1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…

¡Si mi aterrizaje en Irán fue de lo más rocambolesco, Señoras y Señores, mi llegada a Palermo casi lo supera! Aquí os dejo también mi selección de lugares preferidos de la ciudad.

💡 Quizás te interese más información sobre Italia

1. Mi viaje a Palermo: Diarios de viaje

Tras volar a Madrid y pasar la noche en Barajas (¡así de dura es la vida del viajero low cost! El vuelo de Santiago a Madrid llegaba a las 23, el Madrid a Palermo salía a las 06) ya estaba de subidón y se me olvidaba el cansancio del viaje nada más llegar a Sicilia.

Treinta grados en pleno septiembre. Nada más coger el tren que me conduciría del aeropuerto al centro me sentía entusiasmada con los paisajes que iban pasando a través de mi ventana. ¡Era tal como me lo imaginaba! ¡Cómo en los anuncios de Dolce & Gabanna con un mar azul turquesa impresionante! ¡Estaba ya en Sicilia y aquello prometía!

Me dirigí entonces al hostel que había reservado a través de una conocida página de reservas (ahora ya sabréis porque suelo reservar directamente en las páginas de los albergues…) para las tres primeras noches que pasaría en Palermo. Fue relativamente fácil encontrar la zona ya que tenía mapa de la ciudad pero para mi sorpresa al llegar allí… ¡Nada! No me podía creer que aquel hostel no estuviese señalizado ni nada (sobre todo porque en Internet había encontrado un montón de comentarios positivos). Nadie por la zona parecía saber nada y el sol abrasador me estaba matando pero pensé… ¿para qué cabrearme?

Decidí sentarme en un portal para respirar hondo, agarré el teléfono para cagarme conversar con los del hostel. Me contestaron que no había confirmado mi llegada y que no podían atenderme en ese momento (y yo con la reserva en la mano) así que me dirigiese a otro hostel a 10 min de allí. Con toda la paciencia del mundo lo que quedaba de mi persona llegó hasta allí. Cuando encontré Your Hostel, la chica de la recepción, Sonia, me acogió con los brazos abiertos y es que debí de darle muchísima pena. ¡Imaginadme sin dormir, cargada con todos mis bártulos, dando vueltas con pesado abrigo a 30º grados durante una hora por Palermo! Le conté entonces lo que me había pasado…¡Y alucinó! Ella no conocía al tipo que me había mandado hasta allí, ni su hostel ni nada por lo que ella también acabó pillándose un cabreo descomunal. Decidimos volver a llamar para aclarar la situación. El tipo pretendía en realidad le esperase allí a lo que evidentemente me negué. Le pregunté a Sonia si me podía quedar allí  y no habría vuelta de hoja. ¡Y desde luego fue lo mejor que pude hacer! 

Tras una pequeña y merecida siesta y una ducha, a media tarde por fin relajada, me iría a dar mi primer paseo por Palermo y me encontré con una Sicilia muy diferente a lo que me esperaba. Decidí recorrer la pequeña barriada de Kalsa (dónde me había estado perdiendo por la mañana). Me encontraría con una ciudad de lo más underground. ¿Estaba en Sicilia o en Marruecos? ¿Por qué había tantos “chonis” por todas partes? Muchos edificios parecían haber sido abandonados hacía siglos y se había ido haciendo añadidos… ¡Aquel “país” parecía una locura (y no se parecía en nada a lo que conozco de Italia)! Cuánto más iba despertando, más caminaba, más iba alucinando. Me topé con una pequeña boda en un callejón y decidí entrar en la pequeña Iglesia de Santa María della Pieta. Me quedé pasmada: aquella insignificante iglesia era espectacular por dentro (¡y esto sólo sería un aperitivo de lo que vendría!). 

Al final parecía que la suerte me sonreía. En apenas 10 min estaba ya en el mismo puerto, lleno de antiguas villas (muchas de ellas sorprendentemente a la venta). Fue cayendo la noche y seguí paseando todo lo largo de este importantísimo puerto del Mediterráneo. Me encontré un bar con una playa. Tras un día de lo más movidito, me senté allí frente al mar a tomar una coca-cola con mucho hielo y fue cuando me di cuenta que nada de lo ocurrido aquel día podría hacerle sombra a aquel instante. ¡Había sido duro pero empezaban mis vacaciones en Sicilia!

