Bienvenido Misster Mashall a la iraní

Aquella noche apenas dormiría 4-5 horas. ¡Siempre me pasa igual! Cuando llego a un nuevo destino tengo tantas ganas de verlo que, nada más llegar, quiero verlo todo, jajaja.

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Milad de punta en blanco para la Presidenta

Tras mi llegada triunfal, estaba impaciente por ver cómo era Irán. En la recepción de mi hotel, decorada  con muñequitos extraños y un aire navideño por el Fin de Año Persa, nadie hablaba inglés. Eché un vistazo a la calle y contrariamente a lo que me esperaba, toda aquella gente y aquella ciudad seguía pareciendo de lo más normal.

Intenté comunicarme mediante gestos con los chicos de la recepción para explicarles que necesitaba cambiar dinero pero nadie me entendía así que me acordé del taxista del día anterior. Hasta el momento con su “Tomorrow” ya había superado con creces el nivel de inglés del resto.

Al cabo de 15 minutos aparece un chico vestido de forma impecable y engominado que hasta me costó reconocerle. Se presentó como Milad y viendo lo mucho que se había arreglado para mí, de repente no pude menos que acordarme de la película Bienvenido Mister Marshall porque el tipo vino a recogerme como si fuese alguien importante y le hubiese tocado la lotería, jajaja. En un principio, intenté marcar cierta distancia. El día anterior había cumplido con el policía y pero realmente no sabía si podía fiarme de él…

Misión nº 1: Cambiar dinero en Irán

Cambiar dinero. En Irán, como en cualquier otro país, hay cajeros pero el sistema es diferente al resto del planeta por lo que nuestras tarjetas no funcionan allí. Empezamos a dar vueltas y más vueltas por aquella ciudad que, por momentos, me recordaba una mezcla entre el Cairo y la India por su tráfico caótico pero, tras ver al pobre chico preguntando a varias personas, empecé a entender la situación: ¡Era festivo y no había dónde cambiar dinero! Llegó el momento de decidir si me fiaba de Milad. Tras casi dos horas dando vueltas, parábamos en la esquina de una calle y tras rezar por mis 100 euros, casi me da algo al ver que era literalmente millonaria: ¡Cuatro millones de riales! El fajo de billetes ya os lo podéis imaginar… ¡Y menos mal que decidí cambiar poco dinero!

 Misión nº2: Comprar una tarjeta telefónica en Irán

Conseguir una tarjeta de teléfono. Había leído que las llamadas desde Irán eran muy económicas. Fue muy fácil comprar una SIM pero empecé a notar la expectación de toda aquella gente con la que me cruzaba y no entendían que hacía una guiri por allí. Aún así, al igual que el día anterior, la gente se mostraba extremadamente amable y no me molestaban en absoluto ya que podía notar que realmente tenían curiosidad por saber qué hacía allí. 🙂

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Flipante con Taq-E Bostan

Descanso

Keep calm, pensé para mis adentros. Iba a pasar el día en Kermanshah y ¡Aún no había visto nada de la ciudad! ¡Con tantos recados ya eran las 14 de la tarde!

Visita a Taq-e-Bostan

El mayor atractivo de Kermanshah eran las cuevas esculpidas en la montaña, Taq-e-Bostan, así que allá nos fuimos. En un primer momento lo que más me impacto es que nos encontrábamos en una valle extremadamente verde. De aquellas rocas que rodeaban la ciudad nacían fuentes de agua natural cristalina.

–          ¿En serio esto es Irán? ¿Dónde está el desierto? ¡La gente no me va a creer cuando les cuente que esto es Irán! – Le dije a Milad en “inglés swahili.”

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Los misteriosos grabados de Taq-E Bostan

Mientras alucinaba con aquellos misteriosos grabados en la montaña, él alucinaba con que yo no dejase de sacarle fotos a todo aquello que a él le parecía tan normal. Nos acercamos a un kiosco para que él comprase tabaco y allí le insistió a su amigo kiosquero para dejarme probar todos los encurtidos que allí tenían (que sabían a colonia). ¡Todo un detalle por su parte!¡Ni habíamos desayunado ni comido aún! Cuando me apareció al rato con un helado, ya os podéis imaginar mi cara.

