Le tocaba el turno a Ecuador. Estaba intrigada con este país y es que, excepto sus famosas islas Galápagos, confieso que no sabía mucho más de él. Me moría de ganas, al igual que cuando llegué a Colombia, de que me sorprendiese a su manera.

Lo primero que me llamó muchísimo la atención fue la amabilidad y la educación de los ecuatorianos. A diferencia de los colombianos, muy risueños, los ecuatorianos me parecieron desde el primer momento más preocupados por ayudar. Su carácter no es tan pasional sino más bien retraído y sosegado. Esa misma sensación me transmitirían luego las procesiones de Semana Santa.

Conociendo a Jessica

Nada más llegar a mi hostel, Quito me sacaría una primera sonrisa. Mi alojamiento tenía una de las mejores vistas que se puede tener de toda la ciudad. Poder desayunar, comer o cenar con esas panorámicas, un auténtico lujo. Al poco de instalarme en aquel animado y colorido hostel lleno de mochileros, me llamaría la atención una chica de melena rubia impecable con su black dress y tacones. ¿Qué pintaba en un lugar como aquel una chica como esa? La vi tan perdida que me acerqué a presentarme. Tras cruzar unas cuantas frases con ella, me confesaba que se sentía atemorizada en aquel lugar. Era la primera vez que viajaba sola de mochilera a sus treinta y tantos e iba a viajar durante 3 meses, jejeje. Hicimos muy buenas migas y pronto me quedaría claro que, tras dos meses y medio de viaje en solitario, tendría compañera de viaje para recorrer Ecuador. 😉

Durante el primer día nos dedicaríamos a recorrer el centro histórico de Quito, Patrimonio de la Humanidad, con un FreeTour. Es realmente maravilloso si te gusta la arquitectura pero prepárate para entrar en un sinfín de edificios religiosos.

1. La Basílica del Voto Nacional

Por un lado, nos encontramos a la Basílica del Voto Nacional,  con un llamativo estilo neogótico que me recordó muchísimo a Notre Dame en París. Al igual que en esta, son llamativas sus gárgolas aunque la mayor diferencia es que, en este caso, representan animales de la fauna ecuatoriana. Se puede subir a sus torres principales y las vistas son realmente espectaculares. También se encuentra allí un panteón de Grandes hombres de Ecuador.

2. El Centro Histórico de Quito

a. La Plaza de la Independencia

Por otro lado, tenemos la Plaza Grande o Plaza de la Independencia y corazón del centro colonial. Está rodeado de edificios a cuál más interesante: el Palacio Presidencial o Palacio de Carondelet, la Catedral y el Salón de la Ciudad (Ayuntamiento). Detrás de este último se encuentra la Plaza Chica. Podéis entrar en el museo Centro Cultural Metropolitano, subir a su terraza y ver el casco histórico gratis desde las alturas.

b. La Plaza de San Francisco

A un paso de ahí se encuentra la Plaza San Francisco en el que se encuentra su espectacular iglesia y su convento del mismo nombre. Bajo la Iglesia no dejéis de meteros en las pequeñas tiendas de artesanía que se encuentran en unos soportales. Tienen un montón de túneles-pasadizos de lo más curiosos.

c. La Plaza de Santo Domingo

La última de las plazas imprescindibles de Quito es la Plaza de Santo Domingo. Allí se encuentra su iglesia con un interior de lo más ostentoso como casi todos los edificios religiosos de Quito.

Coronando todo Quito, está el cerro de Panecillo. En su cima se encuentra la Virgen de Quito que se puede ver desde casi cualquier rincón de la ciudad.

 

 

 

3. El mirador de Pululahua

Al día siguiente, Jessica y yo conoceríamos a otro viajero solitario, Deonza, un chico neoyorkino. Así que entre los tres decidíamos contratar una excursión de un día a un taxista para visitar las afueras de la ciudad. A una hora del centro de Quito se encuentra este mirador también conocido como El Cráter. Está al lado del Monumento Mitad del Mundo. Ahí realizamos nuestra primera parada. Desde allí se puede ver esta reserva geobotánica y su volcán. Las vistas son preciosas como podéis ver. Hay una pequeña cafetería para disfrutar de ellas y una tienda de recuerdos.

4. El Museo Intiñan

A unos 5 minutos en coche, está también el también conocido como el Museo del Sol que nos recomendó encarecidamente el taxista. Durante la visita guíada nos mostraron los diferentes tipos de chozas originales, la historia, los ritos y las costumbres de las etnias ecuatorianas: los Shuar, los Huaorani y los Kichwa. Fue realmente muy interesante. A continuación, nos llevaron a la que es la verdadera Mitad del Mundo: a pesar de que el Monumento de la Mitad del Mundo está a apenas unos metros, las coordenadas GPS actuales indican que esa es la verdadera línea que corta los dos hemisferios.

Allí realizaríamos pequeños experimentos científicos para descubrir la fuerza del magnetismo. Conseguimos que un huevo crudo se mantuviese en pie, en equilibrio. Vimos cómo el agua de un desagüe gira hacia un lado, y tras cruzar la línea del ecuador, gira automáticamente en el otro sentido. Intentamos caminar con los ojos cerrados sobre la línea allí pintada en el suelo y notamos como nuestro centro de gravedad se veía claramente alterado, jajaja.

5. La Mitad del Mundo

Andando, a unos pasos del Museo Intiñan se encuentra el turístico Monumento Mitad del Mundo. En el siglo XVIII, el geógrafo francés Charles Marie de La Condamine dictaminó que el ecuador se encontraba allí. En los 80 se decidió construir un monumento  para marcar este punto que se consideraba el correcto. A los laterales, se encuentran unos paseos con estatuas de aquellos miembros de la Misión Geodésica. Se ha recreado pueblo tradicional de Pichincha con tiendas de souvenirs. Hay un pequeño museo etnográfico y se han abierto pabellones sobre las ciencias y un insectarium. ¡Todo un parque de atracciones

Está claro que la época colonial le concedió lo mejor y quizás lo peor a Quito: por un lado, una arquitectura soberbia (de las mejores conservadas de Latinoamérica)  y por otro, un legado religioso, cristiano, extremadamente marcado.

Quito no me defraudó. ¿Qué os ha parecido? ¿Os la imaginabáis así? 😉

 

 

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