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He nacido y me he criado en París hasta los 15 años.
Aquí os cuento mi relación natal y todo lo que os puedo recomendar de mi ciudad natal, jejeje

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1. París, mi ciudad natal

Haciendo memoria me he dado cuenta de que mi primer viaje lo hice cuando sólo tenía tres meses así que como os podéis imaginar no me acuerdo de mucho, jajaja. Aún así quería dedicarle un post a esos primeros viajes entrañables…

Soy hija de emigrantes y estuve hasta los 15 años viviendo en París así que mis primeros viajes eran visitar durante el mes de Agosto a nuestra familia que estaba en España: 15 días en Sepulcro-Hilario (diminuto pueblo con encanto en la provincia de Salamanca) y 15 días en A Coruña. Mientras mi hermana y yo fuimos pequeñas, la familia se podía pagar el “lujo” de ir en avión. Aún guardamos algunos recuerdos de esos primeros vuelos y de esas maravillosas esperas en el aeropuerto, jajaja.

Muy pronto, al tener que pagar por cuatro pasajeros en vez de dos, tuvimos que empezar a viajar en tren ya que el precio para toda la familia era desorbitado. Empezaron entonces los viajes de 24 horas en tren. El primer tramo, durante la noche, lo hacíamos en trenes-litera de París a Irún. Aquellos trenes eran relativamente confortables. Siendo una niña recuerdo lo divertido que era dormir en literas… ¡y aún más si era en un tren! Los compartimentos eran de seis camas por lo que siempre resultaba emocionante ver con quién nos tocaría viajar (eso sí, rezando para que los intrusos no roncaran demasiado). Aún recordamos después de los años a un chico adolescente que se empeñó en dormir en la litera superior y que en medio del bailoteo nocturno cayó. Resultó fascinante ver que a pesar del golpe sólo se quejase en sueños y siguiese durmiendo en el suelo, jeje.

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Llegada la mañana, tocaba cambiar de tren. Recuerdo aún aquellos señores “maleteros”, unos hombres enormes a los que uno le daba una propinilla a cambio de que llevasen las maletas de un andén a otro en sus enormes carretillas. Nada más cruzar la frontera, nos encontrábamos con trenes muy diferentes, muy“retro” (ochenteros) dónde un bullicio de españoles y portugueses (y sus miles de bultos) se peleaban por un asiento. Mis padres cuentan que durante mi primerísimo viaje por falta de enchufes en los trenes españoles, mi padre se jugaba el tipo bajando del tren para buscar un lugar dónde poder calentar mi biberón mientras mi madre – de los nervios – intentaba consolar al bebé (ya que no había paradas en todas las estaciones) y rezaba por que el tren no arrancase sin su marido. Unos años más tarde por fin aparecieron los enchufes y añadieron unos fantásticos vagones-restaurante. Aún así, en otro de los viajes casi volvemos a “perder” a mi padre: había ido a por unos refrescos pero no teníamos ni idea de que el vagón restaurante se desenganchaba en algún pueblo perdido y no continuaba con el tren hasta el final del trayecto… Poco a poco los trenes españoles empezaron a mejorar muchísimo, los viajes empezaron a hacerse más llevaderos: apareció el Talgo. Al cruzar la frontera, el calor era apabullante. Recuerdo quedarme horas hipnotizada ante las enormes planicies secas de Castilla. Nuestro mayor entretenimiento era observar los pájaros sobre los tendidos de cable eléctricos. Era fácil darnos cuenta de que nos aproximábamos a Galicia: el paisaje empezaba a cambiar radicalmente hacia los verdes.

Hoy en día los viajes en tren no han dejado de perder ese romanticismo para mí. La única diferencia es que ahora siempre lo acompaño de música. Sin embargo, esa sensación de tránsito continuo, de viaje a ninguna parte, sigue encantándome y me tiene enganchada…

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2. Mi reencuentro con París en 2008

Mientras planeaba mi viaje a Londres de casualidad encontré unas ofertas del Eurostar, el tren que recorre el Eurotunel,  y finalmente decidimos pasar el fin de semana en París. Recomiendo al 100% la experiencia porque realmente es increíble. El tren es rápido, cómodo y sólo tarda 2h20 (40 min dentro del túnel).

