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Camino portugués por la Costa
Molinos de Apúlia

El Camino de Santiago en pandemia: Mi experiencia

Sensaciones al realizar el Camino Portugués el verano pasado

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El verano pasado, después de los meses de confinamiento, a pesar de ser una persona bastante urbanita y hogareña (a ratos), el cuerpo me pedía urgentemente estar al aire libre, naturaleza. Creo que nos pasó un poco a todos, ¿verdad?

Sin embargo, lo que está claro es que la pandemia con la que llevaba conviviendo ya 15 meses nos ha cambiado la forma de vivir y de viajar… Hoy os hablo de aquella experiencia y las ganas que sigo teniendo de repetir la experiencia… ¡cuando se acabe esta pesadilla!

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Camino portugués por la Costa
Salida de Oporto

1. El Camino Portugués

Por si no lo sabes, no hay un sólo camino de Santiago, sino muchas rutas.

El verano pasado, por si muchos no lo recordáis, en Portugal estaba permitido ya estar sin mascarilla al aire libre, manteniendo la distancia de seguridad.

Para mi primera vez haciendo el Camino de Santiago, me decanté por el Camino Portugués de la Costa por varios motivos:

  • Es una de las rutas más fáciles del Camino de Santiago y, desde el punto de vista de paisajes, me parecía fascinante poner caminar todo lo largo del mar. Además, es un camino muy para «Dummies«: vas caminando casi todo el rato por unas pasarelas de madera con el Atlántico a tu izquierda y a la derecha, te vas encontrando un montón de pueblos y ciudades costeras. ¡No hay pérdida!
  • El Camino Portugués además está muchísimo menos transitado que el famoso Camino Francés.
  • No me apetecía machacarme demasiado para mi primera vez (además, tenía que teletrabajar), así que me planteé sólo realizar las etapas que van de Oporto a la frontera de Galicia (leí que el tramo desde el Sur de Galicia hasta Santiago ya no es tan bonito, discurre por carreteras… ¡y me vería obligada a hacerlo con mascarilla, aunque fuese al aire libre!)
  • Adoro Portugal (sigue siendo a día de hoy uno de mis destinos preferidos. Nunca me canso de nuestro país vecino).

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2. Diarios del Camino Portugués por la costa a mi manera

Día 0: Viaje de A Coruña a Oporto en bus y dormí en Oporto.

Día 1: Etapa 1. Oporto-Labruge.

Fui a por mi Compostelana hasta la Catedral de Oporto y aquel primer día hice 25,5 km hasta Labruge. Primer tramo muy fácil (aunque más largo de lo que indican las guías). Sólo tienes que seguir las plataformas de madera que van junto al mar todo el tiempo. El primer día, no daba crédito por haber caminado tanto. Lo llevé bastante bien.

Día 2: Etapa 2. Labruge hasta Póvoa de Varzim.

Aquí, una vez más, hago más kilómetros (medidos con el GPS de mi móvil) que el que se indica en las guías. Además empiezo a pillarme mi primer cabreo al pasar por el precioso pueblo de Vila do Conde. Me parece un lugar precioso, me apetece quedarme a visitarlo e incluso a dormir, pero se supone que hay que pernoctar en Póvoa de Varzim (a 4 km) y ya reservé allí…

Día 3: Etapa 3. Póvoa de Varzim-Esposende.

Vuelvo a caminar de nuevo más de lo previsto (unos 23 km ese día) y me enamoro muchísimo de este tramo de playas mucho más salvajes. Apenas me encuentro a gente por el camino. Estoy cumpliendo con el «planning oficial » de las etapas, pero no me siento a gusto con el ritmo del viaje porque tengo la sensación de que el día sólo es para caminar y yo quiero disfrutar más de la experiencia… A la noche cuando llego a la preciosa Esposende, mis piernas ya están demasiado cansadas para visitarla. Como he reservado noche en Viana (final de la 4º etapa), sigo caminando medio cabreada echando la vista atrás.

Día 4: 1/2 Etapa 4. Marinhas-Viana do Castelo.

Ese día las temperaturas se disparan en Portugal. A diferencia de los días anteriores con unos agradables 20 grados, alcanzamos los 30. Las flechas quieren llevarme por la carretera así que decido hacer caso omiso a todo y mi mochila y yo nos pasamos toda la mañana recorriendo el Parque Natural del Litoral Norte (me pierdo varias veces, acabo en la huerta de una señora junto al mar). Dan las 14 de la tarde, es domingo, hace un calor infernal y llego a San Paio, cerca del Castelo de Neiva. Al ver que hice ya 16 km y faltan 12 más para llegar a Viana, decido esperar el bus, que nunca pasa porque es domingo. De las desesperación, acabo haciendo autoestop para llegar a Viana.

Días 4 y 5: Descanso de 2 días

Decido parar dos días por Viana do Castelo. No quiero que me pase con Vila con Conde y Esposende. Me apetece conocer mejor esta preciosa ciudad y subir a su mirador. Aprovecho para trabajar un poco y a que bajen las temperaturas para seguir caminando.

Día 6: 1/2 Etapa 5. Praia de Âncora-Caminha.

Sigue haciendo muchísimo calor, así que decido hacer “trampa”. Tomo un tren de Viana hasta Praia de Âncora y hago el tramo que, para mí, es de los más preciosos hasta el pueblecito de Caminha. Al «sólo» andar 17 km ese día, me siento ligera y me paso toda la tarde visitando este municipio pesquero lleno de encanto y celebrarlo con un buen bacalhau.

