Fin de semana en Cantabria

¿Todo el verano sin ningún viaje? ¡Ni de broma! No tenía plan, andaba aburrida… ¡Y tenía que seguir intentando conseguir más puntitos del libro! Era puente así que tras unos minutos en la web de Blablacar… ¡Bingo! Un coche que va en dirección a Bilbao y… Quiero ir a visitar Santillana del Mar, en Cantabria. ¡Allá vamos!

 

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Los raqueros del puerto de Santander

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El precioso hospedaje de Casa Octavio

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El claustro de la Colegiata de Santillana

1. Santillana del Mar

Por la mañana tempranito a 5 minutos de mi casa, me recogía una encantadora pareja vasca residente en Santiago. El viaje con ellos además de rápido, económico y seguro, fue tan ameno que casi les convenzo para quedarse conmigo, jejeje.

Apenas eran las 12 de la mañana y ya me encontraba en Cantabria, una comunidad autónoma en la que nunca había estado antes. La noche anterior lograba de milagro reservar en un hostal en Santillana del Mar (todo estaba completo por el festivo) y cuál no fue mi sorpresa cuando descubrí la suerte que había tenido. ¡Esa casita de madera cántabra con sus flores era tan perfecta y tan auténtica!

Tras instalarme y ver lo fácil que había salido todo, estaba de subidón con ganas de verlo todo. ¡Y sí, Patricia Schultz, Santillana del Mar es muy probablemente uno de los pueblecitos con más encanto de toda España. ¡No me extraña que esté en la lista de los 1000 sitios que ver antes de morir!

Casa Octavio está justo detrás de la mismísima Colegiata de Santa Juliana así que empecé por ahí. El claustro románico me pareció realmente precioso. Seguí dejándome llevar por las calles adoquinadas de Santillana, y como estaría allí aún al día siguiente y es un lugar pequeño, decidí coger un autobús para empezar por los “alrededores”.

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San Vicente de la Barquera

2. San Vicente de la Barquera

Mi primera parada la haría en San Vicente de la Barquera, un pueblo pescador bonito pero por desgracia confieso que me decepcionó un poco. Posee un castillo medieval y las vistas al Cantábrico lindas pero tampoco hay muchas más que ver…

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Torre de El Capricho de Gaudí

3. Comillas

Tras un breve paseo, volví a subirme al bus y esta vez pararía en Comillas. Muy pronto me arrepentiría un poco del tiempo perdido en San Vicente. En Comillas no sólo me llamó la atención su bonito centro con su Plaza Vieja, sus casas del s. XVIII, el impresionante complejo de edificios de la Universidad Pontificia, varias mansiones de estilo indiano, el romántico cementerio coronado por su ángel exterminador,  su playa, el llamativo Palacio Sobrellano (¡Gracias trenecillo turístico para poder mostrármelo todo!) sino que además se afianzó – aún más si cabe – mi amor por Gaudí con mi visita a “El Capricho”. Al ser un lugar relativamente pequeño, las visitas son guiadas y ¡Qué maravilla! Muy recomendable para los fans del genio catalán, sobre todo, para no perderse los miles de detalles ocultos, escondidos en esta fascinante construcción.

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Exposición de Piedad Isla

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La preciosa Santillana del Mar

4. El Museo de Altamira

Al día siguiente, seguiría visitando Santillana. Creo que no me quedó centímetro recorrer. Tantos sus edificios medievales, como renacentistas y barrocos, como sus parques y sus fuentes nos sumergen en la historia. Al ser puente, estaba repleto de turísticas pero aquello no le quitó ni un atisbo de belleza para mí.

Decidí adentrarme en el Palacio Peredo Barreda en la que tendría la oportunidad de visitar además del Palacio y sus jardines, una exposición de la magnífica fotógrafa Piedad Isla.

