Krabi

Mi aventura por el Sureste asiático ya llegaba a su fin. Las playas de Krabi serían la última parada. Habían sido dos meses por Malasia, Singapur, Myanmar y Tailandia. Siempre había soñado con encontrar “mi lugar” en Asia. Ingenuamente lo asociaba con romanticismo, espiritualidad y misterio. Sin embargo, no logré encontrar nada que “me enamorase” de verdad. Una nueva etapa estaba por empezar en otro continente: Suramérica.

Krabi es un pueblo sencillo. Lo más destacable es su mercado nocturno. Sus playas (Aonang, Tara , Kluong Muang y Tubkaek Beach) están a 30 minutos en bus. Están bien pero me decepcionaron un poco: algo sucias y totalmente rodeadas de resorts (al igual que en Phuket). ¡No me quiero imaginar el panorama en verano!

Como no soy muy de estar tirada horas en una toalla en la playa, decidí contratar una segunda excursión para visitar la famosa isla de Koh Phi Phi.

Koh Phi Phi

El verde esmeralda de las aguas de la Bahía de Phang Nga volvía a deslumbrarme. Esta vez teníamos buen tiempo y contrariamente el día anterior, haríamos snorkel en una zona repleta de peces fluorescentes. El entorno con esas piedras flotantes me volvió a fascinar igual o más que el día anterior. Koh Phi Phi tiene su fama bien merecida aunque es un lugar muy turístico. Aún así sus aguas eran cristalinas y sus playas de arena blanca. Tras unas cuantas horas de relax, regresábamos a la noche a Krabi Town de nuevo.

Tiger Cave

Tal y como os comentaba, el pueblo de Krabi no tiene mucho que ver pero su mayor atractivo turístico es Tiger Cave, un templo budista que se encuentra a unos 10 kilómetros al norte de allí. El lugar es fantástico lleno de monos descarados (muy acostumbrados ya a los turistas). Sólo me arrepiento de algo… ¡No haber conseguido subir sus 1237 peldaños y alcanzar su cima! Tras una hora y media con una sinuosa subida, notaba el cansancio acumulado y, casi sin aliento para seguir, decidía rendirme. Seguía el recorrido por los templos dónde el Tigre es el protagonista. En el recinto también se puede visitar una cueva en la que cuenta la leyenda que vivían estos felinos. La cueva se encuentra rodeada por un “bosque de las maravillas”, una selva tropical que me dejó de los más perpleja: extraños árboles, arañas del tamaño de una mano, mariposas con colores increíbles… Efectivamente, me sentí un poco como Alicia. 🙂

Así me despedía de Asia. Tailandia no me había encantado pero tampoco me lo había pasado finalmente tan mal…

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