Mi viaje y recomendaciones para viajar solo a Bangkok

Sandra Candal

No sé si fue que Myanmar me tenía muy enamorada o que yo ya empezaba a estar cansada de Asia pero lo cierto es que nada más llegar a Bangkok, noté que aquel no era mi sitio.

En el país de la eterna sonrisa, sólo me encontré con gestos falsos nada más llegar. Quizás mis expectativas con Tailandia fueran demasiadas altas…

Sitios que ver en Tailandia
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Consejos para viajar solo a Tailandia
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Qué ver en Bangkok: Mis 5 Imprescindibles



El Gran Palacio y el Templo Wat Po

Este complejo de 218 000 metros cuadrados agrupa numerosos palacios construidos entre el siglo XVIII y XIX.

Tanto la arquitectura como la pintura son realmente impresionantes si no fuera porque hay que andar a codazos para poder sacar una foto de lo masificado que está. 

Pagar el precio de la elevada entrada (unos 10 euros, mucho dinero en Asia), sólo te daba derecho a un triste mapa del lugar en tailandés. Ni indicaciones ni nada.

Para tener algo de información sobre el templo, tendréis que pagar 100 bahts más para una audioguía.

Allí también se puede visitar el Templo del Buda de Esmeralda con una estatua como reza la descripción.

? Nota: Por respeto, en estos templos es necesario descalzarse al entrar y llevar las piernas tapadas por lo que si lleváis algo corto, os obligarán a alquilar o comprar algo con qué taparos).

Frente al Gran Palacio se encuentra el templo de Wat Po con su enorme Buda de 15 metro, el Buda Reclinado

En su recinto se encuentra un centro para la enseñanza y conservación de la medicina tailandesa tradicional.

Allí dentro, se puede coger cita para un masaje (aprovechad que estáis dentro. Si salís os volverán a pedir pagar la entrada al templo).

Cazadores de tesoros en Malaca, Malasia

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El Templo del Amanecer (Wat Arun)

Este templo budista se encuentra del otro lado del río, frente al Gran Palacio.

Llama la atención su torre central que tienen muchísimos escalones y los delicados dibujos de sus azulejos de influencia china.

Fue construido en el siglo XVIII.

El barrio chino de Bangkok (Chinatown)

En este barrio se huele de una forma mucho más marcada la cultura china que en cualquier otro Chinatown que haya visitado en otras capitales.

Esta zona de Bangkok tiene un tráfico aún más caótico, el bullicioso de sus calles, los cientos de puestos callejeros con alimentos extraños…

Es definitivamente un lugar exótico.

No te pierdas el mercado de Sampeng durante el día y el ambiente de la calle Yaowarad Road de noche dónde se encuentran la gran mayoría de los hostels y mochileros.

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El parque Lumpini

Me encontré con este remanso de paz de casualidad y me gustó sobre todo porque ofrece una cara mucho más amable de la ciudad.

En este parque público me encontré con un espacio coqueto en el que los locales van a relajarse tanto practicando thai chi como zumba.

El pulmón verde de Bangkok nos ofrece la posibilidad de observar esta ciudad caótica desde una pequeña burbuja.

Los mercados de Bangkok

Patricia Schultz nos habla en su lista de Sitios que ver en Tailandia de los mercados de Chatuchak y Pak Khlong Talat (un mercado de flores), sin embargo, no menciona ninguno de los mercados flotantes mucho más típicos de Bangkok.

Los más famosos son el de Damnoen Saduak, Amphawa, Talin Chan, Khlong Lat Mayom y Bang Nam Pheung.

Yo fui por mi cuenta a este tercero tomando el metro que era el más próximo a Bangkok y mucho menos turístico que el primero.

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Excursiones a las afueras de Bangkok



No dejes de dedicarle un día de excursión a la antigua capital de Siam, Ayutthaya.

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Dónde alojarse en Bangkok



Durante mis días en Bangkok me alojé en Cubic Bangkok y definitivamente lo recomiendo para todos aquellos que viajéis con un presupuesto ajustado.

Las instalaciones están nuevísimas, los dormitorios son muy confortables, amplios y su dueña Guitar es un amor.

Además poseen una buena conexión a Internet, una agradable cafetería y se puede hacer uso de su cocina e incluso comer fuera en un pequeño patio trasero que da a un pequeño canal.

Mi viaje a Bangkok: Diarios de viaje



Empezaría mi primer día por la ciudad de Bangkok con algunos de sus mayores reclamos turísticos. La primera visita fue el Gran Palacio.

