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Las coloridas vidrieras de Arg-E Karim Khan

Visita a la Fortaleza de Arg of Karim Khan

Tras mi mañana en Persépolis, por fin volví a Shiraz y, como aún me quedaban unas horas por delante antes de que mi Couchsurfer llegase del trabajo, decidí quedarme en el centro y visitar la fortaleza de Arg of Karim Khan (además, de este modo, evitaba cargar con mi maleta de un lado al otro 🙂 ).
El interior de esta ciudadela era realmente precioso. Sus jardines y sus fuentes me transmitían un montón de paz. Al igual que me había pasado en Teherán, no daba crédito de cuánta belleza, delicadeza me transmitían todos aquellos monumentos. Apenas había turistas así que era muy agradable poder tomarme mi tiempo observando cada mínimo detalle de esta fortificación construida en el siglo XVIII con sus tan característicos torreones decorados.

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Gentes haciendo pic nic junto al a fortalez de Arg E Karim Khan en Shiraz

Una couchsurfer de lo más moderna

Tras la visita, al fin, fui a encontrarme, Raha. Ella también, al igual que Samira, trabajaba y vivía sola así que seguro que tendríamos mucho de que hablar. Nada más abrir la puerta me quedé sorprendidísma. Si Samira me había parecido una chica muy occidentalizada, Raha era una chica super moderna y atrevida. Llevaba un pañuelo rosa flúor con las uñas y los labios pintados a juego y un corte de pelo muy vanguardista con la mitad larga y mitad rapada. Supongo que debió de notar mi cara de sorpresa y, al abrirme la puerta, se echó reír. No pude menos que confesarle que efectivamente me había impactado su look. Para nada esto era la imagen que tenía de la mujer iraní. Ya podía augurar que en aquella casa también habría muchas horas de conversación interesantes… De hecho, para mi sorpresa, entre muchas otras cosas, con Raha descubrí que existía una policía iraní de la “decencia” que podía amonestarte o multarte si consideran que tu ropa es demasiado llamativa…

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Vistas a Shiraz y al Qu’ran Gate

Paseo nocturno por Shiraz para ver el Qu’ran Gate

Tras prepararme una exquisita cena y reírnos un montón con su encantadora y glotona perrita Choco, Raha decidió coger su coche y, con un amigo suyo, nos fuimos a pasear a un bonito parque junto al Qu’ran Gate. Lo cierto es que la ciudad de Shiraz me estaba pareciendo preciosa y aún acababa de empezar.
Aquella noche, al igual que con Samira, Raha y yo intercambiamos un montón de opiniones. Ella sí que me pareció una mujer más transgresora y revolucionaria. Me dio otra perspectiva de las grandes desigualdades que aún sufren las mujeres en Irán. Sin embargo, en muchas ocasiones, no podía dejar de pensar que muchos de esquemas machistas – aunque no están tan marcados – aún residen también en nuestra sociedad occidental, supuestamente más adelantada…

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Exquisitos mosaicos de Masjed-E Vakil

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Persia en todo su esplendor

Aquella noche también aproveché para pedirle consejo a mi host. Estaba en Irán… ¡Y seguía sin haber visto el desierto! ¿¡Cómo podía ser!? Shiraz, a pesar de estar más al sur, y incluso Persépolis que se encontraba a sus afueras, estaban rodeadas de paisajes verdes y montañosos, había un montón de césped, palmeras, jardines y fuentes tan necesarios para las épocas de mucho calor… Cinco horas en coche me separaban de la ciudad de Yadz. ¿Merecía la pena tal sacrificio para sólo poder quedarme un día allí? ¡Decidí echarlo a suertes! Cogí mi guía, llamé a una agencia que organizaba tours guiados por el desierto. Si podían enseñarme el desierto al día siguiente iría y si no, quedaría para otro viaje. Un tal Massoud cogería el teléfono mientras estaba en una agencia de viajes comprobando horarios de bus.

  • A qué hora llegas? Iré a recogerte a la estación – Me preguntó

– ¡Sólo quedan plazas en el bus nocturno! Llegaría a las 4h de la mañana…

  • No te preocupes – me contestó – si quieres ver el desierto, ¡lo verás!
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Tumba del poeta iraní Hafez

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Morir de amor por Nasir-Ol-Mosk

Descubriendo Shiraz

Empezaba a estar agotada por la intensidad que estaba cogiendo este viaje pero a la vez me sentía tan feliz por lo bien que estaban trascurriendo todas mis aventuras gracias a la amabilidad de los iraníes. Aquel día, visitaría las pequeñas joyas de Shiraz: el palacete de Naranjestan & Khan-e Zinat ol-Molk, la mezquita Vakil y la de Nasir al Musk. ¡No sabría deciros cuál me gustó más o fue la más bonita! Todas estos lugares eran tan extremadamente perfectos; los preciosos colores de las vidrieras, los exquisitos mosaicos, los delicados detalles florales… Shiraz, la capital de Persia, resultaba ser una auténtica delicia. Empezaba a entender que fuese conocida como la ciudad de la poesía, el vino, las rosas y las luciérnagas.

A última hora de la tarde regresaba a casa para despedirme de Raha. Haríamos una última visita a la tumba de Hafez (uno de los poetas más importantes de Irán) antes que me fuese a coger el autobús. Lo cierto que es que el lugar no tenía mucho: era simplemente otro bonito jardín con un mausoleo en el centro pero el ambiente allí era tan agradable. De hecho, con aquella iluminación resultaba un lugar de lo más romántico.

¡Shiraz definitivamente me había conquistado! ¡Qué rápido habían pasado estos dos días! ¡Qué pena me daba dejarla ya y no seguir conociendo a Raha! Afortunadamente, aunque Internet está capado, menos mal que casi todo el mundo tiene facebook en Irán… 🙂

 

 

 

 

 

 

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