Al día siguiente, antes de dirigirme a visitar la plataforma petrolífera, decidí madrugar para aprovechar al máximo la mañana. Tenía muchas ganas de investigar qué era aquello que Patricia Schulz llamaba las “Joyas de Palermo” y aún más después de una primera impresión de la ciudad totalmente diferente: ¡me había parecido todo tan underground! A apenas 10 minutos de mi alojamiento llegaba al impresionante Teatro Massimo y, poco a poco, dirigiéndome al centro histórico de la ciudad me encontraría con edificios muy diferentes a los que había visto el primer día. Durante mi recorrido en dirección a uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, Quattro Canti, me iba encontrando con una ciudad llena de contrastes, combinando ostentación y abandono, grandeza y suciedad y, sobre todo, muchísimo caos.

Seguí en dirección a la Catedral de Palermo pero esta vez, a pesar de que su peculiar arquitectura (con cúpulas bizantinas) y una ubicación más destacables, el interior me resultó decepcionante después de lo que había visto. Muy pronto llegaría caminando hasta las antiguas puertas de la ciudad, Porta Nuova, con sus enormes hombretones.

Los días siguientes recorrería gran parte del Mercado Vucciria. Tras cruzar otro barrio sucio y caótico llegaría a la bonita plaza de la Martorana, otra de las intrigantes joyas. Junto a la pequeña Iglesia de San Cataldo (con unas curiosas cúpulas redondeadas), otro golpe de suerte: ¡Otra boda! Entré disimuladamente y mientras el cura leía misa, me quedé boquiabierta con las bóvedas pintadas de oro de esta iglesia. Al salir de allí, y tras un día de nuevo muy completo como podéis leer, me dirigía a un paso de allí a la Fontana Pretoria que también me dejó alucinada. Jamás imaginé que Palermo podría tener un patrimonio tan impresionante que pudiese compararse a la mismísima Roma. Sorprende la espectacularidad y la escenografía de todas ellas. 

Aquella noche, a pesar de la felicidad por descubrir una Palermo totalmente diferente a cualquier cosa que pudiese imaginarme, el calor hacía estragos: mi calzado me había dejado los pies hechos purés. Mientras buscaba “ayuda médica” en el hostel para reventar ampollas al Peregrino Style, conocí a un joven chico inglés llamado Zak que también viajaba solo. Le estuve contando mis primeros días e impresiones de Palermo, nos caímos bien así que decidimos que iríamos juntos a la playa de Mondello y a Monreale al día siguiente. ¿Ventaja de hospedarte en un hostel? Que siempre puedes coincidir con gente maja… 😉

Thuy, otra chica que conocería en el hostel, me acompañaría en mi último día en Palermo. Lo pasé genial con ese encanto de mujer. Volvimos a hacer juntas el centro histórico hasta llegar al Palazzo dei Normanni al que no había podido ir hasta entonces. Tras esta visita, a unos pasos de allí, nos acercamos a San Giovanni degli Eremiti, una iglesia de lo más curiosa ya que sus cúpulas redondeadas nos recuerdan su pasado musulmán. Acabamos el día visitando otro de los grandes reclamos turísticos de Palermo, sin tener demasiado idea de lo que nos íbamos a encontrar: las catacumbas de los Capuchinos. Lo cierto es que ya había estado en las catacumbas de París pero no esperaba encontrar algo como lo que vi en Palermo.

