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Puerta de Jerjes, Persépolis

Cómo llegar de Shiraz a Persépolis

Si algo había aprendido durante aquellos primeros días en Irán, es que algunos iraníes hablaban perfectamente inglés (como mis Couchsurfers) pero que la mayoría no lo hablaba. Así que, para facilitarme las cosas, antes de despedirme de Samira, le pedí consejo para mi siguiente visita y le pregunté si podía escribir en persa las siguientes preguntas en mi libreta de viajes: “¿Puede llevarme a Persépolis y a Naqsh-e Rostam?” “¿Cuánto cuesta el viaje ida y vuelta con espera?“. Teniendo eso, sería pan comido llegar hasta allí. 😀

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Detalles grabados en las piedras de Persépolis

Aquella mañana llegaría temprano al aeropuerto de Teherán, y tras un vuelo comodísimo de apenas una hora y cuarto con desayuno incluido (que apenas costaría unos 30 euros), aterrizaba en Shiraz ahorrándome así unas 10 horas de carretera (¡¿Os he contado lo grande que es Irán?! :P). Como mi Couchsurfer en Shiraz no podía abrirme las puertas de su casa hasta la tarde, aprovecharía la mañana yendo a Persépolis con un taxi (a apenas 45 minutos de la ciudad).

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Lo que queda de la impresionante Persépolis

Visita a Persépolis

Estaba impaciente. Para mí era una de las visitas imprescindibles de Irán (al igual que para Patricia). Mis expectativas eran muy altas y, por desgracia, me di cuenta, por primera vez, de uno de los mayores inconvenientes de ser una viajera empedernida: el efecto sorpresa va en descenso y  es que ¡las comparaciones son odiosas! ¿Cómo asimilar la visita a los vestigios más importantes de la civilización persa tras haber recorrido lugares similares pertenecientes a otras civilizaciones antiguas como Roma, Grecia y Egipto? Aún así, NO, no le pondré ningún pero a la visita a Persépolis. La gran Persia se ve allí reflejada en aquellas piedras con una identidad propia y única. La entrada a la ciudad, la Puerta de todas las Naciones o Puerta de Jerjes, flanqueada por unas estatuas colosales es imponente. Me encantó el detalle, la finura, la delicadeza de los grabados llenos de bonitas flores. Las altas columnas nos permiten imaginar enormes edificios, inmensos palacios, la grandeza de aquella ciudad. En lo alto, además de una vista panorámica sobre todo Persépolis, se encuentran tumbas esculpidas en la misma roca (con grabados igual de misteriosos que los que había visto en Taq-e Bostán, en Kermanshah). Aunque la llegada no había sido tan impactante como había esperado, poco a poco me vi hipnotizada por todo aquello y empecé a sacar fotos sin parar. Empezaba a hacer calor y las dos horas de visita pactadas con el taxista habían pasado volando…

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Grabados de Naqsh-E Rostam

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Las espectaculares tumbas de Naqsh-e Rostam

Visita a Naqsh-e-Rostam, la pequeña Petra

Los relatos de viaje de Sele e Isaac – que habían sido los causantes de plantearme este viaje a Irán, mecionaban una “pequeña Petra” a un paso de allí: Naqsh-e Rostam…¡Sin duda, una gran recomendación! Efectivamente aquellas tumbas a apenas 15 minutos de Persépolis (por desgracia, la mayoría de los turistas pasan de largo) son la guinda sobre el pastel. Me dejaron totalmente sin aliento nada más llegar.

De repente recordé aquel momento de mi llegada cuando aquellos iraníes curiosos me preguntaban qué hacía allí. ¿Cómo no iba a mostrar respeto e interés por un país con una historia y una cultura tan interesante, cuna de una de las civilizaciones más importantes de nuestro planeta, fuente de inspiración de varias filosofías y religiones que luego nacerían en Occidente? Ese “pequeño” detalle, por desgracia, se ignora por motivos políticos, por culpa del miedo, de la rabia y del odio que desencadenan las religiones y que hacen que tengamos estereotipos erróneos contra un país que, tristemente, apenas conocemos…

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