Warning: file_exists(): File name is longer than the maximum allowed path length on this platform (4096): /usr/home/viajedemivida.es/web/wp-content/plugins/8l1f890plamslecn9mcy03lnl7s5wai0yi80-r0boyz87hjaxloq8ooenar3ma-b8l5iirxft3m5ur2a1lskw3w72jtedts-6e8ivprdnw2cqyexcn3sggdls01dt79mbjy24-ypudmo2gdpxc8ncpoet3m5urbawmzieh87u-ms95fdptex9a69vit8uojcbe8geuppf8k3uyej0gd3z0chqdsdmzsb8l5iirxerdr8jdcp2mzieh8xuclzu852pl1ivjplzlee1hs8z5fpfh5gwb4chaez1d7ybgoov0s8h26pzlcfdzo2t3m5urbaxg5nfomhqclzu852fl6h4hsp3lm1uozob9ga9wy99rjfl9538bvy6nelv8q1hy7n3k8peochlw55i89jimzieh8xudn5j9dnyh4h4hsp3am6tx5l6cgiah54kzfg7h7bzeif8qpp2-p6rfgt5j8td0sbgbk7ff8p-b75-tplwqlzu852fl5reopepap5tx5l6c7idihpnibgub53sqvjq-ywtr6ibgbi6t8oandhozzvtcelci2550qgllnwud9i4lsh4hsp3am5f8dixi8tbihpnib7u74w6cf8qhop2guv8jsbkmi-cgxgmie8w2c05h2f6trfsyocr9cn8c6yeglrl-ystx5l6c7iessemdp8s74w6cf8whrocirfjj5p6tdq0k02t4lidt2azdfa6rddmyjcrxe0-nw2bpllcz1dx9idccztvihpnib7u8-lxd5tfflocirfj55k7ifn890pried21y-im6hca67ubuf77bn1kwy7thfabrcjdex0g124qndb9q4xo4w6cf8whsandu5h96k7ifn89ppoj2fj in /usr/home/viajedemivida.es/web/wp-content/plugins/heartbeat-control/autoloader.php on line 7Warning: file_exists(): File name is longer than the maximum allowed path length on this platform (4096): /usr/home/viajedemivida.es/web/wp-content/plugins/8l1f890plamslecn9mcy03lnl7s5wai0yi80-r0boyz87hjaxloq8ooenar3ma-b8l5iirxft3m5ur2a1lskw3w72jtedts-6e8ivprdnw2cqyexcn3sggdls01dt79mbjy24-ypudmo2gdpxc8ncpoet3m5urbawmzieh87u-ms95fdptex9a69vit8uojcbe8geuppf8k3uyej0gd3z0chqdsdmzsb8l5iirxerdr8jdcp2mzieh8xuclzu852pl1ivjplzlee1hs8z5fpfh5gwb4chaez1d7ybgoov0s8h26pzlcfdzo2t3m5urbaxg5nfomhqclzu852fl6h4hsp3lm1uozob9ga9wy99rjfl9538bvy6nelv8q1hy7n3k8peochlw55i89jimzieh8xudn5j9dnyh4h4hsp3am6tx5l6cgiah54kzfg7h7bzeif8qpp2-p6rfgt5j8td0sbgbk7ff8p-b75-tplwqlzu852fl5reopepap5tx5l6c7idihpnibgub53sqvjq-ywtr6ibgbi6t8oandhozzvtcelci2550qgllnwud9i4lsh4hsp3am5f8dixi8tbihpnib7u74w6cf8qhop2guv8jsbkmi-cgxgmie8w2c05h2f6trfsyocr9cn8c6yeglrl-ystx5l6c7iessemdp8s74w6cf8whrocirfjj5p6tdq0k02t4lidt2azdfa6rddmyjcrxe0-nw2bpllcz1dx9idccztvihpnib7u8-lxd5tfflocirfj55k7ifn890pried21y-im6hca67ubuf77bn1kwy7thfabrcjdex0g124qndb9q4xo4w6cf8whsandu5h96k7ifn89ppoj2fj in /usr/home/viajedemivida.es/web/wp-content/plugins/heartbeat-control/autoloader.php on line 7
estudiantes-japon

