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Praza do Rossio en el centro de Lisboa

Romance de película en Lisboa

“Confieso que viví” como decía Pablo Neruda. Creo que las mentirijillas que le cuentas a tus padres prescriben a las 10 años así que me voy a lanzar…

Cuando tenía 15 años, mi familia y yo abandonábamos París y finalmente retornamos a España. Nos instalamos concretamente en A Coruña.

Unos años más tarde empezaría la universidad. Con 19 añitos, al perder mi beca durante el segundo año de la carrera, tocó empezar a trabajar.

En el verano de 2001, al desenvolverme en inglés, francés, castellano y un poquito de alemán, me fue a la costa alicantina, a un pueblecito llamado Mil Palmeras, a trabajar de camarera durante el verano.

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Enamorándome de Lisboa

Fue una bonita experiencia pero el trabajo era realmente agotador y, tras 2 meses, lo único que quería era coger unos días de vacaciones… Tenía pensado marchar unos días a Portugal aprovechando que un amigo iba a visitar a su madre a Lisboa. Sin embargo, a veces, los planes están para cambiarlos…

Durante los dos meses en Mil Palmeras, un atractivo madurito se sentaba noche tras noche detrás de la barra. Era un hombre solitario pero de lo más cortés. Se llamaba Kenneth y era sueco. Llegaba, se pedía su copita de Glennfidich, me daba un poco de conversación y marchaba nada más acabar. Así, noche tras noche…

La última noche, cuando me despedía de todos, a la hora de siempre apareció Ken. Como mi labor de camarera había terminado, nos fuimos a festejarlo y aquella misma noche empezó el romance. A la mañana siguiente en el aeropuerto, aún bajo shock por lo ocurrido, me preguntó si podía acompañarme a Lisboa… y no fui capaz de negarme.

Durante el camino, recuerdo estar en el coche al borde del ataque de nervios con mi amigo Amaro que trataba de tranquilizarme. Él iba a estar en la ciudad durante mi estancia así que si tenía cualquier tipo de problema, podía contar con él.

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Detalles del Palacio da Pena en Sintra

Por fin llegué al hotel Internacional, un modesto hotel de dos estrellas en pleno centro, (barrio de Rossio) y allí estaba esperándome mi Richard Gere sueco. El tiempo acompañaba así que una de nuestras primeras visitas fue subirnos al elevador de Santa Justa para admirar las vistas de la ciudad al atardecer.

A día de hoy, confieso que sigo enamorada de Lisboa. El castillo de San Jorge (Castelo dos Mouros) sobre la colina más elevada con vista al estuario del Tajo, sus tranvías retro, el toque pueblerino del Alfama, el olor a café intenso… Todo transmite calidez, romanticismo: un encanto sin igual.

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Paseo por Cabo da Roca

Mi Romeo me llevó a un restaurante de fados. Personalmente creo que es un caprichito que merece la pena. Suele ser para turistas pero nosotros, por suerte, acabamos en el Clube do Fado y la actuación me emocionó tanto que casi no era capaz de cenar.

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Balcón con vistas en Estoril

Un paseo por las nubes… de Estoril, Cascais, Cabo da Roca y Sintra

Tras unos días totalmente embaucados por la magia de Lisboa, alquilamos un coche y decidimos recorrernos la famosa costa de Estoril. Nos dirigíamos sin rumbo, simplemente persiguiendo al sol. Acabamos perdiéndonos por Cascais y acabamos en el Estalagem Albatroz, una antigua casa colonial frente al mar.

Arrancamos al día siguiente hacia Cabo da Roca, el punto más occidental de toda Euroasia para disfrutar de un paisaje – bastante familiar para mí – con una naturaleza salvaje y acantilados fuertemente golpeados por el Atlántico.

El último día visitamos el increíble Palacio da Pena en Sintra. Este castillo de cuento de hadas, de colores vivos, aprisionado por el bosque, parece de otro mundo. Recuerdo que la antigua residencia de los reyes de Portugal no sólo me dejó sobrecogida por su suntuosidad y romanticismo sino porque, además, retumbaba música clásica en el edificio. Viajabas al pasado.

Creo que es difícil de superar un viaje tan romántico como aquel. He vuelto a Lisboa, años después, y sigue siendo una capital que me emociona e incluso creo que sería uno de estos lugares, si mañana dejase de apetecerme viajar, en los que estaría dispuesta a instalarme…

Por algo será que existe un refrán portugués que dice: “Quem não viu Lisboa não viu coisa boa”. 🙂

2 Respuestas

  1. Belén

    Pero, hija, ¿cómo nos dejas así en ascuas? ¿Qué pasó con tu Romeo? ¿Sigues con él? ¿Se acabó en Lisboa? Ains….

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    • skandal00

      Jajaja. Hola Belén! Pues la verdad es que el tórrido romance acabó en Lisboa. Ken siguió llamándome pero la diferencia de edad era importante, yo aún tenía que acabar mis estudios…

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