Antes de arrancar a Catania, llegué a la conclusión de que Palermo es, desde luego, una auténtica caja de sorpresas

2. Qué ver en Palermo: Mis 5 Imprescindibles

2.1. Las catacumbas de los Capuchinos

Originalmente fue cementerio de los monjes capuchinos pero en el siglo XVII se empezó a conservar allí cadáveres de “hombres de bien” hasta que se empezó en convertir en una moda en la isla. Creo que definitivamente ni Thuy ni yo nos esperábamos un espectáculo tan macabro cuando decidimos visitar estas catacumbas. Hay unas 8000 momias colocadas la gran mayoría de pie, contra la pared, por categorías (hombres según su profesión, mujeres, niños ¡e incluso mujeres vírgenes!). Increíblemente se encuentran en muy buen estado de conservación (y es que las técnicas fueron mejorando con el paso de los siglos) e incluso sorprende ver lo impecables que siguen sus vestimentas, que aún tengan sus dientes, su pelo, su vello… Lo que sí me doy muchísima pena es la momia mejor conservada del mundo (de los años 20): una niña de 2 añitos, Rosalía Lombardo, que parece simplemente dormida dentro de su ataúd de cristal…

Las fotos están prohibidísimas por respeto a los difuntos y hay cámaras de seguridad y alarmas que saltan a todo volumen cuando algún turista intenta sacar la cámara. ¡Os aseguro que la megafonía pega unos cuántos buenos sustos mientras estás hipnotizado con tremendo espectáculo! Desde luego, no recomiendo esta visita para familias con niños pequeños y aquí os dejo el enlace a su web oficial para que podáis hacer una idea de lo escalofriante que puede ser esta visita.

 

2.2. Quattro Canti

Quattro Canti es una pequeña plaza muy bonita que – tal como indica su nombre – se caracteriza por haber sido un cruce de caminos. Lo que más me llamó la atención fue la Iglesia de San Giuseppe di Teatini que se encuentra escondida en una de las cuatro esquinas. Su exterior no es nada llamativo, incluso me costó encontrar la entrada pero, de repente, nada más dentro, me dejó totalmente anonada. Su estilo barroco va más allá de cualquier cosa que haya jamás visto. ¡Sin duda, una joya! Aquellas estatuas, aquellos mármoles de colores, esos techos que parecían que Dios realmente iba a aparecer allí mismo, tanta teatralidad que no es sorprendente que te veas obligado a creer. ¡Totalmente abrumador! ¡Cómo los Sicilianos no va a ser católicos si hasta yo me lo replantearía viendo todo aquello!

 

2.3. Palacio dei Normandii

Este antiguo palacio, que fue residencia de reyes sicilianos posee, una vez más, al igual que todo Sicilia, una gran mezcla de estilos: por un lado, tenemos la fachada con estilo normando y una Capilla Palatina muy similar a la de Monreale y, por otro, posee otra fachada renacentista y a mayores un amplio claustro nos recuerda que por allí también pasaron los españoles. Aparte tenemos un montón de habitaciones a las que también se pueden acceder y que son hoy en día utilizadas como salas de reuniones ya que el edificio es también la Asamblea Siciliana. Si queréis visitarla de forma virtual, aquí os dejo el enlace. 🙂

 

2.4. Mercado de Vuccinaria y la Martorana

El Mercado de Vuccinaria es uno de esos lugares underground que tanto me fascinaron de Palermo. Ya empezaban a recoger los puestos pero lo poco que vi, me recordó más un mercadillo árabe que otra cosa. Eso sí, las calles de esta zona tienen un ambiente sin igual, con un montón de gente tomando algo en las terrazas. A un paso se encuentra la iglesia de Iglesia de Santa Maria dell’Ammiraglio, también llamada, la Martorana. Se caracteriza por su mezcla de estilos y por sus bonitos frescos con aires bizantinos.

 

2.5. El Palazzo Abatelllis

Esta construcción del XV es hoy en día el museo de arte medieval. Sus obras no me llamaron demasiado pero el edificio sí mereció la pena…

 
3. Excursiones recomendadas a las afueras de Palermo

Aquí podrás leer mi experiencia visitando Monreale en un día desde Palermo.

Excursión a Monreale

Haz clic en la imagen para más información

 

Aquí podrás leyendo mi experiencia visitando Agrigento en un día desde Palermo.

Excursión de un día a Agrigento

Haz clic en la imagen para más información

Este post posee enlaces de afiliados, es decir, que cuanto compres a través de ellos, el precio para ti no se verá incrementado pero yo recibiré una pequeña comisión por parte de la empresa. ¡Este dinero me ayuda a seguir viajando! ¡Muchas gracias!

Actualizado el 15/04/2018

Deja un comentario