¡Si mi aterrizaje en Irán fue de lo más rocambolesco, Señoras y Señores, mi llegada a Palermo casi lo supera!

1. Llegada a Palermo

Tras volar a Madrid y pasar la noche en Barajas (¡así de dura es la vida del viajero low cost! El vuelo de Santiago a Madrid llegaba a las 23, el Madrid a Palermo salía a las 06) ya estaba de subidón y se me olvidaba el cansancio del viaje nada más llegar a Sicilia.

Treinta grados en pleno septiembre. Nada más coger el tren que me conduciría del aeropuerto al centro me sentía entusiasmada con los paisajes que iban pasando a través de mi ventana. ¡Era tal como me lo imaginaba! ¡Cómo en los anuncios de Dolce & Gabanna con un mar azul turquesa impresionante! ¡Estaba ya en Sicilia y aquello prometía!

Me dirigí entonces al hostel que había reservado a través de una conocida página de reservas (ahora ya sabréis porque suelo reservar directamente en las páginas de los albergues…) para las tres primeras noches que pasaría en Palermo. Fue relativamente fácil encontrar la zona ya que tenía mapa de la ciudad pero para mi sorpresa al llegar allí… ¡Nada! No me podía creer que aquel hostel no estuviese señalizado ni nada (sobre todo porque en Internet había encontrado un montón de comentarios positivos). Nadie por la zona parecía saber nada y el sol abrasador me estaba matando pero pensé… ¿para qué cabrearme?

Decidí sentarme en un portal para respirar hondo, agarré el teléfono para cagarme conversar con los del hostel. Me contestaron que no había confirmado mi llegada y que no podían atenderme en ese momento (y yo con la reserva en la mano) así que me dirigiese a otro hostel a 10 min de allí. Con toda la paciencia del mundo lo que quedaba de mi persona llegó hasta allí. Cuando encontré Your Hostel, la chica de la recepción, Sonia, me acogió con los brazos abiertos y es que debí de darle muchísima pena. ¡Imaginadme sin dormir, cargada con todos mis bártulos, dando vueltas con pesado abrigo a 30º grados durante una hora por Palermo! Le conté entonces lo que me había pasado…¡Y alucinó! Ella no conocía al tipo que me había mandado hasta allí, ni su hostel ni nada por lo que ella también acabó pillándose un cabreo descomunal. Decidimos volver a llamar para aclarar la situación. El tipo pretendía en realidad le esperase allí a lo que evidentemente me negué. Le pregunté a Sonia si me podía quedar allí  y no habría vuelta de hoja. ¡Y desde luego fue lo mejor que pude hacer! Sonia y Giuseppe, los hermanos que dirigen el hostel son encantadores y hicieron que mi estancia fuera perfecta. Me tocaría compartir habitación con más chicas pero las instalaciones eran extremadamente limpias y bien equipadas.

Una Sicilia muy diferente a lo que me esperaba

 

2. El barrio de Kalsa

Tras una pequeña y merecida siesta y una ducha, a media tarde por fin relajada, me iría a dar mi primer paseo por Palermo. Decidí recorrer la pequeña barriada de Kalsa (dónde me había estado perdiendo por la mañana). Me encontraría con un Palermo de lo más underground. ¿Estaba en Sicilia o en Marruecos? ¿Por qué había tantos “chonis” por todas partes? Muchos edificios parecían haber sido abandonados hacía siglos y se había ido haciendo añadidos… ¡Aquel “país” parecía una locura (y no se parecía en nada a lo que conozco de Italia)! Cuánto más iba despertando, más caminaba, más iba alucinando. Me topé con una pequeña boda en un callejón y decidí entrar en la pequeña Iglesia de Santa María della Pieta. Me quedé pasmada: aquella insignificante iglesia era espectacular por dentro (¡y esto sólo sería un aperitivo de lo que vendría!). A unos pasos de allí, me encontraría con el Palazzo Abatelllis, construcción del XV, que hoy en día es un museo de arte medieval. Sus obras no me llamaron demasiado pero el edificio sí mereció la pena… ¡Y descubrir que en Italia los estudiantes de filosofía tienen derecho a entrar gratis a todos los monumentos, jejeje!

