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Bien es cierto que, desde el mismo Oporto, se pueden visitar prestigiosas bodegas, hacer mini cruceros por el río Duero (Douro) para ver sus 6 puentes (incluso con cena incluida durante el recorrido nocturno en modo romántico), si quieres ver sus viñedos tendrás que irte un poco más lejos. Hoy te cuento mi experiencia realizando una excursión de un día por la región de Régua y Pinhao, una zona protegida por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad.

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1. Algunos conceptos básicos sobre los vinos de Oporto

Son unos de los productos gastronómicos más conocidos de Portugal. Su uva se cultiva en el Alto Duero, en terrenos áridos que dan lugar a que las viñas sufran un estrés hídrico que hace que sus uvas tengan un sabor mucho más condensado. A partir del s. XVII se empezó a transportar las cosechas por el río hacia Oporto para luego fabricar y exportar el vino desde allí (sobre todo al Reino Unido). La cosecha se sigue realizando a mano debido a la inclinación de la mayoría de los viñedos. Existen varias categorías de vinos con diferentes grados de azúcar (muy dulce, dulce, semi seco, o extra seco):

  • El tinto (con el ruby (envejecido 8-10 años) y el tawny (envejecido 2-3 años))
  • El blanco
  • El rosado
  • Los especiales (con las categorías Reserva (7 años de maduración en madera) o Vintage (la mejor designación))

2. Amarante

La excursión arranca bastante temprano para poder disponer de bastante tiempo para pararse donde queramos. Si contratas una excursión crucero de un día por Régua (la más barata y popular) es probable que vayáis más apurados pero, en mi caso, al comprar la que incluía el menú degustación en la bodega (un tour algo más caro), éramos mucho menos por lo que viajamos en un mini bus de 9 personas, por lo que el ambiente resultó muchísimo más familiar de lo que cabría esperar.

El tiempo acompañó y realizamos nuestra primera parada en el encantador pueblo de Amarante. Nunca había oído hablar de él y lo cierto es que, tras conocer su historia, me pareció un lugar fantástico dónde comenzar esta ruta.

Amarante apenas tiene 50 000 habitantes, pero dos grandes historias detrás de él. La primera es que San Gonzalo, un beato del s. XII, se instaló en este pequeño pueblo tras sus peregrinaciones a Roma y a Israel. El puente lleva el nombre del santo y es el protagonista de la segunda historia.  Se cree que, originalmente, era una antigua calzada romana que unía Braga a Guimarães y, durante las guerras napoleónicas, tuvo una importancia crucial en el destino de Portugal. Las tropas del general portugués Silveira fueron capaces de retener la invasión francesa a orillas del río Támega mientras sus compañeros que se encontraban en España buscaban el respaldo de los ingleses que debían llegar en barco a Oporto. Su heroica resistencia permitió que los portugueses no fuera finalmente vencidos y, por ello, el Puente es Monumento Nacional desde 1910.

Junto a él nos encontramos además la Iglesia de San Gonzalo, del s. XVI, de estilo renacentista (aunque su frontón y su interior son barrocos). Bien merece la pena adentrarse en ella, aunque sea unos minutos, para visitar la pequeñísima y decoradísima capilla del Santo. Algo muy llamativo es que delante del monasterio, nos encontraremos puestos en los que se venden bolos o quilhões de São Gonçalo (también llamados «carajitos»). Estas dulces representaciones fálicas (hechas de azúcar y harina) son tradicionales. Cuentan que te permite encontrar un novio en menos de un año y que, en el caso de regalárselo a un hombre, sana la impotencia.

Si sois amantes de lo dulce, pero preferís algo más «normal», al cruzar el puente, otra de las paradas obligatorias en Amarante, es la Confeitería da Ponte, una de las pastelerías más antiguas del pueblo. Muchos de estos dulces son tradicionales y se elaboran en base a las recetas de las monjas de San Clara. ¡Ya engordaréis nada más mirar para ellos!

💡Si quieres saber más sobre la elaboración de dulces portugueses, te recomiendo el artículo de mi compañero Alvientoo.

