cleopatra’s Antique Pool en el que uno puede bañarse en aguas minerales rodeando de ruinas dónde se cree que se encontraba el antiguo Templo de Apolo.

2. Qué ver en Hierápolis

Había oído hablar de los sorprendentes paisajes de Pamukkale pero fue una grata sorpresa descubrir además Hierápolis, que también es Patrimonio de la Humanidad. Los griegos fueron los primeros en ver el filón de este increíble fenómeno de la naturaleza (consideraban que estas agua eran terapéuticas) y ahí se encontraban los increíbles vestigios de una gran ciudad del s. III. Luego la urbe cayó en manos de los romanos y de los bizantinos hasta que fue destruida por los persas y los terremotos.

A pesar de llegar con un día nublado, el tiempo se fue despejando y estuvimos recorriendo esta antigua urbe helénica durante un par de horas. Posee un pequeño teatro (con capacidad para unas 15 000 personas), una necrópolis con 1200 lápidas (de las mejores conservadas de Turquía), baños y piscinas. Lo más llamativo es lo bien conservadas que están las puertas de las murallas.

3. Qué ver en Éfeso

Tras un pequeño descanso para almorzar llegaríamos a la última parada de nuestra ruta: Éfeso, fundada en el III siglo d.C y que vivió su apogeo en el s. V. ¡El último lugar Patrimonio de la Humanidad del día! 🙂

Confieso que no me impactó tanto ya que, como bien sabéis, tuve la suerte de visitar Pompeya en dos ocasiones. Aún así tampoco me defraudó. Sumergirse en la Antigüedad nunca es aburrido y aún menos teniendo en cuenta que fue unas las ciudades jónicas más bonitas del Imperio con vistas al Mar Egeo (hoy en día ya no es así). Se respira que Éfeso fue una ciudad portuaria realmente importante, de mucho más nivel: sus avenidas son anchas, los edificios nos muestran una gran riqueza y prosperidad… Destacan las ruinas de la fuente de Trajano, el templo de Adriano, su odeón, su teatro y las ruinas del templo de Artemisa. Sin embargo, la joya de la corona, la impresionante fachada de la Biblioteca de Celso, cuya fachada podemos ver en todo su esplendor al haber sido reconstruido durante los años 70. ¡Alucinante!

Visita de 1 día a Éfeso

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Excursión por Turquía

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Actualizado el 19/10/2018

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