Sí, las recomendaciones de la Lonely Planet eran acertadas, había que ir temprano. Así que intenté ir a primera hora de la mañana… ¡al igual que miles de chinos!

Nunca estuve en China pero os aseguro que tenía la sensación de que allí se encontraba medio país. 

A unos pasos de allí se encuentra el templo del Buda Reclinado, Wat Pho.

Tras un rápido almuerzo en un puesto callejero, me dirigía a ver este enorme Buda de 15 metros.

En este caso, una vez más, quizás debido a lo que ya había visto en Myanmar, no me vi tan impactada ante semejante estatua como quizás cabría de esperar. 

Aproveché entonces para visitar la otra orilla del río y ver de más cerca el Templo del Amanecer que se encuentra prácticamente enfrente al templo del Buda Reclinado.

Afortunadamente no estaba tan lleno de turistas pero estaba en plenas obras de restauración así que muchas partes estaban recubiertas de andamiaje.

La visita de Wat Arun aún así mereció la pena: los altos escalones de sus pagodas y la delicadeza de sus adornos me gustaron un montón.

Tras una mañana-tarde de lo más completa decidí tomarme un respiro cogiendo un pequeño crucero sobre el río Chao Phraya. Salen de forma continuada un sinfín de barcos de un lado a otro con diferentes precios en función del número de paradas, de lo rápidos que son… ¡y de si tienes pinta de turista o no! Contrariamente a lo que me esperaba, el paseo no fue tan agradable. El agua estaba bastante sucia y lo cierto es que el skyline de Bangkok me pareció bastante horroroso. Sin duda, el urbanismo no es el fuerte de los tailandeses.

Tras este deprimente paseo, decidí seguir a pie mi recorrido por las bulliciosas calles de Bangkok para visitar otro de sus reclamos turísticas: el templo hinduista de Sri Mariam Man. Fue otra decepción del día: un pequeño templo hinduista sin nada de muy espectacular después de lo visto en Malasia. De camino ya para casa, al caer el atardecer decidí cruzar – un poco por casualidad – el parque de Lumpini. ¡Por fin un pequeño remanso de paz en esta capital loca! Allí estábamos mucho buscando un poco de tranquilidad: algunos paseando en barca por el lago, otros practicando taichí o corriendo, otros muchos más bailando con ritmo de zumba con rostros impasibles…

De repente, sonó el himno y todos se quedaron petrificados. Al cabo de un par de minutos, todos aquellos robots siguieron con sus rutinas.

¿Me había vuelto inmune a la belleza por culpa de lo viajado anteriormente? ¿Quién me iba a decir que una chica tan urbanita como yo se sentiría como un pulpo en un garaje en la capital tailandesa?

Había oído hablar de la «increíble» vida nocturna de Bangkok a través de mucha gente, de muchos blogs y revistas de viaje. Sin embargo, ir a emborracharme con un montón de mochileros en Khaosan Road no me atraía demasiado por varios motivos: primero, porque no bebo y segundo, porque mi idea era conocer a gente tailandesa, jeje. Ir sola a Soi Cowboy, la calle roja de Bangkok, para ver prostitución tampoco me parecía un plan demasiado atractivo… ¿Qué podía hacer un sábado por la noche en Bangkok? ¡Pues ir a una quedada Couchsurfing!

¿Sabes lo que es Couchsurfing? Para saber más sobre cómo ahorrar en alojamiento consulta la sección Consejos para viajar.

Al ser una ciudad enorme, me costó tener que hacer una selección entre miles de planes que había para aquella noche. Finalmente llamó mi atención el evento de una chica, dueña de un hostel y chef que se ofrecía a enseñarnos cocina tailandesa. Era posible acercarse por la tarde para ayudarla con la compra y la cocina o simplemente acercarse a cenar. Todo aquel que confirmarse asistencia tenía que comprometerse a pagar unos euros de comida. ¡Me pareció una idea genial!
Aquellos días en Bangkok, me estaba alojando en el fantástico hostel Cubik Bangkok. Allí compartía cuarto con dos chicas chinas. Les conté mis planes y decidieron unirse a mí, jejeje. Nos costó encontrar el lugar pero, sorprendentemente allí estábamos ni más ni menos que unas 20 personas de diferentes partes del mundo hablando de viajes y disfrutando de riquísima comida tailandesa. Me decepcionó no poder conocer a más gente autóctona pero gracias a nuestra anfitriona fue definitivamente una velada muy divertida y diferente. 🙂

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