Estudianditos japoneses Tokio

El Karma y sus caprichos…

Después del verano el planazo estaba claro: 15 días locos por Tailandia con mi amigo Adri. Yo ya había empezado a mirar vuelos, hoteles, lugares que visitar… Pero como ya os conté anteriormente, el Karma es caprichoso… Cuando me decidí a comprar los billetes, los precios habían subido y de repente me encontré con algo inesperado. Nunca olvidaré aquella llamada y los nervios, sofocos que tenía:

Sandra: – Adri, no sé qué hacer… Iba a comprar el billete

togoshikoen-tokio-japon

Barrio de Togoshikoen, Tokio

a Bangkok pero han subido de precio… Y acabo de encontrar un billete i/v para Japón a 550 euros desde Santiago. Sí, sí. Santiago de Compostela-Estambul-Tokio ¿QUÉ HACEMOS?

Adri(Silencio)

Sandra: -Adri, ¿qué hacemos? Japón es nuestro sueño desde siempre. Desde que nos conocemos siempre hablamos de hacer algún día ese viaje. ¡¿Ha llegado el día?! ¿Cómo lo ves? ¡Aaaaaaaah! (Histerismo total)

Adri. (Silencio). Vale.

Me cuelga y con los nervios, me doy cuenta de que no tengo sus datos para reservar el billete. Vuelvo a llamarlo. No me coge. A lo mejor perdemos esa oportunidad… Me llama de nuevo. Estoy roja, taquicárdica. Me confirma su fecha de nacimiento, su número de DNI, compro el billete con él al teléfono… Está hecho: ¡Acabamos de comprar un billete de avión para Tokio y no estamos nada mentalizados! Estamos bajo shock durante todo el mes siguiente y no dejamos de bromear con el hecho de que tenemos que ahorrar “yenes” para uno de los viajes que probablemente sea uno de los más importantes de nuestras vidas…

vallas-tokio-japon

Centro de Tokio dónde hasta unas simples vallas son bonitas

¡Primer día en Tokio, allá vamos!

Llega el gran día y aún en el avión no nos lo acabamos de creer. ¡Nos vamos al otro lado del planeta! Nada más aterrizar, tal y como nos lo imaginábamos, nos sentimos abrumados por todo: la gente, los carteles, los rótulos en japonés, las máquinas expendedoras por doquier…

Toca entonces aventurarse en el metro y dirigirnos a casa de nuestro primer couchsurfer Ichiro, con el que pasaremos tres noches. Vive en el barrio de Togoshikoen. Tenemos el móvil que nos hará de GPS…¡hasta que me doy cuenta de que no se apagó correctamente durante el vuelo y que me he quedado sin batería! ¡Genial! Llegamos al barrio según las indicaciones y curiosamente a pesar de estar en el área metropolitana de Tokio, parece que estamos en un encantador puebleclito. Intentamos pedirle indicaciones a los autóctonos (ni “papas” de inglés) y conseguir un teléfono para llamar a Ichiro (Nos hemos perdido capítulo I). Milagrosamente conocemos a un chico americano en un supermercado que nos indica amablemente el camino.

japoneses-metro

Japoneses sonríentes, japoneses con mascarilla

Conocemos a Ichiro que, como buen japonés que es, nos saluda reverenciándonos y nosotros le imitamos emocionados. Nos conduce a su adorable casita y nos vamos a la cama aunque con la emoción de estar allí y el jet lag queremos que se haga de día para visitarlo todo YA.

palacio-imperial-tokio-japon

Palacio Imperial de Tokio

Visita al Museo Nacional de Arte Moderno

Al día siguiente, a pesar de apenas dormir, estamos tan impacientes por verlo todo que nos olvidamos de que estamos cansados. Empezamos con el Palacio Imperial y sus jardines (¡No busquéis la entrada porque no se puede visitar su interior! :D). A continuación a un paso de allí, decidimos visitar el interesante Museo Nacional de Arte Moderno dónde empezaríamos experimentar ciertas diferencias culturales (próximamente en Tomas Falsas V).

