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Uçhisar

Descubriendo el fascinante valle de los palomares

Tras la impresionante visita a Göreme, nos trasladaron un breve momento hasta el valle de Cavusin para poder sacar fotos a aquel impresionante escenario lleno de Chimeneas de Hadas. El resto de la tarde estuvimos paseando por el valle de Güvercinlik, llamado el valle de los palomares, y curioseamos por el bonito pueblecito de Uçhisar, dónde las “viviendas” están escavadas en roca volcánica.

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Valle de Cavusin

La ciudad subterránea de Ozkonak

Al día siguiente, los más “valientes” empezamos el día visitando la ciudad subterránea de Ozkonak. Y digo, valientes, porque el lugar, desde luego, no es apto para claustrofóbicos. Descubierta en 1972, parece ser que muchas de estas viviendas tenebrosas aún no son accesibles, de hecho. Allí se refugiaron las comunidades cristianas de los invasores árabes. ¡Y se protegieron bien! Aún se conservan las enormes “puertas” redondas hechas de roca para taponar la entrada. En el interior había de todo para subsistir durante bastante tiempo: cuartos, baños, establos, cocinas… ¡Parece increíble que este “búnker prehistórico” tenga un sistema de ventilación tan óptimo!

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La ciudad subterránea de Ozkonak

Después de una buena comida, nos trasladaron a un taller artesano dónde pudimos aprender sobre decoración y joyas y, sobre todo, cómo se trabaja la turquesa. Tras un día de lo más completito, podéis imaginaros qué bien descansamos todos aquella noche, jejeje.

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Pesadas puertas de Ozkonak

Al día siguiente la mitad de nuestro grupo se despedían ya (muchos volverían a Estambul). Al resto aún nos quedarían unos cuantos kilómetros de ruta hacia la Anatolia. La siguiente parada sería Konya. Los paisajes montañosos de la Capadocia empezaron a quedarse atrás y tras pasar unos cuantos valles de repente todo se volvía más llano, árido… ¡y nevado!

Konya, parada de la ruta de la seda

Nuestra primera parada sería para visitar un caravasar. Se trata de un antiguo albergue que se destinaba a los comerciantes de la antigua ruta de la Seda. Estaban pensados tanto para los viajeros como para sus animales. La visita fue breve ya que realmente, aparte de la entrada, el resto de la construcción, con grandes soportales y habitaciones sencillas, no tiene mucho más que ver. Además, confieso que estábamos algo desganados…¡y tan congelados! (¡¿Quién lo diría después de un día tan estupendo sobrevolando la Capadocia?!).

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Entrada a un caravasar en Konya

El Museo de Mevlana

A continuación visitamos el Museo de Mevlana situado junto a la Mezquita del Sultán Selim II. Está situado sobre el antiguo Convento y recoge varias tumbas, joyas, instrumentos. También se pueden visitar las celdas de estos particulares monjes, los derviches, orden creada el maestro Rumi.

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Museo de Mevlana en Konya

Tras otra intensa jornada y unas cuantas horas más de autobús, nos pegamos unos cuantos chapuzones en la piscina interior de nuestro estupendísimo hotel y nos marcamos unos bailes de “danza del vientre” en guirilandia para acabar la noche…

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