Día 7: 7 km de la etapa 6.

¡Paso definitivamente de las guías oficiales del Camino de Santiago! Como hago el Camino a mi manera, y sin prisa, decido no tomar el ferry tal y como lo hacen los peregrinos. Prefiero pagar 5 euro (frente a 1,4) y dejarle el dinero a un barquero portugués que me traslade como una reina al otro lado del río Miño. ¡Ya estoy en Galicia! Al despedirse, me hace mucha gracia porque se empeña en regalarme un bastón de peregrino, cuando yo ya hace mucho que ya no me considero una. El tramo desde esa orilla del Miño hasta A Guardia, me emociona muchísimo. Camino junto a pastores y cabras a lo largo de unos preciosos acantilados ¡Qué bonita es esa parte que desconocía de Galicia! ¡Flechazo total con A Guarda y me alegro ese día poder disfrutar un poco de la playa! Por la tarde, decido caminar hasta el legendario Castro de Santa Tegra. Viene mencionado en las guías de los peregrinos, pero obviamente, no se recomienda subir a él ya que supone desviarse bastante y subir unas empinadas cuestas… Me alegra no ser peregrina y tener tiempo para disfrutar de las increíbles vistas a la ría y al río Miño separando España y Portugal…

Día 8: Baiona y vuelta para casa

Caminar por Galicia, aunque sea al aire libre, tiene que ser con mascarilla, así que antes de regresar a casa, decido tomar un bus hasta Baiona y visitar esta otra pequeña localidad gallega (por la que se pasa y no se para en el Camino Portugués). Aprovecho para visitar su fortaleza, su casco antiguo y disfrutar de sus playas. Paso la noche allí y al día siguiente, regreso en bus de A Guardia hasta Vigo y desde Vigo tomo un tren de regreso a casa.

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3. Pros y contras de hacer el Camino de Santiago en pandemia: lo que me gustó de esta experiencia y lo que no me gustó tanto

Puntos a favor de hacer el camino en tiempos de COVID-19

  • Conseguí definitivamente lo que buscaba que era desconectar de todo disfrutando de Portugal de otra forma.
  • Me sorprendí a mí misma al descubrir que, a pesar de no haber entrenado, sí que era capaz de caminar entre 20 y 25 km diarios con una mochila de 12 kilos. Realmente, me encanta andar y cuando viajo… ¡es como hacer un Camino de Santiago continuo!

 

Puntos en contra para hacer el camino en tiempos de COVID-19

  • El verano pasado muchos albergues permanecieron cerrados y, personalmente, aunque estén abiertos ya y se hayan limitado los aforos, no creo que sea conveniente por los tiempos que corren compartir habitaciones. ¿Esto qué implica? Que el Camino de Santiago deja de dormir low-cost. Aunque Portugal es relativamente económico, las habitaciones individuales que fui reservando me costaron unos 30 euros por noche de media. Si lo multiplicáis por una semana…
  • Tal y como comentaba antes, el COVID-19 ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y, por desgracia, me perdí lo más bonito del Camino que es poder vivir y compartir el viaje con otros peregrinos. Un año más tarde, ahora sabiendo lo que sabemos, sí que a lo mejor me hubiese acercado más a otros viajeros, pero, tal y como estaban las cosas… Cuando aumentan los contagios, no es momento de socializar. ¡Seamos responsables!

 

4. Reflexión ¿El Camino de Santiago está hecho para todos?

Tras mi experiencia personal de una semana, es una pregunta que me he hecho varias veces desde que regresé. Desde luego, os diré que no descarto repetir la experiencia, pero también entiendo que para cada uno de nosotros, el Camino representa algo diferente. Depende de muchos factores:

  • El Camino de Santiago, al ser todo un reto tanto físico como mental, te marcará muchísimo en función del momento vital que estés atravesando. En mi caso, los primeros días, el orgullo pudo más que todo lo demás y quería saber si podía caminar las etapas enteras tal y como se indica en todas las guías de buen peregrino. ¡Una vez que vi que sí lo podía hacer, perdió toda la gracia para mí, jajajaja!
  • No me gustó tener que sólo pensar en caminar con el tiempo en los talones (¡y eso que no tenía que llegar a un horario concreto al no dormir en albergues de peregrinos!). Tampoco me gustó que, después de tanto caminar, no me quedasen fuerzas para detenerme en los lugares preciosos, que simplemente tuviese que pasar por allí (Espero poder volver a muchos de ellos con más calma…). Con el paso de los años, me gusta viajar cada vez más lento. Los pocos peregrinos con los que me fui cruzando aquellos días me recordaron mucho al conejo del Alicia en el país de las maravillas. En varias ocasiones me di cuenta de que yo era la única que me paraba a saborear la gastronomía portuguesa en sus restaurantes (la mayoría de la gente tira de bocata de súper para no perder tiempo), apenas se fijan en los que les rodea (todos pasando de largo mientras yo me quedaba alucinada con estos Molinos de Apúlia) y no vi a nadie más pegarse un chapuzón en las playas de aguas cristalinas de A Guardia.

Conclusión: ¡Ya sé! Ni a todos nos gusta lo mismo, ni tenemos la misma forma de viajar, ni tampoco disponemos del mismo tiempo, pero tras llevar ahora 25 años viviendo en Galicia, te animo de corazón a visitar este pequeño paraíso, pero, mi recomendación, es que si lo haces, hazlo con mimo y mucho tiempo.

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