A la tarde me decantaría para visitar el famoso Museo de Altamira. Se encuentra a 2 kilómetros de Santillana por lo que se puede ir en coche o caminando (unos 30 minutos con un camino habilitado para los peatones y preciosos paisajes 🙂 ). La exposición sobre la prehistoria es extremadamente completa  y está muy enfocada hacia un público familiar, para los niños. Desde luego, para mí lo más interesante fue la visita guiada a la Neocueva (una réplica de la cueva original que se encuentra a unos pasos allí) aunque me hubiese gustado más poder ver las auténticas pinturas ( Véase horarios muy restringidos).

Un fin de semana de lo más completo que acabaría en Santander dónde quedaría con otro “Blablacar” para regresar a Galicia

 

5. Santander en un día

Tras dos días descubriendo pueblecitos cántabros con mucho encanto como Santillana del Mar, San Vicente de La Barquera y Comillas pasaría el domingo en Santander.

El sábado por la tarde, “controlando” el presupuesto, opté por el tranquilo Hostal Santander ¡Y qué pasada! Por 19 euros la noche con desayuno, en habitaciones limpias y cómodas, con wifi gratis e instalaciones impecables, este hostel no tiene nada que envidiarle a algunos hoteles. ¡Además quién no quiere alojarse por ese precio en un precioso edificio histórico y desayunar con vistas al mar!

Así que esa misma tarde, al dormir en un lugar tan céntrico, aproveché para pasear al atardecer por el Paseo Peneda y “saludar” a los raqueros  buscando degustar unas buenas tapas ¡que de eso en Santander saben un rato! El lugar elegido (¡gracias Foursquare!) fue Casa Lita. ¡Aún salivo recordando aquellos pequeños manjares! Cuando un lugar de comida está a reventar como aquel… ¡Está claro que es muy buena señal!

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El puerto de Santander

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El Edificio del Banco Santander de Santander

Reservaría fuerzas para el día siguiente ya que tocaría recorrer Santander en menos de 24 horas, eso sí,con un tiempo fabuloso :). Mi primera parada, pasando por la vieja oficina de Correos y la austera Catedral, sería en la Plaza fortificada y el imponente edificio del Banco Santander. Luego seguiría todo lo largo del Puerto: ¡Qué impresionante es la bahía! En nada llegaba ya a la pequeña Playa de los Peligros. ¡No podía dejar de caminar! ¡Todo era tan bonito!

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El bonito Palacio de la Magdalena

A continuación llegaría el tramo  más “complicado”, cuesta arriba: la imponente Península de la Magdalena y su precioso Palacio. Las vistas a los acantilados con vistas a la Isla de Mouro no defraudan. A continuación,  me encontraría ya con la Playa de Bikini con sus tres carabelas y  un sorprendente mini zoo gratuito con pingüinos, leones marinos y focas.

A lo tonto, cuando miré para mi reloj, habían pasado ya casi 3 horas desde el inicio de caminata, cuando por fin me encontraba con la enorme Playa del Sardinero. Así que al llegar al mirador que la separa en dos, decidí que me merecía un descanso tomándome unas buenas rabas en una terraza junto al precioso Casino de Santander.

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La Sirena de la Playa Sardinero

6. Santander en bicicleta

Aunque Santander no parecía tan grande realmente fueron muchos los quilómetros que me separaban ahora de la estación de bus (junto a mi hostal) así que para regresar, decidí alquilar una bicicleta pública (gestionado por Tusbic. Rezad por no tener problemas con las bicis porque su atención al cliente es pésima). El regreso, de esta manera, fue de lo más llevadero. El alquiler es por horas así que resulta muy económico y hay bicicarril todo lo largo del mar así que en apenas 30 minutos ya estaba de vuelta.

Tras dejar mi bici, recorrería por última vez los bonitos Jardines Pereda, las calles peatonales y comerciales del centro  y pasaría junto a la Plaza del Ayuntamiento antes de regresar a casa.

¡Qué ganitas de volver a Santander y a Cantabria después de este fin de semana improvisado perfecto! 🙂

 

7. Vídeo resumen de mi fin de semana en Santander

 

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