París es, sin lugar a duda, uno de los lugares más especiales de este planeta pero además es parte de mí ya que fue mi hogar durante bastante tiempo. Como ya habéis podido leer más arriba, soy hija de emigrantes españoles en París. Nací y me crié allí. Mi familia y yo nos instalamos en Galicia cuando tenía 15 años. Probablemente no tengo tantos recuerdos glamurosos como la mayoría de la gente que visita la ciudad ya que el día a día en una gran capital siempre resulta más duro. Recuerdo andar por la calle con miedo, desconfiando de todo el mundo, el bullicioso tráfico… un entorno abrumador cuando eres niño. Mis primeros años los pasé en el 8eme arrondissement, en uno de los barrios más pijos de París. Recuerdo mis primeros años muy felices ya que me pasaba la vida en el Parque Monceau. 🙂

Mi familia luego se mudó durante dos años al 14eme arrondissement, cerquita de la famosa torre Montparnasse. Finalmente, durante los 4 últimos años vivimos en el 13eme arrondissement, cerca al barrio chino, de la gare d’AusterlitzParís, para mí, no sólo es romanticismo y glamour sino también un crisol de culturas (aún recuerdo ir al colegio con niños de todos los colores, razas y religiones), de gente trabajadora que como en toda gran ciudad pelea día a día por sobrevivir, buscando de una vida mejor, triunfar quizás…

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El viaje que realicé en el 2008 resultó muy emotivo para mí porque no había vuelto hasta entonces al lugar en el que me había criado. Sentía una enorme curiosidad por lo que sentiría al encontrarme de nuevo con mi pasado.

Aparte de volver a visitar todos los lugares de mi infancia, me convertí en una turista más y entonces, sí, yo también me enamoré de París. Porque se trata de una ciudad con una luz sin igual. Porque pasear a lo largo del Sena e incluso pasear en sus bateaux-mouche es mágico (y aún más de noche). Porque la grandeza de la Place de l’Étoile, el lujo de los Campos Eliseos, de la Place Vendôme con el Ritz y la Place de la Concorde son deslumbrantes. Porque las vistas de toda la ciudad desde Sacré-Coeur, en Montmartre, son maravillosamente románticas. Porque si te estuvieses 1 segundo delante de cada una de las obras del museo del Louvre estarías allí 3 meses. Porque estar en París sin haber estado en Trocadero y haber visto la Torre Eiffel no tiene sentido. Es parte de su encanto, del cuento de hadas que pareces vivir cuando estás en esta ciudad.

Sí, probablemente viví en una de las lugares más bellos del mundo aunque en su momento no fuera consciente de ello. Sin embargo, es obvio que los sentimientos que experimentas como turista y la rutina diaria al vivir en una capital de esta envergadura (unos 11 millones de habitantes) no tienen nada que ver…

 

3. Qué ver en París: Mis 10 Imprescindibles

3.1. El barrio de Montmartre y Sacré Coeur

A pesar de que la película “Amélie” ha hecho mucho daño, sí, hay que reconocerlo, en ella sale uno de los lugares más bonito de París: el barrio de Montmartre. ¡No os asustéis nada más salir del metro porque os encontraréis un montón de tiendas de mala muerte! Si os adentráis en dirección a Sacré Coeur, ya entraréis en un mundo diferente (muy turístico, eso sí) con ese encanto tan francés que a todos nos encandila. En mi opinión, la Basílica de Sacré Coeur se parece a un mini Taj Mahal y, aunque no entréis y subáis hasta su cima, desde las escaleras de la entrada tendréis una de las vistas más impresionante de la Ciudad de la Luz.

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3.2. El Jardín des Plantes y el Sena

Aparte de tenerle cariño a este parque porque iba allí muchas veces de pequeña, ya de adulta, reconozco que el Jardin de Plantes, antiguo jardín real de plantas medicinales creado por Louis XIII en 1635, es realmente un lugar precioso (sobre todo si vais en primavera). Además del jardín botánico, también podéis visitar los invernaderos, el museo de Historia Natural y el zoo (Ménagerie). Desde allí serán unos 30 minutos de paseo. Merecerá mucho la pena, sobre todo si lo hacéis al atardecer y podéis ver desde la Rive Gauche (Margen izquierdo del Sena) cómo los edificios más bonitos de París se van iluminando hasta llegar a la Isla de la Cité dónde se encuentra la joya de la corona, Notre Dame.

