1º) El Barrio de los Museos

A un paso del centro histórico de Viena, se encuentra uno de los recintos culturales más grandes del mundo y eso significa ¡Arte para todos los gustos! Yo, me enamoré del Museo Leopold (con obras de Egon Schiele y Gustav Klimt) pero también están el Mumok (Museo de Arte Moderno/Fundación Ludwig Wien, el Kunsthalle, los Pabellones E y G para festivales, el Centro de Arquitectura de Viena, el Museo infantil Zoom, el Designforum y el Teatro para niños (que quedan pendientes para otra visita 😉 )

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Ayuntamiento de Viena

 2º) El centro histórico de Viena

No os perdáis los edificios más importantes del centro histórico de Viena que están todos a un tiro de piedra los unos de los otros. En el Palacio Imperial de Hofburg (antigua residencia de la monarquía austriaca dónde hoy reside el presidente. Se pueden visitar las habitaciones imperiales y allí se encuentra el famoso museo Sísi), la Catedral de San Estaban (Stephansdom, una joya del románico), el Ayuntamiento de Viena (Wiener Rathaus, de estilo gótico y rodeado de un bonito parque), la Iglesia de San Carlos Borromeo (Karlskirche, una obra maestra del barroco), la Ópera de Viena (una de las óperas más importantes del mundo), la calle peatonal Graben, el Parlamento, la Universidad… edificios majestuosos y elegantes que nos muestran todo el carácter y poderío de una de las capitales más importantes de Europa.

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La Iglesia de San Carlos de Borromeo

Viena es una ciudad muy llana y posee un carril bici por todo el centro así que, si gusta, no dudéis en alquilar una bici para recorrer todos estos lugares más céntricos.

3º) El mercado Naschmarkt y el pabellón de la Secesión

Una muy buena recomendación de mi Couchsurfer y es que este mercado al aire libre tiene una ambiente muy especial, acogedor y multicultural. No sólo encontraréis allí una gran variedad de productos sino que la mayoría de los puestos poseen su propia terracita perfectas para el “vermú” y tomar los alimentos frescos que allí mismo se venden.

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El mercado Naschmarkt

A un paso del mercado podéis ver el Pabellón de la Secesión, un llamativo edificio de estilo modernista austriaco (Jugendstil), cuya planta baja sirve de la sala de exposiciones.

4º) Comerse un buen Schnitzel y relajarse en sus cafés

Uno de los platos estrella de la gastronomía austriaca es el Schnitzel, un escalope de ternera rebozado, que tanto se puede comer en plato acompañado de patatas como en bocadillo. ¡Uno poco de colesterol en vena, nunca viene mal!

Para los más golosos, mantened la calma cuando os encontréis ante impresionantes vitrinas con miles de tartas (siendo la más típica, la Sachertorter).

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El Café Central de Viena

Los “Kaffeehaus” son toda una institución: elegantes camareros con pajaritas serán los encargados de atenderos y en estos cafés se suelen servir hasta unas 12 variantes de cafés (que con un trocito de tarta siempre pasan mejor). ¡Tanto glamour te hace sentirte de la jet set!

5º) Palacio de Belvedere o el Palacio de Schönbrunn

El Palacio de Belvedere, de estilo barroco, está formado por dos edificios unidos por bonitos jardines. Uno de ellos ha sido convertido en un hotel y el otro en museo con obras de arte del Medievo, del Barroco, de la época Imperial y con una galería con los cuadros más importante de Gustav Klimt como el Beso.

Si nunca había visitado el Palacio de Versalles, no dudéis en ir al Palacio de Schönbrunn y sus bonitos jardines, Patrimonio de la Humanidad, que se encuentran una hora del centro de la ciudad.

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