El duro regreso

Ya se sabía, ya se intuía. La vuelta iba a ser dura. De hecho, ya le tuve miedo al regreso desde el primer día en el que marché. Había hablado con amigos de eso, leído sobre el tema y podía perfectamente entender que cuando dejas a un pájaro volar por un tiempo fuera de su jaula, por muy acostumbrado que esté a ella, es difícil que regrese una vez que ha probado la libertad.

Sí, es cierto. Acabé cansada de viajar, probablemente porque mi mini vuelta al mundo fue vivida con demasiada intensidad y la experiencia se acabó convirtiendo en un sinsentido. Ahora que han pasado dos meses, ya descansada y con la cabeza más asentada, me doy cuenta de que viví esos cuatro meses un poco como si fuesen mis últimos días de existencia. Pensé que sería una primera y última vez que podría hacer algo así en mi vida pero no…

¿Teníais miedo que dejase de viajar? ¡Tranquilos, ya me he recuperado y os confirmo que vuelvo a ser más culo inquieto que nunca!

No quiero ni imaginar lo que sienten al regresar esos viajeros que se pasan uno o dos años viajando por el mundo, lo desubicados que se pueden sentir al regresar, lo imposible que debe ser volver a tener una vida “normal” tras una experiencia de ese tipo. Lo mío, a su lado, es una ridiculez y, aún así, psicológicamente fue y está siendo duro.

Una nueva rutina

“No, te quejes. No te puedes quejar. Has cumplido más sueños que muchos otros” – pienso ahora que vuelvo a tener un “hogar” cómodo y decorado mi gusto. He vuelto al ruedo, a pasar por el aro. Vuelvo a tener la rutina con la que todos sueñan: vuelvo a trabajar (a vender mi tiempo por dinero), vuelvo a tener un ritual matutino ordenado, vuelvo a realizar las mismas series de ejercicios diarios para evitar que mi cuerpo se atrofie, vuelvo a ir al supermercado (y compruebo la enorme subida de precios en estos cuatro meses que estuve fuera), vuelvo a tener los fines de semana libres (y veo cómo mi familia y mis amigos siguen en el mismo sitio con sus mismas costumbres como antes de que me marchara), vuelvo a salir y a hacer nuevos amigos en mi nueva ciudad (aunque muchos al oír mi historia no logran entender mis necesidades y las miles de ideas que ahora mismo me rondan en la cabeza). Ya no echo de menos fregar, poner coladas y planchar pero sí agradezco regresar a casa después de un largo día para acostarme en mi cama.

Tras dos meses en mi nuevo empleo, me felicitan por no perder la sonrisa y el buen humor durante mis diez horas de jornada laboral diaria. Yo sé que me mantengo viva en medio de un apocalipsis zombie de gente estresada por preocupaciones del primer mundo gracias al recuerdo de las torres Petronas, del lago Inle, de los elefantes de Wildlife Friends Foundation, de las noches alegres de Cartagena de Indias, de las Islas Galápagos, de la gastronomía peruana y de la Isla de Pascua.

Yo soy rebelde… porque el Mundo me ha hecho así

Supongo que ellos creen que me mantengo tranquila porque me he pegado el lujo de estar cuatro meses de vacaciones. Lo que no saben es que también me río para mis adentros pensando que hoy más que nunca sé perfectamente qué quiero y no quiero en mi vida gracias a todo lo que he visto y vivido.

Pero, no, no me rindo. Sigo considerándome una intrusa en este mundo pero el viaje me ha enseñado a asumirlo. Llegué a la conclusión de que nunca encajaré en ningún lugar pero esto ya no me quita el sueño en absoluto.

Romper mi rutina con los viajes me mantuvo viva hasta ahora, me permitía seguir aguantando, pero ahora ya no me llega con querer algo de tiempo para mí. Me he vuelto más egoísta y también más rebelde, atrevida y valiente. Yo soy rebelde porque el Mundo me ha hecho así. Ahora aspiro que mi vida sea mía, llevar las riendas de mi destino, de mi viaje vital.

Aún no está claro cómo lo conseguiré ni el tiempo que me llevará lograrlo pero no pienso olvidarme de mi objetivo, de la meta que creo que todos deberíamos seguir: alcanzar y vivir del mejor modo que te haga más feliz.

4 Respuestas

  1. J. A.

    ¿Se puede preguntar cuál es la nueva ciudad? 😛

    Y gran momento ese en el que te das cuenta de la Verdad, así, con su mayúscula: vida hay una y vivirla en un escenario que no sea el más feliz de los posibles es, simplemente, no vivir. 🙂 Ánimo y a por ello.

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    • El Viaje de mi Vida

      La nueva ciudad en la que me ha traído el destino es A Coruña (menos mal que sigo teniendo mi querido Santiago cerquita).
      Y sí, totalmente de acuerdo. Vida no hay más que una. Sigo creyendo firmemente que no se puede desperdiciar ni un segundo de ella. 🙂 Gracias por los ánimos. Un abrazo!

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      • J. A.

        Anda, ahora somos “vecinos”. xD
        Algún día te pediré una entrevista para algo que tengo en cartera, pero tiempo al tiempo. 😉

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