2. Visita a la Quinta da Abessada (Favaios)

Nuestra siguiente parada sería muy breve pero muy interesante. Antes, de ir a la Quinta da Abessada a comer, ¡Iríamos a comprar por pan! En la encantadora parroquia de Favaios aún existen varias panaderías con hornos de leña en el que se prepara pan artesanal 100% natural y con un sabor muy especial por su cocción con madera de pino. Tras un pequeño aperitivo de pan con mantequilla, tocaba empezar a hablar de vinos.

Lo primero que hicimos nada más llegar a la Enoteca Quinta da Abessada fue disfrutar de su hermoso jardín con vistas a los viñedos de Favaios con una pequeña copa de moscatel acompañado por mermeladas y quesos de la región.

A continuación, visitaríamos su almacén centenario con unas curiosas cubas tradicionales en las que se aplasta el vino. Aún se conserva la tradición de pisar la uva, pero a diferencia de otros lugares del mundo dónde los toneles son de madera para el vino de Oporto, se tratan de enormes cubas de hormigón en el que los hombres van caminando para adelante y para atrás. Así nos lo mostraron con unos maniquíes muy retro.

Tras aclararnos varias dudas sobre el proceso de fabricación, llegaría un exquisito menú que nos iría disfrutar del trabajo de esta bodega tradicional. El vino blanco acompañó evidentemente los buñuelos de bacalao, pero también aligeró varios tipos de salchichas tradicionales y bastante grasientas típicas de la zona. El vino tinto se bebió y sirvió para cocinar un guiso de ternera hecho a fuego lento servido con patatas cocidas y repollo. Finalmente, una amplia mesa de buffet se desplegó para nosotros para los postres, pero yo me quedo sin lugar a duda con las peras al vino de oporto que estaba deliciosas.

Una visita muy entretenida con unos maridajes muy interesantes que nos acerca además un poco más a la cultura regional.

3. El Mirador Casal de Loivos

El tramo de Favaios a Pinhao es impresionante. Podemos empezar a ver los empinados viñedos de la región do Douro en todo su esplendor. Antes de nuestra siguiente actividad, pararíamos un momento por el Mirador de Casal de Loivos a tomar unas instantáneas.

💡 Te recomiendo que le eches un vistazo al blog Mas Rutas y Menos Rutinas para descubrir un montón de otros miradores de la zona.

 

4. Crucero por el Duero desde Pinhão

Tras un buen almuerzo, tocaría seguir disfrutando de los paisajes, pero ya desde el agua. En Pinhão salen barcos “Rabelos” (tradicionales de madera) y se puede navegar durante 1 o 2 horas hasta la desembocadura del Río Tua. Un paseo de lo más agradable dónde se puede realmente apreciar la envergadura de esta región con condiciones únicas en el mundo (es de la Patrimonio de la Humanidad desde 2001) y su importancia a la hora del desarrollo económico de la ciudad de Oporto y del país.

Antes de dejar Pinhão, merece la pena también realizar una breve parada en su antigua estación de ferrocarril recubierta de azulejos del s. XIX.

5. Visita a la Quinta da Roeda (Pinhao)

La última parada del día se realiza en la Quinta da Roeda que pertenece a una de las más antiguas y famosas casas de vinos de Oporto, Croft. Aquí también podremos ver edificaciones y antiguos establos tradicionales que han sido restaurados para el disfrute de los visitantes. Además de vinos, también se produce en la actualidad aceite de oliva en la finca. La visita arranca en la propiedad que tienen unos característicos suelos sueltos, con bastante caliza, y luego se realiza una cata de tres deliciosas variedades de Oporto.

 

6. Recorrido por la nacional 222 de Pinhao a Regua

Se puede decir que esta excursión de un día es de lo más completa y es que, ¡Hasta el regreso a Oporto resulta fascinante! A la vuelta, se toma la carretera nacional 222 que ha sido nombrada como una de las más bellas de Portugal y del mundo (dicen que este tramo de 27 km es una de las mejores carreteras para conducir por sus curvas y los paisajes que la rodean). Recorre el lado izquierdo del Duero y podemos ver los barcos pasar desde las alturas rodeados por las viñedos y pequeños pueblos esparcidos.

Desde luego, es un tour que recomiendo si te interesa conocer más a fondo toda la cultura vinícola del Duero. Personalmente, las visitas en las bodegas me parecieron mucho más completas que las que te pueden ofrecer en la ciudad de Oporto

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