Al final parecía que la suerte me sonreía. En apenas 10 min estaba ya en el mismo puerto, lleno de antiguas villas (muchas de ellas sorprendentemente a la venta). Fue cayendo la noche y seguí paseando todo lo largo de este importantísimo puerto del Mediterráneo. Me encontré un bar con una playa. Tras un día de lo más movidito, me senté allí frente al mar a tomar una coca-cola con mucho hielo y fue cuando me di cuenta que nada de lo ocurrido aquel día podría hacerle sombra a aquel instante. ¡Había sido duro pero empezaban mis vacaciones en Sicilia!

 

3. El centro de Palermo

Antes de dirigirme a visitar la plataforma petrolífera, decidí madrugar para aprovechar al máximo la mañana en Palermo. Tenía muchas ganas de investigar qué era aquello que Patricia Schulz llamaba las “Joyas de Palermo” y aún más después de una primera impresión de la ciudad totalmente diferente: ¡me había parecido todo tan underground!

A apenas 10 minutos (sigo pensando que Your Hostel es una opción genial para moverse por la ciudad por lo céntrico que está) llegaba al impresionante Teatro Massimo y, poco a poco, dirigiéndome al centro histórico de la ciudad me encontraría con edificios muy diferentes a los que había visto el primer día. Durante mi recorrido en dirección a uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, Quattro Canti, me iba encontrando con una ciudad llena de contrastes, combinando ostentación y abandono, grandeza y suciedad y, sobre todo, muchísimo caos.

4. Las iglesias de Palermo

Quattro Canti es una pequeña plaza muy bonita que – tal como indica su nombre – se caracteriza por haber sido un cruce de caminos pero lo que más me llamaría la atención sería la Iglesia de San Giuseppe di Teatini que se encontraba escondida en una de las cuatro esquinas. Al igual que me había pasado con Santa María de la Pieta su exterior no era nada llamativo, incluso me costó encontrar la entrada pero, de repente, nada más dentro, me dejó totalmente anonada. Su estilo barroco iba más allá de cualquier cosa que haya jamás visto. ¡Sin duda, una joya! Aquellas estatuas, aquellos mármoles de colores, esos techos que parecían que Dios realmente iba a aparecer allí mismo, tanta teatralidad que no es sorprendente que te veas obligado a creer. ¡Totalmente abrumador! ¡Cómo los Sicilianos no va a ser católicos si hasta yo me lo replantearía viendo todo aquello! A continuación, seguí en dirección a la Catedral de Palermo pero esta vez, a pesar de que su peculiar arquitectura (con cúpulas bizantinas) y una ubicación más destacables, el interior me resultó decepcionante después de lo que había visto. Llegaría caminando hasta las antiguas puertas de la ciudad, Porta Nuova, con sus enormes hombretones, antes de dirigirme al puerto.

5. El Mercado de Vucciria

Después de la visita a la plataforma, aún me quedaría más tiempo para seguir con Palermo. Me recorrería gran parte del Mercado Vucciria. Ya empezaban a recoger los puestos pero lo poco que vi, me recordó más un mercadillo árabe que otra cosa. Eso sí, las calles de esta zona tenían un ambiente sin igual, con un montón de gente tomando algo en las terrazas. Tras cruzar otro barrio sucio y caótico llegaría a la bonita plaza de la Martorana, otra de las intrigantes joyas. Junto a la pequeña Iglesia de San Cataldo (con unas curiosas cúpulas redondeadas), otro golpe de suerte: ¡Otra boda! Entré disimuladamente y mientras el cura leía misa, me quedé boquiabierta con las bóvedas pintadas de oro de esta iglesia.

Al salir de allí, y tras un día de nuevo muy completo como podéis leer, me dirigía a un paso de allí a la Fontana Pretoria que también me dejó alucinada.

