Visita a Viña Santa Cruz: Cómo llegar a Viña Santa Cruz

¡Mi visita a Viña Santa Cruz, en Chile, fue otra de esas historias que sólo me pasan a mí! Cuando uno llega a Santiago de Chile o a Valparaíso se ve abrumado por miles de tours y visitas a renombradas bodegas chilenas. El vino levanta pasiones. Como siempre, yo no sólo quería una actividad superficial, buscaba algo más. Tras descartar unos cuantos buses turísticos rojos y sencillos tours urbanos en bicicleta para desplazarte de cata en cata, me recomendaron Viña Santa Cruz, a tres horas al sur de Santiago, un viñedo que se encuentra en pleno Valle del Colchagua. Por desgracia, a pesar de que existe la posibilidad de realizar una visita guiada por libre (sin previa reserva), en su página web, las únicas indicaciones que me encontré para llegar allí eran las de Google Maps.
Me confirmaron que cogiese un tren hasta el pueblo de San Fernando y, luego, que tomase un taxi hasta la bodega.

Tras un buen madrugón para no llegar muy tarde, me metí en un tren regional que tardaría la vida entera en llegar a San Fernando. Una vez allí, preocupada por acumular tanto retraso – y es que con las bromas ya casi era la hora de comer-, decidí acercarme a la estación de autobús para preguntar y me informaron que estaba aún ¡a una hora de la bodega y que dicho recorrido en taxi (con espera) me costaría alrededor de 50 dólares! ¡No me lo podía creer! ¡Era mi último día en Chile y no quería desperdiciar la oportunidad de visitar esta bodega! Tras un momento bochornoso, dando vueltas, mezcla de cansancio, rabia y malhumor (queriendo asesinar a todos aquellos que me habían metido en la cabeza el ir hasta allí), por fortuna, aparecieron un par de señores que me recomendaron coger un coche compartido hasta Santa Cruz y luego otro hasta el pueblo de Lolol que me dejaría a la mismísima puerta de Viña Santa Cruz. ¡Ya no tenía nada que perder!
Tan pronto llegamos a Santa Cruz, mi cara cambió al ver los increíbles paisajes que estábamos atravesando.
De camino hacia allí, descubrí entonces que había un bus directo de Santa Cruz a Santiago de Chile (a tan sólo 20 min de la Bodega) para mi regreso así que ya me pude relajar y disfrutar de toda la tarde allí.
Finalmente llegué muerta de sed y hambre a la bodega a las 14 de la tarde. Tras 5 horas infernales por fin lo había logrado y estaba allí. Almorcé en su bonito restaurante y repuse fuerzas para la visita.

El teleférico y los museos de Viña Santa Cruz

Tanto sufrimiento mereció la pena, sin lugar a duda. La primera hora de la visita la haría con 2 señores americanos ya que fuimos los primeros en llegar. El recorrido se iniciaría con un paseo por las nubes (en un teleférico en vez de con Keanu Reeves 😛 ). El día acompañaba y, como podéis apreciar en las fotos, finales de abril (principios del otoño en Chile) es una época asombrosa para poder disfrutar de estas viñas de 160 hectáreas: se pueden apreciar los colores increíbles de las hojas y se ven perfectamente las altas montañas nevadas de los Andes a lo lejos. Cabe destacar que el dueño de bodega, Carlos Cardoen decidió rendirle un pequeño homenaje a las tres tribus indígenas en las que se inspiran sus crudos – los mapuches, los rapa nui y los aymara – con tres pequeñas salas de exposiciones sobre sus emblemas más característicos.

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La exposición sobre los Rapa Nui

Los crudos de Viña Santa Cruz

Luego ya empezaría la visita guiada (con sólo 3 personas más que se unieron a nosotros) y la cata de caldos de Viña Santa Cruz, una bodega con 13 años de antigüedad. Frente a sus impresionantes cubas de acero inoxidables, nos explicarían todo el proceso de poda, cosecha, selección por gravedad y vinificación de las 7 cepas (Carménère, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Malbec y Petit Verdot) que ahora mismo allí se cosechan. Finalmente, podríamos catar tres de sus vinos estrellas en su bonita sala de guarda en la que dormían bien fresquitos sus “Chamán”, nombre de sus caldos, algunos ensamblajes de varias cepas y otros monovarietales.

Viña Santa Cruz también cuenta con dos hoteles: uno en Santiago de Chile y otro en el encantador pueblo de Santa Cruz (pena haber tardando tanto y no haber tenido tiempo para visitarlo más). Viña Santa Cruz también colabora en otros proyectos turísticos como el Tren del Vino de Colchagua y Museo de Colchagua en Santa Cruz.

Personalmente me encantó toda la experiencia (además de que fuesen grupos reducidos). Recomiendo totalmente esta visita de lo más variada y que ofrece una visión global del vino chileno.

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La bonita sala de guarda

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La tienda

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