A pocos días de realizar uno de mis viajes soñados, decidí aprovechar el Puente de Todos los Santos para volver a una ciudad que a pesar de ser muy cercana a mí, no conocía: Salamanca.

Como ya os conté anteriormente, mi media procedencia salmantina hace que siempre hable maravillas de la Tierra de mi madre pero la verdad es que apenas conocía capital. Así que, de paso que me reencontraba con un montón de familiares a los que hacía tiempo que no veía, aproveché para hacer una pequeña escapada turística por una de mis “ciudades de origen”.

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San Juan de la Cruz con la Catedral detrás de él

1. Paseo por el centro de Salamanca

La ciudad de Salamanca es muy llana y se recorre perfectamente su casco antiguo a pie. Nada más llegar a la estación de autobús empecé mi recorrido en el Campo San Francisco encontrándome de lleno con el colegio Fonseca, el Palacio Monterrey y la Calle Ancha para acabar en la mismísima Plaza Mayor. Tras una primera parada en la espectacular plaza que aún recordaba (¡Cómo olvidarla!), seguí mi recorrido por la Plaza del Corrillo y por la Calle Mayor llena de turistas: ahí estaba la ya famosa y tan característica Casa de las Conchas.

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Convento de San Esteban

2. Las dos catedrales de Salamanca

Siguiendo de frente, a pocos metros ya me encontraría con las dos Catedrales, la Nueva y la Vieja. Por falta de tiempo y por culpa de las horrorosas colas de visitantes en día festivo, no entré pero las rodee por entero para apreciar los miles de detalles de sus impresionantes fachadas.

Tras una brevísima parada para comprar un poco de hornazo, decidí alejarme un poco del casco antiguo. Bajé hacia el río Tormes y crucé el Puente Romano para poner sacar preciosas instantáneas de la ciudad. 🙂

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Biblioteca de la Universidad de Salamanca

3. Casa Lis

Volvería a cruzar el puente para entrar en el Museo Modernista – Casa Lis cuya fachada me había llamado especialmente la atención desde el otro lado del río. Recomiendo esta visita: las vidrieras de todo el edificio son preciosas y la colección de objetos (desde joyas hasta juguetes) es muy interesante.

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Aparición de Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca

4. El Huerto de Calixto y Melibea

Al salir, me dejaría llevar por la marea de turistas y acabaría por casualidad en el Huerto de Calixto y Melibea. Un bonito y sencillo jardín romántico, con un pozo lleno de candados (dejados allí por los enamorados) y una estatua de la Celestina recordándonos que ese es el lugar en el que Fernando Rojas se inspiró para su obra.

A tiro de piedra me encontraba con el bonito Convento de San Esteban. Por desgracia no estaba abierto al público aquel día por lo que no pude entrar en el lugar en el que se casaron mis padres hace años. 🙂

 

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Casa de las Conchas de noche

5. La Universidad de Salamanca

Tras callejear y callejear sin parar, el ambiente de la ciudad seguía animado y al pasar por la puerta de La Clerecía, decidí que le dedicaría lo que me quedaba de tarde en visitar las famosas Escuelas Mayores de la Universidad. Primero me detendría en su fachada en la que todos los guiris estaríamos buscando la famosa rana y luego visitaría sus claustros. A continuación, entraría a visitar las diferentes aulas y salones (todos ellos impresionantes), la capilla, la biblioteca y las famosas Escaleras del Conocimiento que son todo un emblema de la Universidad.

Al atardecer, para despedirme de la ciudad, cruzaría de nuevo el río (esta vez por el Puente del Tormes) para volver disfrutar de más panorámicas espectaculares de Salamanca antes de que se fuese el sol. Tras un día muy intenso como podéis ver, volvería a pasar por todo el casco antiguo de camino a casa y me quedaría aún más maravillada con toda la ciudad: todos los edificios de noche resultan aún más impresionantes si cabe por la iluminación. La piedra dorada y resplandeciente te deja boquiabierto y si la ciudad ya te ha gustado de día, de noche te enamora definitivamente.

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