… ¡Y volvemos hoy con nuestra sección “Tomas Falsas“! Como os podréis imaginar, Japón dio para mucho y es que realmente nuestras culturas son realmente dos planetas diferentes así que tuvimos algún que otro momento absurdo-surrealista como era de suponer…

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Ilustración: Kirainet.com

1. Perdidos (en Japón)

Ya había leído sobre el tema, incluso me habían explicado cómo funcionaba el sistema de las calles en Japón pero… ¡¡¡No lo intentéis!!! Desde el momento cero que lleguéis a Japón, recordad que el GPS es vuestro mejor amigo. ¿¡Cómo harían las gentes antes sin tecnologías!? Durante nuestros 13 días de estancia ¡sólo encontramos una vez – y gracias al instinto de Adri – la dirección que buscábamos! El tema es que aún hoy me pregunto cómo hacen ellos para enterarse porque incluso cuando le preguntaba a alguien con un mapa o callejero ellos tampoco eran capaces de indicarme cuál era la casa-edificio que buscábamos.

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Pelucas (Foto: skandal00)

2. Pelucas

Para los japoneses la estética es importantísima: es parte de su cultura, de su esencia. Asimilado este concepto, no es sorprendente entender que esto haya llegado hoy en día a extremos. En el barrio como Shibuya, punto de encuentro de la capital, los chicos y chicas incluso ya se confunden (la androginia se impone más y más). Son todos extremadamente “guapos” y “perfectos” que ya no sabe dónde empiezan ellos y dónde acaban sus lentillas de colores, postizos, etc.  Para ellos es totalmente normal pero ¿Qué ocurriría si de casualidad os encontrarais con una tienda que vende pelucas por unos pocos céntimos o lentillas de todos los colores (incluso estampadas) por unos  6 euros? Mi amigo Adri se volvió totalmente loco y se compró todo lo que pudo. ¿Lo mejor? Que llegues al aeropuerto,  tengas que abrir la maleta y que toda la gente se quede flipando con tus comprazas, jajaja.

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Carteles donde contratar a amigos (Foto: skandal00)

3. Chicas sekusis

Me chocó muchísimo ver que en la mayoría de los carteles publicitarios las modelos siempre tenían un aspecto extremadamente aniñado y qué decir de los famosos “Maid Cafés” donde unas “sirvientitas” se dedican a atenderte, a hacer jueguecillos y a provocar (eso sí, prohibido tocarlas). Eso sí, mujeres con curvas, ¡Japón es vuestro país! Aún sin llevar escote es muy probable que les resultéis “sekusis” (sexy, en cristiano).

Otra de las cosas que me llamó la atención es la poca interacción que hay entre ellos: parece que la gente apenas habla entre sí, apenas se miran (ya ni hablemos de tocarse). ¿Qué no tienes amigos con los que tomar algo? No te preocupes, llamas a algunas de estas personas de los carteles publicitarios y estarán contentísimos de quedar contigo y darte conversación…

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Mapa del Metro de Kioto (Foto: skandal00)

4. Please don’t use (¡Por favor, no lo uses!)

Uno de los momentos más surrealistas que vivimos fue intentando coger el metro en Kioto (contrariamente a Tokio esta ciudad está mejor comunicada a través de las líneas de buses descubrimos luego) y ver que de repente ¡nuestras paradas no venían indicadas en nuestro mapa!. Tras bajarnos en un barrio perdido de las afueras de Kioto (dónde todos los autóctonos se quedaron mirándonos perplejos con cara de “qué hacen estos guiris por aquí”), dimos media vuelta. Cuál sería nuestra sorpresa (dando lugar a un ataque de risas de varias horas) cuando vimos que en la esquina inferior del mapa (regalado por la oficina de transporte de Kioto) se indicaba “Please don’t use” (Por favor, no use este mapa). Probablemente se referiría a no utilizar dicho mapa con fines comerciales pero el fallo de traducción nos pareció hilarante después de nuestra aventura. XD

 

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Las famosas brochas de Geisha

5. ¡Que no te”Chotteen”!

Como ya os comenté anteriormente, el libro de Hector García, “Un geek en Japón” fue de gran ayuda para poder entender un montón de cosas sobre cómo piensan los japoneses. Uno de los capítulos que curiosamente más me llamó la atención fue entorno a la palabra “Chotto” (perfectamente explicado en Kirai.net.

Una amiga me pidió una brocha de maquillaje (que tradicionalmente usan las geishas) y a cada vez que entraba a preguntar en una tienda con el móvil en mano para enseñar la foto, pude constatar como el Chotto era el “comodín del público”. El 90% de las veces, el resultado era que la chica de la tienda se ponía a rebuscar y, tras tenerme allí esperando un buen rato, volvía y me decía que no lo tenía. Sólo uno de los 10 “chottos” fue realmente un “Espere un momento” y me ofrecieron la información que buscaba.

Sin embargo, hubo una anécdota que nos trajo de cabeza todo el viaje. En el Museo de Arte Contemporáneo de Tokio, Adri empezó a tomar notas sobre las obras allí expuestas en una libretita.Cuando entramos en una de las salas, sin saber por qué, una señora, nos apareció – mientras él escribía con su boli, y nos ofreció en japonés si queríamos un lápiz. Lo rechazamos educadamente (preguntándonos qué le pasaba a la señora e incluso pensamos que estaba loca). Tras unas cuantas risas, lo que menos nos imaginábamos era que otra señora, en la sala siguiente, nos volvería a hacer exactamente lo mismo. Salimos perplejos del museo, deseosos de pedirle a nuestro Couchsurfer una explicación. Sin embargo, no supo qué contestarnos y no fue hasta el último día que uno de nuestros amigos japoneses dio con la clave. En el museo – aún no sabemos por qué motivo – estaba prohibido escribir con bolígrafo. Lo que había ocurrido era que, por respeto, para no ofendernos, por no decirnos que NO, nos rogaban que cogiésemos los lápices. Un “Chotto” en toda regla, jeje.

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