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Grandes parecidos (Foto: Eva Romero)

Recuerdo lo mucho que nos reíamos mis primas y yo cuando éramos pequeñas y, mientras paseábamos por el pueblo de mi mamá, por Sepulcro-Hilario (provincia de Salamanca), los mayores – que veían pasar el tiempo sentados delante del portal de su casa – nos preguntaban aquello de “¿Y tú de quién eres?”.

Al principio, evidentemente, no entendíamos nada, y más de una vez, acabábamos contestando “¡De mi padre y de mi madre!” hasta que nos explicaron que lo que teníamos que contestar era “Soy la nieta de Cavila (mote de mi abuelo porque, sí, efectivamente, cavilamos mucho, jajaja)”. Al fin y al cabo lo que querían saber era de dónde venían esos niños que invadían cada verano este pueblecito de apenas 300 habitantes.

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Viajes que marca

No sé si será porque he empezado a leer mis apuntes de filosofía para este curso pero esta semana me puse a reflexionar sobre ello. Cuánto más viajo más me doy cuenta de que la famosa pregunta “¿De dónde eres?” es más bien típicamente española y es que culturalmente está muy arraigado aquello de tener una casa, un hogar, tener raíces en algún lugar.

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Paseando por Turín

Cuánto más viajo en cambio más me preguntan “Where are you come from?” (De dónde vienes) que me parece una pregunta más acertada a la que sí siempre sé contestar: “De España”, “De Galicia”, “De Santiago de Compostela”… Desgraciadamente a la pregunta española, a mis 32 años, sigo sin saber qué contestar, jajaja. Al final siempre me acaban saliendo respuestas cursis tipo “Europea” o “Ciudadana del mundo” pero la ventaja y/o inconveniente (según como se mire) de esta situación es que he llegado a un punto en el que no me siento de ningún lugar pero de todos a la vez. Cuantos más viajes pasan por mí, menos tengo la sensación de estar en el extranjero o en  “territorio hostil”. A pesar de estar cada vez más a gusto y feliz por volver a casa, tras quince días, ya estoy pensando en volver a hacer las maletas, volver a ponerme a prueba, volver a perderme…

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¿Y cuando empieza lo bueno? (Foto: Internet)

Me parecía interesante compartir con vosotros esta reflexión porque muchas veces parece que la gente no entiende que me pueda sentir “apátrida” (aunque tengo claro que me siento mucho más española que francesa) pero, ¿realmente es necesario pertenecer a alguna tribu, a algún lugar o se trata de un puro formalismo social?

Quizás la respuesta a esta pregunta tampoco me importa demasiado por ahora porque, a pesar de haber viajado tanto, noto que mi curiosidad sigue sin estar saciada, mi mente aún no deja de pensar en todos los lugares que desearía ver antes de echar raíces en algún lugar. Doy por hecho que eso ocurrirá en algún momento de mi vida, es lo más natural del mundo, supongo. Llegará algún momento, quizás no muy lejano, en el que decida parar. Entonces, seré yo la viejecita (con una viajera aún muy curiosa dentro) que al ver pasar a los niños les pregunte: “Y tú de quién eres?”

Banda sonora del día: http://www.youtube.com/watch?v=7CeAjb5yI0A

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