Jamás imaginé que Palermo podría tener un patrimonio tan impresionante que pudiese compararse a la mismísima Roma. Sorprende la espectacularidad y la escenografía de todas ellas.

Aquella noche, a pesar de la felicidad por descubrir una Palermo totalmente diferente a cualquier cosa que pudiese imaginarme, el calor hacía estragos: mi calzado me había dejado los pies hechos purés. Mientras buscaba “ayuda médica” en el hostel para reventar ampollas al Peregrino Style, conocí a un joven chico inglés llamado Zak que también viajaba solo. Le estuve contando mis primeros días e impresiones de Palermo, nos caímos bien así que decidimos que iríamos juntos a la playa de Mondello al día siguiente. ¿Ventaja de hospedarte en un hostel? Que siempre puedes coincidir con gente maja… 😉

6. Visita al Palazzo dei Normanni

Antes de arrancar a Catania, el último día que pasaría en Palermo tampoco me defraudaría y es que llegué a la conclusión de que esta ciudad es una caja de sorpresas.

Thuy me acompañaría en estas últimas visitas. Lo pasé genial con ese encanto de mujer. Volvimos a hacer juntas mi recorrido del primer día hasta llegar al Palazzo dei Normanni al que no había podido ir hasta entonces.

Este antiguo palacio, que fue residencia de reyes sicilianos posee, una vez más, al igual que todo Sicilia, una gran mezcla de estilos: por un lado, tenemos la fachada con estilo normando y una Capilla Palatina muy similar a lo que había visto en Monreale y, por otro, posee otra fachada renacentista y a mayores un amplio claustro nos recuerda que por allí también pasaron los españoles.

Aparte tenemos un montón de habitaciones a las que también se pueden acceder y que son hoy en día utilizadas como salas de reuniones ya que el edificio es también la Asamblea Siciliana. Si queréis visitarla de forma virtual, aquí os dejo el enlace. 🙂

Tras esta visita, a unos pasos de allí, nos acercamos a San Giovanni degli Eremiti, una iglesia de lo más curiosa ya que sus cúpulas redondeadas nos recuerdan su pasado musulmán.

7. Las Catabumbas de los Capuchinos

Para acabar el día, decidimos también visitar otro de los grandes reclamos turísticos de Palermo, sin tener demasiado idea de lo que nos íbamos a encontrar: las catacumbas de los Capuchinos. Lo cierto es que ya había estado en las catacumbas de París pero no esperaba encontrar algo como lo que vi en Palermo.

Originalmente fue cementerio de los monjes capuchinos pero en el siglo XVII se empezó a conservar allí cadáveres de “hombres de bien” hasta que se empezó en convertir en una moda en la isla.

Creo que definitivamente ni Thuy ni yo nos esperábamos un espectáculo tan macabro. Hay unas 8000 momias colocadas la gran mayoría de pie, contra la pared, por categorías (hombres según su profesión, mujeres, niños ¡e incluso mujeres vírgenes!). Increíblemente se encuentran en muy buen estado de conservación (y es que las técnicas fueron mejorando con el paso de los siglos) e incluso sorprende ver lo impecables que siguen sus vestimentas, que aún tengan sus dientes, su pelo, su vello…

Lo que sí me doy muchísima pena es la momia mejor conservada del mundo (de los años 20): una niña de 2 añitos, Rosalía Lombardo, que parece simplemente dormida dentro de su ataúd de cristal…

Las fotos están prohibidísimas por respeto a los difuntos y hay cámaras de seguridad y alarmas que saltan a todo volumen cuando algún turista intenta sacar la cámara. ¡Os aseguro que la megafonía pega unos cuántos buenos sustos mientras estás hipnotizado con tremendo espectáculo!

Desde luego, no recomiendo esta visita para familias con niños pequeños y aquí os dejo el enlace a su web para que podáis hacer una idea de lo escalofriante que puede ser esta visita.

Tras otro día completito y tras despedirme de Thuy, arrancaba hacia Catania a conocer otra parte de la enorme isla…

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