Ganas de nieve en Suiza

Tras mi primera incursión a los países escandinavos, me entraron más ganas de frío y nieve. Encontré una maravillosa oferta a Suiza pero esta vez viajaría acompañada de mi amiga Eva. 😀

Como se apuntó a última hora, no logramos encontrar billetes de avión para volar juntas así que lo hicimos en paralelo: ella con AirBerlin (con escala en Mallorca) y yo con Iberia (con escala en Madrid) pero no pasaba nada… ¡Nos veríamos en el aeropuerto de Zúrich!

Como los precios en Suiza también resultaban desorbitados y, ya había iniciado a Eva en mis historias de Couchsurfing, decidimos decantarnos por esa opción.

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Parque Belvoir con vistas al río Limat

Calurosa acogida en Zúrich

Nuestros primeros anfitriones fueron la encantadora pareja formada por Gabriele (italiano) y Ana (sueca), que se habían instalado en Zúrich tras conocerse viajando. Un enorme mural con un mapamundi decoraba una de las paredes de su salón con los viajes hechos y por hacer. Llegamos tarde a su casa así que, enseguida, nos metimos en cama intentando no molestarles demasiado. Además, a la mañana siguiente íbamos a madrugar… ¡Hasta que el despertador decidió no sonar, jajajaja! Cuando Eva y yo nos levantamos sobresaltadas de tanto dormir, nos encontramos a Gabriele partiéndose de risa en el salón. Tras agradecerle un millón de veces el café y un riquísimo trocito de bizcocho al limón, salimos pitando para visitar la ciudad.

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El Kronenhalle, Zúrich

Esta pequeña ciudad suiza estaba helada pero no nevada. Empezamos nuestra visita por la Altstadt, el casco histórico, y seguimos nuestro paseo a lo largo del río Limmat (que corta la ciudad en dos) pasando por la emblemática Grossmünster, Fraumünster y la Iglesia de San Pedro. Tras una paradita en la plaza Paradeplatz para hacernos unos bocadillos en una parada de bus (para no perder el tiempo), decidimos seguir caminando en dirección al Lago de Zúrich y nos pasamos toda la tarde paseando por el bonito jardín de Belvoir. Las vistas al lago con las montañas con nieve a lo lejos parecían sacadas de una postal. El típico paisaje suizo que todos nos imaginamos, jejeje. Lo que más nos sorprendió en nuestra primera incursión a este país tan civilizado fue ver que realmente se respiraba un ambiente muy relajado y pacífico por toda la ciudad. Nos dio un ataque de risa cuando pillamos in fraganti a unos policías, metidos dentro de su furgón, mirando todos para sus móviles con cara de sumo aburrimiento. ¿Qué tipo de infracciones pueden llegar a cometerse en una ciudad que parece tan extremadamente tranquila?

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La calle Rennweg

Seguía haciendo frío así que decidimos hacer una paradita para tomar algo caliente en uno de los lugares recomendados por Patricia. A ver si de verdad merecía la pena… El Kronenhalle, una cafetería-restaurante escondido en un edificio antiguo del centro, resultó ser desde luego un lugar muy auténtico. Nos tomamos nuestros té y café en una vajilla fina y con cucharillas de plata rodeadas de cuadros de grandes pintores como Braque, Chagall, Miró y Picasso colgando de sus paredes. ¡Cómo para que se te caiga la copa de vino mientras cenas!

Empezó a anochecer y nos dimos cuenta que, a pesar de habernos quedado dormidas, Zúrich no tenía mucho más que ofrecernos. Volvimos paseando por la bonita calle Rennweg con edificios medievales y disfrutando del ambiente de los locales que empezaban a abrir. De camino para casa encontramos curiosamente una tienda de vinos españoles por lo que nos animamos a entrar para hacerles un regalito a Gabriele y Ana que se habían ofrecido a invitarnos a cenar aquella noche.

Cuando llegamos con nuestra botella de Rioja, nos dejaron alucinadas con su sorpresa: ¡una Raclette! Eva y yo no dábamos crédito de la increíble generosidad de la pareja. Tras ponernos las botas con una riquísima cena y vino blanco típicamente suizos, seguimos disfrutando de la velada intercambiando impresiones, contando nuestras aventuras e incluso sacando la guitarra y cantando.

Nuestro viaje, desde luego, había empezado muy muy bien. 🙂

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La riquísima Raclette

Una Respuesta

  1. Eviña Romero

    Gracias Sandra por acercarme al couchsurfing, y disfrutarlo tanto… Suiza fue un lugar increíble para mi, no se si habría sobrevivido sin tu aleman con aquellos mapas del tren del diablo jaja
    Hasta la próxima my friend!!

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