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Haciendo la guiri en la Piazza Miracoli

Medio día en Pisa

Tras un maravilloso bautizo por tierras toscanas,  Mónica y yo seguiríamos en solitario de exploradoras por la región. Esta vez iríamos hacia el Norte dónde los paisajes son bastante más montañosos que los que vimos el día anterior en el Sur. Visitaríamos otras dos de las ciudades más famosas de la Toscana: Pisa y Lucca.

Pisa se encuentra a apenas una hora en coche desde Florencia así que, como nos imaginábamos que iba a ser una parada relativamente breve (todo el mundo nos había avisado que la ciudad no tiene mucho más que la Piazza dei Miracoli), optamos por dejar el coche en el párking del centro y evitarnos así quebraderos de cabeza.

Empezaríamos de buena hora visitando una de las ciudades más conocidas de Italia gracias a su torre inclinada. ¡Pero menuda inclinación! Cuando uno se encuentra a sus pies te das cuenta del motivo de su fama. ¡¡¡Impresiona un montón!!! ¡Da realmente la sensación de que podría caer de momento a otro! Por otro lado, resulta muy cómico ver a gente de todo el planeta posando junto a ella, jeje.

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Os la saqué bien rectita… En realidad está muy torcida

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Un angel caído junto a la Torre de Pisa

Aún así, aunque es muy llamativa, la Piazza dei Miracoli, conocida también como Piazza del Duomo, es mucho más aparte de la Torre de Pisa (que inicialmente era tan sólo un campanario): también está su catedral (Duomo), un baptisterio y un cementerio.

La entrada a todos los edificios es de pago y, como teníamos el tiempo contado, nos dedicamos a observar desde fuera estos llamativos edificios medievales.

Como nuestra visita resultó aún así bastante corta, decidimos darle una oportunidad a Pisa pero, sin embargo, tras caminar por un par de calles sucias y llenas de obras, decidimos dar marcha atrás y abandonar la ciudad. Comeríamos en nuestra siguiente parada, Lucca.

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Torres medievales con pelos (árboles) en la cabeza

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Los soportales de la Piazza Anfiteatro de Lucca

Medio día en Lucca

Lucca nos sorprendió para bien. No sabíamos que nos íbamos a encontrar y nos topamos con una ciudad que nos recordó mucho a nuestro querido Santiago… ¡Pero con aires toscanos evidentemente!

Lucca aún conserva su larguísima muralla y entramado medieval pero, a su vez, combina en su interior edificios de los más variopintos desde curiosos torreones con árboles en su cima (la Torre Guignini), pintorescas y coloridas plazas llenas de arcos como la Piazza Anfiteatro o sencillas iglesias con mosaicos bizantinos decorando su fachada (la Basilica di San Frediano). Una cajita de sorpresas, nuestra pequeña Lucca. ¡Nos encantó!

Para nuestra última noche en la Toscana, llevaríamos una botella de Chianti para brindar por una nueva amistad y acompañar la rica cena que nos prepararía Savino. ¡Y tarta de Santiago de postre! 😉

Nuestro viaje llegaría a su fin pero nos quedamos con ganas de más.  Durante nuestro último día, (re)visitaríamos tranquilamente Bérgamo, antes de tomar nuestro avión Ryanair de vuelta ya para casa…

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Las callejuelas de Lucca

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Mezcla de estilos y colores

 

 

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