El Lago Inle: ¿Cómo llegar?

Tras un tan buen comienzo en Rangún, estaba impaciente por conocer la Birmania más “auténtica”. Tomé un vuelo de apenas una hora a Heho y, desde allí, me desplazaría en taxi una hora más (no existe ninguna otra alternativa) para llegar al pueblo de Nyaungshwe. Decidí entonces tomarme un día de relax para explorar aquel lugar que me pareció de lo más acogedor. Sin embargo, me llamó la atención que no fuera un lugar tan “único” como cabría pensar. Allí estábamos cientos de turistas llenando los restaurantes, supermercados y hoteles. Todos con ansias de recorrer este lago mágico, el Lago Inle.

Aquella noche, me acerqué a las orillas del río donde se encontraban cientos de barqueros listos para apalabrar los viajes del día siguiente. Llamó mi atención una mujer – vestida de forma totalmente masculina – entre todos aquellos hombres. Decidí entonces contratarle la excursión para el día siguiente. Al volver a mi hostel, se me rompió la chancla y, cuando levanté la cabeza, cuál fue mi sorpresa cuando me encontré con Swenja, una chica alemana que había conocido un par de días en Rangún. ¡Con lo grande que es Sureste asiático, qué casualidad que volviésemos a coincidir! Al día siguiente nos iríamos juntas de excursión. 🙂

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Vendedores en el Lago Inle

Paseo en barco por el Lago Inle

A la mañana siguiente, descubrí que la mujer a la que le había contratado la excursión no llevaría nuestra barca ya que se trata de un oficio exclusivo para hombres. Tras unos cuantos regateos, allá nos iríamos Swenja, una señora japonesa, un chico francés y yo.

Nada más nos adentrábamos en la parte más ancha del lago, empezaron a aparecer los famosos pescadores “equilibristas”. Es una de las instantáneas más representativas de Myanmar pero, lo que no me esperaba es que vistieran de forma impoluta, posasen para la foto y pasasen a continuación la “gorra”…

Nuestra barca a motor haría su primera parada turística en una fábrica de papel del pueblo de pescadores de Nan Tan. Veríamos cómo con los juncos del lago se fabrican bonitos paraguas y otro tipo de artesanías. Luego pararíamos en unos telares. Veríamos cómo aún se utilizan métodos de lo más tradicionales para la elaboración de tejidos de gran calidad. El último alto en el camino sería una fábrica de tabaco artesanal birmano (cheeroots) y de artesanía.

Aquellos pensamientos que ya había tenido en Perú regresaron: por un lado, tenía ganas de apoyar un turismo sostenible pero, a la vez, tenía la sensación de que aquellas tradiciones se habían convertido en un auténtico circo para turistas. Menos mal que las barcas del Lago Inle son pequeñas y no suelen poder llevar a más de cinco personas a la vez…

El mercado de Nyaung Shwe

Haríamos también una parada en el mercado de Nyaug Shwe. Se trata de un lugar de lo más animado, no sólo por la gran cantidad de puestos sino también por los numerosos turistas que allí se juntan. Se trata principalmente de un mercado de comida para locales pero, aquel día, casi dos tercios estaban dedicados a la venta de artesanía para guiris. Aún así, la autenticidad de sus gentes, la paz que me transmitía el lago y sus construcciones sobre inestables pilares de madera me hacían sonreír sin parar.

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Los viñedos de Red Mountain Estate en el Lago Inle

Los viñedos de Red Moutain Estate

Al llegar, el chico francés que conocimos durante esta excursión, Stéphane, nos convenció para que nos fuésemos hasta las afueras para visitar unos viñedos de los que le había oído hablar. En la parte trasera abierta de una camioneta nos adentramos en el monte. De repente, parecía que habíamos llegado a otro país: una bodega de lo más selecta con unos paisajes que me recordaron la Toscana. La terraza estaba –  como era de esperar – llena de turistas disfrutando de un placer que probablemente pocos birmanos podrían darse…

De cena, conversando con otros viajeros, compartimos nuestras impresiones sobre nuestro primer día. Por un lado, nos había gustado poder contribuir con nuestro dinero al crecimientos de las comunidades que viven allí, pero teníamos la sensación de que, con tanto turista, no habíamos podido saborear la belleza real del Lago Inle.

Regresamos al puerto y Stéphane le preguntó a nuestro barquero si cabría la posibilidad de hacer otro recorrido un poco más “alternativo” al día siguiente y que saliese más temprano para escapar de las multitudes y ver el amanecer…

Amanecer en el Lago Inle y los jardines flotantes

El madrugón mereció la pena: ningún pescador para la foto y el silencio. Allí estábamos los cuatro viendo como amanecía con una paz sin igual. Nos detuvimos sin prisas junto a los humildes pescadores del Lago Inle que guardaban a buen recaudo lo pescado para venderlo en el mercado.

Esta vez, en vez de dirigirnos a la parte más ancha del río, tomamos uno de sus desvíos con desniveles y rodeados de increíbles huertas-jardines acuáticos. Apenas eran las 8 de la mañana cuando llegamos al pueblo que nos habían recomendado, Indein.

El pueblo se estaba despertando  y, al igual que me había ocurrido años atrás en Varanasi, disfruté de las pequeñas rutinas de sus habitantes: gente bañándose, lavando ropa, preparando sus puestos para vender…

Las ruinas de Indein

Nunca pensé que lo mejor estaría por venir. Allí estábamos los cuatro solos para visitar las misteriosas ruinas de Indein en las que se encuentran miles de estupas de diferentes materiales y épocas. ¡Sentirse como un auténtico explorador no tiene precio! Tras miles de fotos y recorrer su pagoda, nos fuimos a desayunar mientras veíamos cómo empezaban a llegar muchas barcas…

La pagoda Phaung Daw Oo

Según la Lonely Planet de Stéphane, otro lugar curioso para visitar era la pagoda Phaung Daw Oo. Todos los años, en el Lago Inle se sacan a pasear sus cinco Budas en una impresionante barca dorada semejante al barco imperial de Karaweik en Rangún. Cuenta la leyenda que una vez se hundió. Al volver al templo para poner a salvo las reliquias, faltaba un Buda. Por sorpresa, allí mismo se lo encontraron recubierto de vegetación del lago. ¡Había regresado solo! Esto creó mayor devoción por ellos. Los fieles los cubren desde entonces de pan de oro a modo de ofrenda así que se han convertido ahora en cinco bolas doradas amorfas, jejeje.

Volvimos a Nyaungshwe felices. Habíamos logrado vivir momentos de lo más especiales alejándonos de las hordas de turistas que poco a poco están invadiendo Myanmar.

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La pagoda Phaung Daw Oo

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Los budas amorfos

2 Respuestas

  1. Christy

    Buenos días Sandra C., te saludo con el cariño que me da conocerte por este medio, para nuevo, como es tu blog.
    Quisiera hacerte una consulta y no se si es por este medio.
    Espero que tengas una estupenda semana, en el lugar que te encuentres…ja, ja, ja, eres una amante de la vida y una experta viajera.

    Cariños

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