templo-senso-ji-tokio-japon

Templo Senso-ji

Visita al Templo Senso-Ji

A la tarde nos dirigiríamos al Templo Senso-Ji, otras de las grandes atracciones de Tokio. Recorreríamos toda la calle Nakamise-dōri llena de tiendas y turistas para acercarnos a este precioso templo budista. El ambiente que se respira allí es como mágico. Muchos japoneses se acercan allí para pedir deseos de buena suerte así que nosotros les observábamos e imitábamos hipnotizados por las fuentes, el humo del incienso, los botes de monedas y los papelitos con caracteres Kanji anudados.

gundam-tokio-japon

El Gundam de 18 metros defendiendo el centro comercial

estatua-libertad-odaiba-tokio-japon

Desde la isla de Odaiba con Estatua de la Libertad incluída

Crucero por el río Sumida

Al anochecer decidiríamos coger un crucero por el río Sumida que nos dejaría en la isla de Odaiba. Nuestro barquito de diseño futurista no mostraría la enorme metrópolis en todo su esplendor, llena de luces y rascacielos. De repente, parecía que estábamos en la película Blade Runner. La ciudad parecía no acabar nunca. Al llegar a destino nos encontraríamos con edificios curiosos como el Edificio Fuji Televisión y sorprendentemente con una Estatua de la Libertad y un enorme centro comercial protegido por un Robot Gundam de 18 m. ¡Todo tan loco!

Recuerdo que ese primer día estábamos tan abrumados con todo que, a pesar de lo mucho que visitamos, las horas se nos pasaron volando y es que realmente empezábamos a darnos cuenta de que acabábamos de aterrizar en otro planeta.

ramen-japon

Babero especial para comer ramen

¿Lo mejor de Japón? ¡Los japoneses!

Siempre que recuerdo mi viaje a Japón pienso que lo que realmente lo hizo tan especial fueron los japoneses que conocimos (y sus costumbres “rarunas”). Tras el primer día durante el cual estuvimos en una nube, llegamos a casa y nos encontramos con que Ichiro, nuestro Couchsurfer, había seguido todos nuestros movimientos por Facebook y, muy amablemente y de manera ya más informal, nos invitó a cenar ramen al lado de su casa. ¡Evidentemente no pudimos negarnos! Así que allí, enfundados en nuestros baberos, empezamos a contarle a nuestro anfitrión todas las cosas extrañas que habíamos vivido durante el día y resolvió nuestras dudas (aunque no todas) mientras se partía de risa con nuestras anécdotas.

El barrio de Shinjuku

Al día siguiente decidimos visitar el barrio de Shijuku para irnos de “shopping” y ¡comprárnoslo todo! traernos unos primeros “souvenirs”. En este caso me dejé llevar totalmente por Adri. Estando sola jamás se me hubiese ocurrido entrar en una tienda de comics, por ejemplo, pero ver la cantidad de volúmenes y personas allí leyendo es todo una experiencia. También entramos en varias tiendas de discos, de “frikitadas”, en la tienda-museo de las AKB481… y es que ¡Todo es posible en Japón!

purikura-japon

¡Siempre sales tan guapo! ¡Purikura Adiction!

pachinko-japon

Ludópatas en potencia

Durante aquella mañana también entramos en un pachinko (nunca había oído hablar de ellos) y reconozco que también me impactó muchísimo: gente a todas horas jugando a diferentes tipos de máquinas recreativas… En aquellos edificios de hasta cinco plantas, descubriríamos toda una sección de “fotomatones” que serían nuestra perdición-adicción durante la primera semana: ¡las maravillosas máquinas Purikura!

El barrio coreano de Shin-Okubo

Esta vez para comer decidimos irnos al barrio coreano, Shin-Okubo, y para nuestra sorpresa toda la comida nos supo… ¡a colonia ¡Puaj! Excepto por los puestos de comida y por los letreros con caracteres coreanos, el barrio no tenía nada muy destacable.