Adoptada por una familia kurda

Tras todos esos detalles, cuando me preguntó si podía presentarme a sus padres, al no ver ninguna maldad en aquel chico, accedí. Veinticuatro horas después de mi llegada, me veía en casa de una familia kurda adorable, que no tenía ni papas de inglés, preocupados por darme de comer y beber hasta reventar,  y que presumía de mí delante de todo el barrio (y es que hasta llamaron a los niños y a los vecinos para que viniese a ver a la española que se había “perdido” por allí, jaja). Al igual que la noche anterior, me fui dejando cautivar por toda aquella gente que ya parecía quererme como de la familia. Eso sí, empecé a preocuparme más cuando la madre me llevó a su dormitorio para enseñarme todo su ajuar y me enseñó las fotos de sus tres hijos dejándome muy claro que el pequeño, Milad, estaba libre.

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El verde de la provincia de Kermanshah

–          I, travelling – Le decía a aquella buena mujer con mis manos imitando un avión.

Y ella me contestaba formando un gancho con sus dos dedos índices:

–          ¡Tú y Milad!

Tras momentos de complicidad y risas, creí conveniente despedirme de aquella familia antes de que me casasen con su hijo, jajaja. Además debíamos volver a la ciudad para encontrar un vuelo,  bus o tren que me llevase al día siguiente a Teherán donde mi Couchsurfer Samira estaría esperándome.

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¡No exagero! ¡Esto es lo que había debajo del capó! (Foto: skandal00)

Misión nº 3: Viajar de Kermanshah a Teherán

Conseguir llegar a Teherán. Irán es un país enorme. Tienen buenas carreteras pero el trayecto KermanshahTeherán me llevaría 8 horas frente a una hora de vuelo. Hay agencias de viajes en cada esquina. Los vuelos sólo se pueden pagar con tarjetas iraníes o en efectivo. ¿El problema? ¡Era festivo y todos los vuelos, trenes y buses estaban completos!

La noche caía y después de preguntar en varias estaciones cómo llegar a Teherán, el coche destartalado tenía cada vez más problemas para arrancar. Apareció entonces en escena Sharam, el mejor amigo de Milad, que me explicó que efectivamente no había forma de llegar a Teherán. Les dije a los chicos que entonces contrataría los servicios de un conductor y cuál no fue mi sorpresa cuando ellos mismos se ofrecieron…

Pero, ¿cómo íbamos a ir en el coche de Milad? Si yo era terca con lo de ir a Teherán, él más con lo de llevarme. Sólo se hizo de noche y yo estaba allí, en un taller, con tres mozos untados de aceite hasta las orejas, desmontando el motor pieza a pieza y limpiando, engrasando y ajustando todo hasta que nuestra carroza arrancó.

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Hospitalidad iraní

Mi viaje “gitano”

Antes de marchar, Milad se fue a despedir de su familia y tras 20 000 besos y abrazos – como si nos fuésemos a la guerra – su madre nos dio almohadas, mantas para que pudiese dormir en la parte de atrás del coche además de litros de té y comida para el viaje. Las ocho horas de “viaje gitano” hasta Teherán fueron de película. Un montón de risas y de dormir más bien poco. Milad y Sharam, constantemente preocupados por mí, me traían de comer y beber en cada gasolinera, se preocupaban por taparme para que no cogiese frío, bailaban para mí para animarme, jajaja. ¡Sharam hasta había traído un diccionario Inglés-Persa para que pudiésemos comunicarnos mejor!  A pesar de la barrera lingüística y de los cuantos sustos que nos dio el motor durante el viaje, se me enlagunaron los ojos cuando llegó el momento de despedirme de ellos. Y es que estos dos chicos habían hecho mucho más por mí de lo que jamás podía haberme imaginado¡La palabra hospitalidad se queda corta con los iraníes!

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