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Pamukkale, Turquía

Las terrazas heladas de Pamukkale

Tras pasar bastante frío en Konya, nuestro camino seguiría hacia el oeste de Turquía hasta el curioso emplazamiento de Pamukkale.

Si el espectáculo aéreo de la Capadocia, ya me había dejado perpleja y demostrado lo maravillosa que puede ser la naturaleza, lo que allí veríamos volvería a dejarnos asombrados. Estos manantiales desprenden unas aguas termales con tanto bicarbonato y calcio que, de repente, uno tiene la sensación de haber aterrizado en otro planeta, o de estar en medio de un paisaje nevado extraño… Allí estábamos todos los guiris – hordas de japoneses incluidos -, como locos paseando descalzos para probar estas aguas calientes.

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Pamukkale, Turquía

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Hierápolis, Turquía

Descubriendo Hierápolis

Había oído hablar de los sorprendentes paisajes de Pamukkale pero fue una grata sorpresa descubrir además Hierápolis. Los griegos fueron los primeros en ver el filón de este increíble fenómeno de la naturaleza (consideraban que estas agua eran terapéuticas) y ahí se encontraban los increíbles vestigios de una gran ciudad.

A pesar de llegar con un día nublado, el tiempo se fue despejando y estuvimos recorriendo esta antigua urbe helénica que, a pesar de numerosos terremotos, aún conserva las puertas de la ciudad, su antiguo teatro, fuentes, baños, una necrópolis….

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Éfeso, Turquía

Tras un pequeño descanso para almorzar llegaríamos a la última parada de nuestra ruta: Éfeso.

Confieso que no me impactó tanto ya que, como bien sabéis, tuve la suerte de visitar Pompeya en dos ocasiones. Aún así tampoco me defraudó. Sumergirse en la Antigüedad nunca es aburrido y aún menos teniendo en cuenta que fue unas las ciudades jónicas más bonitas del Imperio con vistas al Mar Egeo (hoy en día ya no es así).

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Biblioteca de Celso, Éfeso

Hay que reconocer que  en comparación a Pompeya, se respira que Éfeso fue un lugar realmente importante, de mucho más nivel: sus avenidas son anchas, los edificios nos muestran una gran riqueza y prosperidad… La joya de la corona, la impresionante fachada de la Biblioteca de Celso. ¡Alucinante!

La verdad es que mi “paseo” por Turquía fue muy intenso y no me arrepentí de elegir un itinerario de 10 días (en vez de una semana) porque este país posee una gran riqueza patrimonial a pesar de que, muchas veces, Estambul y la Capadocia se llevan toda la fama.

Tras estos 6 días de viaje, me esperaba un último día de relax, perfecto para despedir Estambul

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