El barrio de Shibuya

Al atardecer decidimos dirigirnos hacia uno de los puntos más neurálgicos de Tokio: Shibuya. Tras la foto correspondiente, me senté junto a la famosa estatua del perro Hachiko mientras Adri se iba al “rincón de los castigos” (zona habilitada por los fumadores) a observar y fotografiar la curiosa “fauna que allí se reunía. Tribus urbanas variopintas, chicas “perfectas”, exageradamente guapas y artificiales con rasgos europeizados, androginia extrema (hasta el punto de no adivinar si eran chicos o chicas)… Sin embargo, no es ninguna leyenda urbana: la interacción entre ellos era la mínima…

cruce-shibuya-noche-japon

Cruce de Shibuya de noche

Si a la tarde ya había mucha gente, al caer la noche, empezamos a entender por qué el cruce de Shibuya es tan famoso. Tras una primera vuelta en medio del mogollón – entre los que destacábamos los guiris grabándolo todo con nuestras cámaras mientras cruzábamos -, la sensación de estar en medio de un inmenso grupo de personas silenciosas y que no chocaban entre sí nos conquistó y acabamos repitiendo un par de veces más, jajaja.

karaoke-japon

Momentazos en el Karaoke

Nuestra experiencia en un karaoke japonés

Al llegar a casa, Ichiro nos esperaba sonriente (Creo que realmente la noche anterior se había reído mucho con nosotros) y nos propuso entonces… ¡ir al karaoke! ¿Acaso puede haber algo más típico? Así que allá nos fuimos encantados (¡hasta nos prestó incluso su bicicleta con motor para el camino!) a ver cómo se divertían estos japoneses. La verdad es que nada hubiese sido igual si hubiésemos ido solos. En Japón, los karaokes están divididos en habitaciones separadas por lo que es muy probable que si no conocéis a nadie os aburráis un poco. En la entrada del sitio había un perchero con multitud de disfraces a elegir. Ya en nuestro cuarto, varios mandos para programar las canciones, anuarios de canciones (¡actualizadísimos!) y un interfono para hacerles pedidos a los camareros (mediante el cual Adri puso a prueba su japonés, jajaja). Tras unas cuantas cervezas allí TODOS nos soltamos la melena, incluido Ichiro. La distancia que impone la cortesía japonesa se había roto y dejaba paso poco a poco a colegueo y confianza. Volvíamos a casa totalmente enamorados de nuestros japonesito.

A la mañana siguiente, estábamos un tanto triste por tener que decirle adiós a nuestro amigo pero, a pesar de sus muestras de cariño hacia nosotros durante aquellos días, reapareció la fría cortesía japonesa y he de confesar que tanto Adri como yo nos quedamos cortados de no poder pegarle un gran achuchón.

tsukiji-market-tokio-japon

El Señor pescador con su toalla atada a la cabeza

El mercado de pescado de Tokio

Dejamos nuestras maletas en la estación de tren y nos fuimos a visitar el barrio de Tsukiji. Pasamos por delante del Teatro Kabukiza y nos fuimos a visitar el famoso mercado de pescado de Tokio. Guiándome por mi instinto viajero – y poniendo nuestras vidas en peligro cruzando callejones oscuros-, seguimos a un tipo que tenía pinta de saber dónde ir a tomar un buen sushi. ¡Bingo! Encontramos un encantador “mesón” en el interior del mercado (dónde no nos encontramos a ningún turista) y degustamos el mejor sushi que he tomado en mi vida por unos 6 euros el menú (aún lloro recordándolo).

Paseamos toda la tarde-noche por el barrio de Akihabara, la ciudad eléctrica, hipnotizados por sus luces de neón y tiendas de gadgets pero la locura se desató cuando, de casualidad, encontramos una tienda de disfraces Cosplay con pelucas de oferta, jajaja (Próximamente en Tomas Falsas V).

maid-cafe-tokio-japon

Señorita Maid buscando clientes

De camino a la estación, pasamos por delante de varios Maid Cafés donde estas chiquillas intentaron (sin éxito) convencernos para entrar. Tras comprar una cajitas de bento (como buenos japoneses que somos) y tras sufrir horrores en un vagón para fumadores (ningún asiento libre en no fumador 🙁 ), nos dirigiríamos esa noche hasta nuestra siguiente destino: Kioto.

zojo-ji-tokio-japon

Las curiosas estatuas del cementerio de Zojo-ji (Foto: skandal00)

De shopping por Shimo Kitazawa

Últimos días ya en Tokio: ¡Había que darlo todo: eran nuestros últimos días en Tokio! Sorprendentemente el viaje no había sido tan caro como nos lo imaginábamos (Mucho ahorro gracias a Couchsurfing y AirBnb, las visitas a los monumentos y comer fuera no era caro… Lo más prohibitivo fue el transporte, gasto controlado gracias al Japan Rail Pass) así que nos dimos un homenaje y nos fuimos de compras con nuestros últimos yenes. Sólo diré que nunca había vuelto de un viaje tan cargada: ¡23 kilos de equipaje facturado! ¡Por poco me paso!

