Sensaciones sobre Rangún

Tras dos semanas en Malasia que habían dado mucho de sí, empezaba una nueva aventura: Myanmar, la antigua Birmania. Tenía muy buenas referencias sobre este país así que sólo esperaba que no me defraudara. ¡Y no lo hizo!
Nada más llegar a Rangún, antigua Yangón, me vi envuelta en un mundo totalmente diferente al mundo multicultural y relativamente occidentalizado de Malasia. El turismo en Myanmar apenas se ha abierto hace 10 años y pequeños detalles como sus largos longuis y sus caras recubiertas de thanaka, la autenticidad y carácter propio de Birmania enseguida me empezaron a enamorar.

Nada más instalarme en mi hostel, pude disfrutar de sus olores y sabores al encontrarme en el mismo Chinatown, un mercado de comida de lo más loco en el que durante los próximos cuatro días siguientes adoraría perderme.

Visita a la Pagoda Shwedagon

Una de las primeras visitas y de los lugares imprescindibles para visitar es, sin duda, Shwedagon Pagoda. Este enorme complejo religioso con cientos de estupas es realmente impresionante. Tiene 4 accesos con unos largos pasillos con escaleras con techos esculpidos. En su interior cada representación de buda es a cuál más curiosa y espectacular. Los de monjes budistas que visitan este monumentos le dan color al conjunto (rojo, ellos, y rosa, ellas). Estos adorables monjes no dejaban de pedirme fotos sin parar o simplemente se me acercaban con la excusa de practicar inglés… 🙂

Visita al Lago Kandawgyi

Tras la visita a la Pagoda Shwedagon, lo ideal es claramente dirigirse al parque que se encuentra a su lado para pasear por el mágico Lago Kandawgyi. Se puede recorrer todo el lago recorriendo sus kilómetros de puentes de madera hasta llegar al barco imperial de Karaweik (acceso de pago. En su interior, un restaurante en el que se puede asistir a conciertos de música tradicional).

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El barco Karaweik en el Lago Kandawgyi

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El bonito parque del Lago Kandawgyi

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Las costureras del Mercado Bogyoke

El mercado de Bogyoke

Al día siguiente, caminaría a echar un vistazo al gran mercado de Bogyoke, un antiguo edificio colonial que recoge todo tipo de artículos perfectos para comprar regalos: telas, joyas y artesanías.

El Buda reclinado

A continuación me dirigiría hacia otro de los emblemas de Rangún: el Buda reclinado en la Pagoda Chaukhtatgy. No me esperaba que tras ver unos cuantos Budas, este pudiese impresionarme tanto. Aunque no es una de las estatuas más preciosas ni más antiguas, su tamaño (6 pisos de altura) y belleza no son nada desdeñables. Descatan sus enormes pies con los símbolos representativos de las cualidades superiores de Buda.

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El buda reclinado

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El Museo Nacional de Rangún

El Museo Nacional de Rangún

Durante las dos semanas por Malasia, no encontré ningún museo que llamase demasiado mi atención, sin embargo, en el caso de de Myanmar, el Museo Nacional de Rangún sí estaba altamente recomendado. Confirmo que merece la pena. Es un compendio de la cultura y de las tradiciones del país: desde objetos arqueológicos hasta una interesante colección de trajes regionales. Cuando salí del museo, estaba emocionada por descubrir todo lo que Myanmar tenía aún por enseñarme.

El Rangún colonial

Durante el tercer día, me dirigiría en dirección a otra de sus pagodas más importantes de la ciudad, la Pagoda Sule que, por desgracia, vería debajo de unos andamios al encontrarse en reformas. A un paso empieza el barrio colonial de la ciudad que se entremezcla con el distrito financiero. ¡Nada que ver con lo visto los días anteriores! Occidente había ganado la partida en esa zona de la ciudad. Si bien es cierto que algún que otro edificio colonial es bonito, muy pronto me escaparía en dirección al río Rangún.

La Pagoda Botahtaung

Visitaría finalmente la pagoda más antigua de la ciudad, la Pagoda Botahtaung, que se encuentra algo apartada de todo lo demás, en la ribera del río Rangún. Lo más destacable de esta pagoda es que todo su interior están recubiertas de paredes de oro y más oro. Tras una media hora de recorrido y sin encontrarle mucho más, decidí entonces sentarme frente a uno de sus budas, una costumbre que se repetiría mientras estaría por Myanmar. Todos sus templos me transmitían tanta cordialidad y paz que me gustaba sentarme junto al resto del gente que, muchas veces, más que para reza simplemente se convierte en un lugar de reunión.

El horóscopo birmano

Entonces, se acercó un hombre mayor que educadamente me preguntó en inglés de dónde venía y qué hacía allí. Entonces le conté que me había tomado un tiempo para viajar. Me preguntó sí sabía que el horóscopo birmano era diferente. Me explicó que todo dependía del día de la semana en la que habías nacido y me preguntó por el mío. Tras contestarle que el lunes me dijo que entonces mi planeta era la luna (“sandora” en birmano) y mi animal el tigre. Me quedé perpleja pero él se quedaría más alucinado cuando le dije que me llamaba “Sandora” y le enseñé que tengo tatuado una media luna con un felino en mi omóplato derecho.

– ¿De verdad, no sabías que esos son tus símbolos?

– ¡Desde luego que no!s ¡Si no, no te lo hubiese enseñado! – Le contesté

Así que el hombre emocionado, me cogió de la mano y empezó a contarle esta casualidad a sus amigos que por allí andaban. Entonces, salimos al patio y me dijo que si el destino me había llevado hasta Myanmar, tenía que echarle agua a mi signo. Allí nos fuimos junto al tigre y seguí el ritual que me indicó.

– ¿Tienes hermanos?  – Me preguntó
– Sí, le contesté.
– ¿Qué día nació?
– Un miércoles.
– Bueno, pues iremos también a echarle agua al elefante para protegerla de la mala suerte. Así lo hicimos…

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