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Puente de Rialto, Venecia

Cumpliendo un sueño viajero: Venecia en carnavales

Después de haber superado muchos de mis miedos con mi escapadita a Bilbao, empecé a plantearme muy en serio lo de viajar sola. Durante años había querido visitar Venecia y ahora estaba más preparada que nunca. Quise matar dos pájaros de un tiro así que reservé fecha para ir al Carnaval. 🙂

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Gran Canal, Venecia

Mi llegada a Venecia fue triunfal: nada más llegar, Iberia perdió mi maleta (p.d.: estar 24 horas con la misma ropa hace que la gente te confunda con los autóctonos). Aún así estaba tan encantada de, ¡por fin!, conocer la ciudad que todo me daba igual. Cogí el Alilaguna y simplemente empecé a alucinar con la belleza del lugar.

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Góndolas de Venecia

Gracias a una estupenda oferta encontrada por Internet me hospedé en el tranquilísimo y encantador hotel Villa Beatrice, en la Isla de Lido. La isla está perfectamente comunicada con el aeropuerto y con todo Venecia. Resultó ser una elección fantástica porque el centro, San Marco, es un infierno plagado de ruidosos turistas día y noche. Ver a 50 parejas haciendo cola para subirse a una góndola (y pagar 150 euros) es todo un espectáculo. Descubrí que viajar sola a Venecia también había sido una gran idea…

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Gran Canal desde la Accademia, Venecia

Compré la maravillosa tarjeta Venice Card y cogí 1001 vaporettos (Incluso algunos “azafatos” – encargados de echar amarras en cada parada – empezaron a saludarme, jajajaja). Durante mis cuatro días de estancia, los 10 minutos en bus recorriendo la alagarda Lido y recorrer durante una hora todo el Gran Canale en la cubierta del vaporetto nº 1  (¡al borde de la congelación pero era tan precioso!) se convirtieron en imprescindibles para mí. El Palacio Ducal, la Ca’ d’Oro, la Ca’ Rezzonico, la Cà Pesaro… absolutamente todos los palacios venecianos son espectaculares.

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Santa Maria della Salute, Venecia (Foto: skandal00)

Paz en la Isla de Lido frente a las multitudes de San Marco

Ensimismada con mi banda sonora, empecé a cogerle gusto a esto de observar todo aquello que no le interesaba a los turistas: ver cómo viven los auténticos venecianos (la mayoría viven en casas y edificios normales en Lido, los barcos de mercancías repartiendo a domicilio por la vieja Venecia, los taxis acuáticos o incluso como descargan una lavadora… ¡en barco! Todas estas cosas en las que no piensas de buenas a primeras pero que no dejan de sacarte una sonrisa cuando las ves…

La mayoría de la gente se ciñe a visitar San Marco y desgraciadamente se olvida que Venecia está formada por 118 islas, cada una con encanto propio: Murano (dónde están las fábricas de cristal), Burano (pueblo de pescadores), Torcello ( salinas),  San Michele (dónde se encuentra el cementerio), Guidecca (justo en frente a San Marco), mi querida Lido (dónde tiene lugar el festival de Cine)…

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Centro de Verona

Sí es cierto que la Basílica de San Marcos y su plaza con soportales, el Campanile, son las joyas de la corona pero ver atardecer detrás de Basílica de Santa Maria della Salute, el ambiente matutino en el mercado de Rialto o visitar la Galería de la Academia (tanto por las obras allí presentadas como por la experiencia de entrar en un palacio) son, en mi opinión, experiencias imprescindibles.

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La Casa de Julieta en Verona

Escapada a Verona

Tres días fueron más que suficientes para Venecia. Decidí acercarme a Verona, a tan sólo 1 hora en tren. Se sentó frente a mí una chica canadiense llamada Trang con la que muy pronto entablé conversación. Veinticuatro años y viajando sola por todo el mundo desde los 18. ¡Qué ridícula me sentí a su lado! Hicimos tan buenas migas que decidimos visitar juntas la ciudad mientras hablábamos de más y más viajes…Verona es una ciudad pequeñita pero maravillosa, llena de color. Fue agradable alejarnos del bullicio de Venecia. Visitamos su centro histórico, la bonita Plaza Erbe, paseamos a lo largo del río Adige. Vimos la arena y el anfiteatro romano y finalmente nos acercamos a la casa de Julieta… ¡dónde estaban todos los turistas de los que habíamos huido hasta entonces!

Mi nueva compañera de aventuras y yo ya no nos separamos durante el comienzo del Carnaval. Sin comerlo ni beberlo, mi segundo viaje sola acababa con una gran cena con Trang y otros “viajeros solitarios” que ella había conocido en su hostel: dos canadienses, un americano y una australiana…

Venecia me pareció una ciudad realmente espléndida pero, desgraciadamente, la ciudad en muchas ocasiones es un auténtico parque de atracciones del “Pseudo-romanticismo”. Una pena… Los venecianos incluso ayudan: recuerdo perderme a propósito por sus laberínticas callejuelas y siempre me preguntaban si estaba buscando la plaza de San Marco, jeje. Desde luego, lo que está claro es que Venecia es y siempre será un lugar imprescindible dentro de la lista de los “1000 sitios que visitar antes de morir”.

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