Mi siguiente parada en Colombia sería la terriblemente conocida Medellín. Y digo esto, básicamente, por su tormentoso pasado. A pesar de que hayan pasado ya unos 20 años, el mundo sigue sin olvidar que fue una ciudad muy peligrosa, asociado con los cárteles, las drogas y Pablo Escobar. Ahora, con la famosa serie Narcos, todo esto se ha curiosamente convertido en un reclamo para los turistas…

Mi reencuentro con Natalia

Al llegar a la ciudad me puse a hacer memoria y recordé que, hacía unos meses, la última couchsurfer que había recibido en mi casa era una chica colombiana encantadora, Natalia… ¡Y era de Medellín! Le escribí para preguntarle si seguía de viaje o si se encontraba en su ciudad y fue toda una suerte poder volver a reencontrarnos. Fue una delicia volver a estar con una persona a la que considero ahora una grandísima amiga. No sólo hubo tiempo para interesantísimos debates sino que, de su mano, descubrir Medellín fue maravilloso.

El centro: el Museo de Antioquia y la plaza Botero

La primera mañana aproveché para visitar el Museo de Antioquia. Este es uno de los museos más importantes de Colombia con unas 5000 obras: desde arte precolombino hasta obras de Fernando Botero. He de decir que una de las cosas que más me gustó fueron las preciosas vistas que se tiene desde allí a la plaza Botero y al llamativo Palacio de la Cultura. En el plaza Botero también podemos disfrutar de forma gratuita de las 23 estatuas redondas del maestro a cual más fascinante.  A un paso de esa emblemática plaza de Medellín, se encuentran la llamativa y blanca Iglesia de la Veracruz construida en el siglo XIX.

El Metrocable

Tras almorzar con Natalia (la pasión por la buena comida nos une), me llevó al famoso metrocable. Desgraciadamente, aquel día, una nube de contaminación cubría la ciudad mientras subíamos, jejeje. Al bajar las vistas me dejaron sin palabras. Jamás pensé que Medellín fuese tan enorme. Es sobrecogedor ver como, según ascendíamos, más humildes eran las casas que se encontraban sobre las laderas. Mientras miraba todo aquello anodada, Natalia me explicaba la gran polémica que aún existe en torno a Pablo Escobar. Algunas de las barriadas de la ciudad a día de hoy tienen alcantarillado, iluminación y calles gracias a él. Se sabe, se comenta que muchos de los grandes edificios de Medellín también proceden de ese dinero sucio… Probablemente nunca hubiese sido una ciudad tan impresionante si no fuese por su “hijo pródigo” considerado por muchos aún como un “Robin Hood“. Da mucho en que pensar…

El Parque Explora

El segundo día, me fui a visitar este enorme museo se encuentra cerca de la Universidad de Antioquia. Resultó ser una visita bastante interesante. Tiene un acuario y un vivario con especímenes de la impresionante fauna colombiana. Me sentí como una niña ya que nunca había visto especies similares: ranas amarillas, ajolotes, peces tropicales, etc. La segunda sección del parque (Sala del Tiemplo y Exploratorio) está dedicada a las ciencias. Todo está expuesto de forma muy entretenida tanto para grandes como para pequeños.

La universidad de Antioquia y el Pájaro

Luego, Natalia me llevaría a dar un breve paseo por el Jardín Botánico hasta la universidad de Antioquia. Hoy en día es el principal motor de lucha por un futuro mejor para Colombia. Es un lugar lleno de vida.

No muy lejos de ahí, en el Parque San Antonio, se encuentra una “llamativa” paloma de la paz regalada por Botero a la ciudad. En 1995 “El Pájaro” fue víctima de una bomba en la que fallecieron 22 personas. Contra toda expectativa, se mantuvo la estatua para el recuerdo. Gracias a Natalia obtuve una visión más completa de los sentimientos de los colombianos. La violencia reinó durante mucho tiempo pero hoy en día el pueblo exige claramente la paz.

El centro administrativo de Medellín

El último día visitaríamos la parte más moderna de la ciudad: la Plaza de Cisneros o llamado Parque de las Luces por sus postes-farolas que recuerdan un bosque de bambú. A un paso se encuentra la Alcaldía de Medellín.

El pueblito paisa

Para finalizar mi visita a Medellín, nos acercamos al Pueblito Paisa que se encuentra en el cerro de Nutibara. Es pequeño poblado nació en torno al siglo XVIII y, en 1927, la ciudad de Medellín decidió convertirlo en un parque recreativo, una réplica de un pueblo antioqueño de principios del siglo XX (me recordó el Poble Espanyol de Barcelona). En este museo al aire libre de 400 m2 se puede ver cómo eran las casas, las escuelas, las barberías, etc de la época. Desde allí también se puede disfrutar de unas maravillosas vistas de la ciudad.

Una vez más, me quedó claro que los lugares los hace la gente. Si la gente colombiana ya se había ganado el corazón, conocer Medellín de la mano de Natalia fue realmente toda una suerte. Regalarme su amistad y su tiempo para mostrarme su ciudad y conocer Colombia más en profundidad ha sido uno de los mejores regalos que ha podido hacerme.

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