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Estudianditos japoneses Tokio

El Karma y sus caprichos…

Después del verano el planazo estaba claro: 15 días locos por Tailandia con mi amigo Adri. Yo ya había empezado a mirar vuelos, hoteles, lugares que visitar… Pero como ya os conté anteriormente, el Karma es caprichoso… Cuando me decidí a comprar los billetes, los precios habían subido y de repente me encontré con algo inesperado. Nunca olvidaré aquella llamada y los nervios, sofocos que tenía:

Sandra: – Adri, no sé qué hacer… Iba a comprar el billete

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Barrio de Togoshikoen, Tokio

a Bangkok pero han subido de precio… Y acabo de encontrar un billete i/v para Japón a 550 euros desde Santiago. Sí, sí. Santiago de Compostela-Estambul-Tokio ¿QUÉ HACEMOS?

Adri(Silencio)

Sandra: -Adri, ¿qué hacemos? Japón es nuestro sueño desde siempre. Desde que nos conocemos siempre hablamos de hacer algún día ese viaje. ¡¿Ha llegado el día?! ¿Cómo lo ves? ¡Aaaaaaaah! (Histerismo total)

Adri. (Silencio). Vale.

Me cuelga y con los nervios, me doy cuenta de que no tengo sus datos para reservar el billete. Vuelvo a llamarlo. No me coge. A lo mejor perdemos esa oportunidad… Me llama de nuevo. Estoy roja, taquicárdica. Me confirma su fecha de nacimiento, su número de DNI, compro el billete con él al teléfono… Está hecho: ¡Acabamos de comprar un billete de avión para Tokio y no estamos nada mentalizados! Estamos bajo shock durante todo el mes siguiente y no dejamos de bromear con el hecho de que tenemos que ahorrar “yenes” para uno de los viajes que probablemente sea uno de los más importantes de nuestras vidas…

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Centro de Tokio dónde hasta unas simples vallas son bonitas

¡Primer día en Tokio, allá vamos!

Llega el gran día y aún en el avión no nos lo acabamos de creer. ¡Nos vamos al otro lado del planeta! Nada más aterrizar, tal y como nos lo imaginábamos, nos sentimos abrumados por todo: la gente, los carteles, los rótulos en japonés, las máquinas expendedoras por doquier…

Toca entonces aventurarse en el metro y dirigirnos a casa de nuestro primer couchsurfer Ichiro, con el que pasaremos tres noches. Vive en el barrio de Togoshikoen. Tenemos el móvil que nos hará de GPS…¡hasta que me doy cuenta de que no se apagó correctamente durante el vuelo y que me he quedado sin batería! ¡Genial! Llegamos al barrio según las indicaciones y curiosamente a pesar de estar en el área metropolitana de Tokio, parece que estamos en un encantador puebleclito. Intentamos pedirle indicaciones a los autóctonos (ni “papas” de inglés) y conseguir un teléfono para llamar a Ichiro (Nos hemos perdido capítulo I). Milagrosamente conocemos a un chico americano en un supermercado que nos indica amablemente el camino.

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Japoneses sonríentes, japoneses con mascarilla

Conocemos a Ichiro que, como buen japonés que es, nos saluda reverenciándonos y nosotros le imitamos emocionados. Nos conduce a su adorable casita y nos vamos a la cama aunque con la emoción de estar allí y el jet lag queremos que se haga de día para visitarlo todo YA.

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Palacio Imperial de Tokio

Visita al Museo Nacional de Arte Moderno

Al día siguiente, a pesar de apenas dormir, estamos tan impacientes por verlo todo que nos olvidamos de que estamos cansados. Empezamos con el Palacio Imperial y sus jardines (¡No busquéis la entrada porque no se puede visitar su interior! :D). A continuación a un paso de allí, decidimos visitar el interesante Museo Nacional de Arte Moderno dónde empezaríamos experimentar ciertas diferencias culturales (próximamente en Tomas Falsas V).

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Templo Senso-ji

Visita al Templo Senso-Ji

A la tarde nos dirigiríamos al Templo Senso-Ji, otras de las grandes atracciones de Tokio. Recorreríamos toda la calle Nakamise-dōri llena de tiendas y turistas para acercarnos a este precioso templo budista. El ambiente que se respira allí es como mágico. Muchos japoneses se acercan allí para pedir deseos de buena suerte así que nosotros les observábamos e imitábamos hipnotizados por las fuentes, el humo del incienso, los botes de monedas y los papelitos con caracteres Kanji anudados.

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El Gundam de 18 metros defendiendo el centro comercial

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Desde la isla de Odaiba con Estatua de la Libertad incluída

Crucero por el río Sumida

Al anochecer decidiríamos coger un crucero por el río Sumida que nos dejaría en la isla de Odaiba. Nuestro barquito de diseño futurista no mostraría la enorme metrópolis en todo su esplendor, llena de luces y rascacielos. De repente, parecía que estábamos en la película Blade Runner. La ciudad parecía no acabar nunca. Al llegar a destino nos encontraríamos con edificios curiosos como el Edificio Fuji Televisión y sorprendentemente con una Estatua de la Libertad y un enorme centro comercial protegido por un Robot Gundam de 18 m. ¡Todo tan loco!

Recuerdo que ese primer día estábamos tan abrumados con todo que, a pesar de lo mucho que visitamos, las horas se nos pasaron volando y es que realmente empezábamos a darnos cuenta de que acabábamos de aterrizar en otro planeta.

 

2 Respuestas

  1. Adri

    Así contado el viaje parece súper normal.
    La gente TIENE que saber más.

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