Paseo en barco por el Sena

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3.3. La Torre Eiffel y/o la Torre Montparnasse

El mismo dilema que si visitáis Nueva York: ¿Rockefeller o Empire State? ¡He aquí la cuestión! Subir a la Torre Eiffel es un clásico y desde allí ver además la enorme explanada del Campo de Marte y la Escuela Militar al fondo es impresionante pero ¿qué tal si tenéis panorámicas de la ciudad con la Torre Eiffel incluida? Treinta segundos es lo que tardaréis en subir a la azotea de uno de los rascacielos con las mejores vistas de París (más económico y más rápido), la Torre Montparnasse.

 

Entrada para la Torre Eiffel

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3.4. El Museo del Louvre, el Museo de Orsay y el Centro Georges Pompidou

Amantes del Arte: París es otra de vuestras paradas obligatorias. ¡35 000 obras en exposición en el Museo del Louvre! El Museo de Orsay, más centrado en el Impresionismo, tampoco se queda corto con sus 4000 obras…El Centro Georges Pompidou, aparte de su peculiar edificio, os sorprenderá con sus 76 000 obras que van del arte moderno al contemporáneo. ¡Está claro que tendréis que ser selectivos porque todo no lo podréis ver de una vez!

Museo del Louvre

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3.5. Los Campos Elíseos y el Arco de Triunfo

Es un paseo que recomiendo porque, a pesar de que no tengáis ni un céntimo en el bolsillo, es todo una experiencia y siempre hay un ambiente sin igual. Al final, eso encontraréis otro emblema de la ciudad de París, construido por orden de Napoleón, el Arco de Triunfo (también se puede visitar su interior para ver más que nada cómo todas las grandes avenidas se unen en la Place de l’Étoile, punto neurálgico de la ciudad).

 

3.6. El barrio latino, el Panteón, la Sorbona y el parque de Luxembourg 

Otra visita imprescindible, sobre todo para todos aquellos que buscáis el encanto parisino de las pelis, con sus pequeñas tiendas, bistrots y callejuelas adoquinadas.

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3.7. L’île de la Cité, la Conciergerie y la Sainte-Chapelle

La islita que se encuentra en el corazón de París, en medio del río Sena, dónde se encuentra Notre Dame es uno de los barrios más antiguo junto a Le Marais. Si queréis descubrir el París más medieval, no dudéis en visitar la Conciergerie (la primera residencia real construida en el s. X) y la Sainte-Chapelle (capilla real de estilo gótico con increíbles vidrieras).

 

3.8. La Ópera de París – Palacio Garnier

Aunque realicé esta visita de muy joven con la escuela, guardo un maravilloso recuerdo de la Ópera de París. El lugar realmente es impresionante y además está lleno de anécdotas y leyendas (aparte de la del Fantasma de la Ópera).

 

3.9. El palacio de Versalles

El palacio que marcaría un antes y un después dentro de las residencias reales y que serviría de modelo para muchas otras mansiones. Desde luego, no deja a nadie indiferente tanto por sus suntuosos interiores como por sus inmensos jardines.

Entrada al Palacio de Versalles

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3.10. Rue Mouffetard o Marché aux Puces o Cementerio Père La Chaise

En este último punto os presento 3 propuestas muy diferentes, para todos los gustos.

– La Rue Mouffetard: Se trata de una calle con uno de los mercados al aire libre más auténticos de los que conozco en el animado Veme arrondissement.

– El Mercado de la Pugas: Para los más coleccionistas (¡ojo con las multitudes y los carteristas), el Mercado de las Pulgas (Marché aux puces) es uno de los mayores mercados de segunda mano de la ciudad (sobre todo interesante si deseáis encontrar alguna antigualla).

– El Cementerio Père La Chaise: Para los más frikis, el Cementerio Père La Chaise, uno de los cementerios más ¿bonitos? y famosos del mundo (o eso dicen, yo aún no he tenido ocasión de visitarlo). Allí encontraré Rousseau, Balzac, Molière, Oscar Wilde, Edith Piaf, Maria Callas y Jim Morrisson entre muchos otros.

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Actualizado el 07/11/2018

4 Respuestas

    • skandal00

      Muchas gracias! Me alegro que te guste ^.^
      La verdad es que no ha sido fácil hacer una selección del que fue mi “pueblo” durante unos cuantos años. 🙂

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