zojo-ji-tokio-japon

Señores que no saben encuadrar el templo y nuestros kimonos

Durante nuestro penúltimo día decidimos ir hasta el barrio de Shimo Kitazawa (que encontramos mencionado en nuestra Lonely Planet de casualidad). Nos encontramos en un barrio muy bohemio, lleno de artistas, cafeterías “super cools”, tiendas de ropa de segunda mano. ¡Como a nosotros nos gusta! XD

torre-tokio-japon

¿París? ¡No, Tokio!

Recorrido por Ropongi Hills y sesión de fotos con kimono en el parque Zojo-ji

Luego nos fuimos en dirección a Ropongi Hills a ver los modernos edificios que caracterizan este barrio llenos de rascacielos futuristas y, para no variar, volvimos a perdernos. Finalmente aterrizamos junto a la Torre de Tokio. Junto a ella se encuentra el parque de Zojo-ji con curiosas estatuas vestidas en su cementerio. Caía ya la noche y, como teníamos nuestras últimas compras con nosotros, decidimos cambiarnos (en plan casual, jaja) y “volvernos muy japoneses”: nos enfundábamos nuestros kimonos y obis recién comprados para una sesión de fotos delante del templo budista y de la Torre Eiffel (¡uy, no, que no estábamos en París sino en Tokio, jejeje!).

nabe-party-japon

Menú de la Nabe Party

Fiesta japonesa (de despedida)

De regreso a casa de nuestro Host, este nos había avisado que haría una fiesta en su casa coincidiendo con nuestra última noche en Japón. Como os imagináis, estaríamos más que encantados. Los amigos de Daigo eran muy majos y todos hablaban inglés así que fue muy divertido hablar con ellos del montón de cosas que nos habían pasado durante nuestro viaje (aquella noche resolvimos la misteriosa anécdota del Museo de Arte Contemporáneo de Tokio). La “Nabe Party” resultó ser una cena muy sana con bastante poco alcohol en comparación con las fiestas que montamos aquí. Varios de los chicos prepararon unos okonomiyakis mientras otros se encargarían de la “nabe” (una olla tradicional con agua hirviendo) a la que añadirían un “avecrem” japonés (¡Gloria!) y cada poco tiempo varios ingredientes (verduras, fideos, carne). ¡Una noche muy auténtica con pequeños terremotos incluidos!

parque-yoyogi-tokio-japon

Bailando en el parque Yoyogi

El barrio de Harajuku y el parque Yoyogi

Al día siguiente nos despedimos de Daigo ya por la mañana. Pensábamos dejar nuestras maletas en unas taquillas en el centro pero, desgraciadamente, parece que aquel día nos echaron una maldición: a pesar de los millones de taquillas que hay en todas las estaciones perdimos casi 2 horas para encontrar unas libres. Finalmente nos fuimos al barrio de Harajuku a pasar nuestras últimas horas en Japón.

parque-yoyogi-tokio-japon

Los niños pasándoselo pipa

parque-yoyogi-tokio-japon

Moderna paseando a sus hurones

Era domingo y había muchísimo ambiente. Nos fuimos dejando llevar por la multitud y acabamos en el parque Yoyogi. El lugar me encantó. En aquel momento me di cuenta que lo que más me había gustado de este viaje (aparte de los miles de ataques de risa con Adri – ¡Jamás me reí tanto!) eran los propios japoneses. Lo mejor había sido convivir con ellos, observar sus costumbres e intentar entenderlos. Aquella tarde vimos de todo: jóvenes con pintas extrañas paseando sus hurones, pandillas de amigos practicando sus coreografías en el parque, familias disfrutando con los niños y los famosos rockeros del parque dándolo todo para los muchos turistas que estábamos allí…

Un viaje que parecía un imposible, un lugar inalcanzable, un sueño cumplido, un recuerdo que siempre llevaré en mi piel…

 

2 Respuestas

  1. Adri

    Así contado el viaje parece súper normal.
    La gente TIENE que saber más.

    Responder

Deja un comentario