Atracción loca por Irán

Un día, de repente, estás leyendo uno de tus blogs preferidos y ves cosas increíbles sobre Irán. Unos días más tarde, encuentras una oferta a ese lugar al que jamás se te hubiese ocurrido ir antes. Sin comerlo ni beberlo, te ves preguntando a la gente que ha ido cómo es ese país del Eje del Mal, si es tan peligroso como cuentan, si es apto para mujeres que viajan solas

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Lo que sale en Internet cuando buscas Kermanshah

Así empezó toda esta historia. Y aunque por un lado tenía a un montón de gente animándome para descubrir Persia (además de mis apuntes sobre antiguas religiones que me hablaban de la cuna del zoroastrismo), por otro, tenía a un montón de amigos preocupados con mis supuestas locuras.

Finalmente me lancé. Confieso que hasta que mi avión no aterrizó en Kermanshah, no fui totalmente consciente de lo que este viaje suponía. Cuando anunciaron que acabábamos de llegar a la República Islámica de Irán y empecé a ver a todas las mujeres de aquel avión taparse la cabeza, las imité y empecé a ponerme más nerviosa.

Todos los detalles de mi llegada habían sido planeados, no quería complicaciones. Mi única preocupación era conseguir riales iranís y es que ni en España, ni en Estambul habían querido cambiarme dinero. El hotel ya lo tenía reservado y estaban avisados de que llegaría tarde. Me habían explicado que, al igual que en cualquier otro país, habría una parada de taxis al salir del aeropuerto.

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El que sería mi conductor y su carroza

Aterrizaje forzoso en Irán

Lo que no estaba contemplado es que el aeropuerto de Kermanshah fuese un pequeño aeropuerto de provincias, un aeropuerto local. Sólo un policía en una caseta de madera supervisando los pasaportes a las cuatro de la mañana, ningún turista, ninguna tienda en aquella nave…

Tras recoger mi maleta, vi como todo el mundo salía de aquel lugar desangelado. Seguí a la multitud en busca de un taxi, con unas ganas locas de irme a mi hotel.

¡Ningún taxi a la vista! Me estaba poniendo cada vez más nerviosa así que decidí acercarme a un policía a ver si podía ayudarme. Hablaba poco inglés pero enseguida se acercó una familia al rescate, jeje. Todos parecíamos sorprendidos. Yo, porque no había ningún taxi y ellos porque no entendían que hacía yo allí.

–          ¿De dónde has salido tú? – me vino a preguntar el padre de familia.

–          Yo vengo de Santiago, de España – le contesté amablemente

–           ¿Pero qué haces aquí?

–          ¡Vine a visitar Irán! Les contesté mientras me miraban ojipláticos. Me han dicho que este lugar es precioso (No daban crédito que una extranjera estuviese interesada en su país).

Finalmente me explicaron que nuestra llegada había coincidió con el final de las celebraciones del Fin de Año Persa y que por eso motivo no había taxis. A pesar de que era tarde, que estaba agotada, la gente empezó a rodearme y hablar conmigo. Me sentía protegida por todos ellos porque resultaban todos muy amables y, a pesar de lo surrealista de la situación, todo resulta tan familiar que me fui tranquilizando.

Apareció un coche muy antiguo y bastante destartalado y todos rodearon al conductor. El padre de familia muy amable me dijo que aquel coche tenía licencia de pasajeros y que yo me saltaba la cola, que me llevaría al hotel. No entendía nada pero al ver que el policía estaba amenazando al pobre conductor y pidiéndole todos sus datos, me fié, jejeje. El padre de familia se empeñó en darme su número de móvil por si tenía cualquier problema y me explicó que el policía estaba cantándole las cuarentas al chico para que me tratase bien y me llevase al lugar indicado. Les pregunté si era posible pagarle en euros al conductor por su servicio a lo que el padre de familia respondió que no, que él me pagaría el taxi. Me habían hablado de la hospitalidad iraní pero todo aquello me tenía aturdida.

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Mi “suite” iraní en Kermanshah

Suite digna del Shah de Persia

El trayecto hasta el hotel fue breve pero con una “llegada tan triunfal” ya ni tenía sueño. Recién aterrizada en Irán, en un coche ruinoso, con música rollo Camela en iraní a tope, circulando por unas buenas carreteras y una ciudad que parecía de lo más normal a las cinco de la mañana. Cuando llegamos al hotel, el chófer me pidió que esperase en el coche para comprobar mi reserva. Cuando me hicieron entrar no daba crédito. Mi “habitación” para aquella primera noche iba a ser un apartamento de dos habitaciones enormes con salón, cocina y cuarto de baño. El lugar era modesto pero lo que más me importaba era que estaba limpio y que al fin podría descansar.

Me despedí del chico que había cumplido con las órdenes del policía y de repente me dio su tarjeta con un número haciendo el gesto de que le llamase “Tomorrow”. Yo en aquel momento sonreí y pensé… “Tranquilo, chaval, dame un respiro que mañana será otro día…”

 

 

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