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El impresionante Pabellon Dorado en Kioto

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Los bonitos colores del otoño

Visita al Pabellón Dorado

Los dos días siguientes en Kioto pasaron volando. Me cuesta muchísimo recordar todo lo que llegamos a hacer pero lo cierto es que, tal y como me esperaba, la ciudad me enamoró.
Nuestro apartamento Airbnb estaba pegando al Pabellón Dorado (Kinkaku-ji en japonés). La visita a este lugar, por su extrema belleza, no defrauda. Te deja totalmente hipnotizado nada más entrar y personalmente me puso los pelos de punta. Sin embargo, tan pronto pasado el efecto sorpresa me llamó la atención que en el parque que lo rodea ya no hubiese nada más para visitar y que tampoco se podía acceder al interior de este pequeño templo.
A continuación nos iríamos a visitar el Nijo Castle del que destacan las exquisitas y elegantes pinturas de la escuela Kano e impresionantes jardines. Ya sólo nos quedaría un día más en la ciudad así que por la tarde aprovechábamos para irnos de compras y hacer nuestro aprovisionamiento de kimonos (grandes consejos los de Laura en Japonismo.com. ¡Viva las tiendas de segunda mano!).

El barrio de Gion y de Pontocho

Al caer la tarde decidimos recorrer el famoso barrio de Gion pero por desgracia ni una sola maiko ni geisha durante este viaje. 🙁 Este tan famoso barrio me decepcionó un poco ya que lo vi demasiado “nuevo” y reformado. En cambio a unos pasos de allí, el barrio de Pontocho con sus casitas de madera y callejones oscuros me parecieron mucho más auténtico.

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El barrio de Pontocho y sus callejones oscuros que nos encantan, jeje

Visita a Fushini Inari-Taisha y al Templo Sanjusangaen do

Nuestro último día, nos llevaríamos unas cuántas sorpresas más. Habíamos dejado dos visitas para el final sin demasiadas pretensiones. La primera sería el santuario de Fushini Inari-Taisha. Teníamos ganas de ver esos cientos de toriis alineados, una imagen tan famosa de Japón como los bosques de bambús de Arashiyama o el tori de Miyajima. Sin embargo, nos encontramos anonadados con todo este parque y es que ¡¡¡son 3 millones de toriis los que hay!!!. Al principio no dejas de sacar fotos y todo te parece muy bonito pero llegado un momento ya no los soporta más, jajaja. Además lo que no te cuentan es que una vez que entras, ¡todo es cuesta arriba! Tras casi dos horas de caminata llegamos al primer mirador del parque donde decidimos darnos un respiro y disfrutar de las vistas de Kioto.

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La alegría de ver tu primer Torii cuando llegas a Fushimi Inari

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Cara de “Quiero morirme” después de 1 hora de escaleritas y Toriis en Fushimi Inari

Por desgracia, tuvimos que dejar ahí nuestra azaña ya que nos faltaría otro tanto para llegar a la cumbre y aún nos quedaba una parada más.
Según la Lonely Planet – comentada por mi amigo Miguel – uno de los templos imprescindibles de visitar era el Templo Sanjusangaen do y ¡menos mal que le hicimos caso! Este templo alberga nada más y nada menos que 1000 estatuas dioses Kannon. Una grata sorpresa desde luego ya que no sabíamos con lo que íbamos a encontrarnos allí. Al salir cogimos un omikuji y allí lo dejamos atado como hacía la gente de nuestro alrededor.

Nos despedíamos de Kioto con muy buen sabor de boca y volveríamos finalmente a pasar unos últimos días a Tokio…

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Evidentemente todo se ha cumplido: mi alma gemela está tardando XD

 

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