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Una vez que empiezas, no puedes parar

1º) La multitudes abrumadoras de Tokio: el metro en hora punta y el cruce de Shibuya

A pesar de haberme criado en París, haber estado en el metro de Londres y Nueva York, confieso que lo de Tokio es “too much”. Vivir la experiencia de coger el metro en hora punta es asombroso y lo más increíble es que ¡nadie tropieza con nadie!

¡Y qué decir del famoso cruce de Shibuya! Primero, fuimos a media tarde y sí, había gente, pero no demasiada… Cuando cayó la noche y las luces se encendieron, la cosa cambió. Nos fundimos con la multitud que va para todos los lados y fue increíble. ¡No podíamos parar de cruzar, jajaja! ¡Y no os olvidéis de sacaros la foto con Hachiko!

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Los tokiotas disfrutando de un poco de relax en el parque Yoyogi

2º) Remansos de paz: Parque Yoyogi y los jardines del Palacio Real

Japón es tierra de contrastes y si, por un lado, podemos vivir el estrés de la vida moderna, también es sorprendente encontrarse con lugares tan “zen” como el Parque Yoyogi (recomendable visitarlo en fin de semana para ver cómo los tokiotas se relajan). Lo mismo con los jardines del Palacio Real.

3º) Visitar el precioso templo de Senso-ji

Personalmente el templo de Senso-ji fue uno de los templos que más me gustó durante nuestro viaje a Japón. Quizás sea por sus llamativos colores y por el ambiente que allí se respira (los tokiotas lo visitan con frecuencia para pedir que se cumplan sus deseos así que está muy transitado). Por otro lado, las calles que conducen a él están llenos de puestos callejeros así que toda ese barrio resulta muy animado

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El señor pescadero en el Tsukiji Market

4º) Mercado del pescado Tsukiji

El Tsukiji Market es todo un clásico dentro de las guías de Tokio aunque ¡ojo! para poder asistir a la subasta el atún, tendréis que estar allí a partir de las 4h30 para coger ticket (se reparten 100 cada día) porque se ha convertido en toda una atracción para los turísticas. Visitar el mercado de día también es muy interesante y sobre todo, no dejéis de daros un homenaje si os gusta el sushi. ¡Aún salivo recordando el que tomamos allí!

5º) Irse de compras por Shimo Kitazawa y/oHarayuku y/o volverse loco en las tiendas de kimonos de segunda mano

Volvemos a los contrastes: si queréis ver la ultimísima moda (y/o pintas de los más extrañas), Shimo Kitazawa y Harayuku son los barrios de moda a los que tenéis que dirigiros, en cambio, si os interesa traeros un “souvenir” más tradicional (un kimono, por ejemplo), preguntad por tiendas de segunda mano. El consejo facilitado por Laura de Japonismo fue, desde luego, todo un acierto. ¡Volvimos cargados! (Unos 12-15 euros el kimono).

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Muestras de comida

6º) La gastronomía japonesa y sus máquinas expendedoras

No soporto que me digan “A mí no me gusta la comida japonesa porque no me gusta el pescado crudo”. ¡Sería como decir que no te gusta la comida española porque no te gusta la tortilla! Me atrevo a decir que Japón ha sido uno de los países donde mejor comí tanto por el pescado, como por las carnes, los noodles y ramen (pasta), los arroces, las frituras… ¡Todo buenísimo! Además, si no sabéis qué pedir no hay problema porque siempre tienen réplicas de los platos en los escaparates así que basta con señalar qué  queréis comer. 🙂

Por otra parte, otra particular del país nipón es que siempre hay un montón de máquinas expendedoras con comida en cada esquina así que os aseguro que jamás pasaréis ni hambre ni sed en vista de la variedad que hay.

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¿La Torre Eiffel? ¡No, la Torre de Tokio!

7º) Tokio de noche: Crucero por el Río Sumida y/o pasear por el barrio Shinjuku

Si la ciudad es fascinante de día, cuando la noche cae y se encienden las luces de neón parece que estás en una película futurista. El crucero por el Río Sumida vale aproximadamente unos seis euros y merece mucho la pena hacerlo al atardecer: uno se da cuenta de lo enorme que es Tokio  y ver todos los rascacielos encendiéndose es una auténtica pasada. En cuanto al barrio de Shinjuku, es la típica imagen que todos podemos tener del Tokio con tintes de Blade Runner.

8º) Visitarla estatua de la libertad y robot Gundam en Odaiba

La isla de Odaiba es una isla artificial en la bahía de Tokio. Merece detenerse allí para sacarse la fotos con dos auténticas “frikadas”: por un lado, la Estatua de la Libertad (¡da la sensación por un momento que nos hemos trasladado a Nueva York!) y, por otro, el gigantesco robot Gundam. Podéis llegar hasta allí con el crucero arriba mencionado o en tren/metro.

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¡Siempre sales tan guapo! ¡Purikura Time!

9º) Visitar el particular templo de Zojo-ji y la Torre Eiffel

El templo Zojo-ji, del s. XVI, tiene la siniestra particularidad de tener un cementerio con pequeñas estatuas vestidas y con juguetes que representan los niños no nacidos.

A apenas 15 minutos de allí se encuentra la Torre de Tokio, imitación de la Torre Eiffel pero roja (como lo era originalmente la parisina).

10º) Pasarse una tarde “haciendo el friki” por Akihabara: ¡Viva la tecnología, los pachinkos y los purikuras!

No soy ni de manga japonés ni nada de por el estilo pero, gracias a Adri, descubrí otra parte importante de la cultura japonesa. Me encantó pasear por Akihabara y encontrarme con esas tiendas de tecnología punta, visitar miles de tiendas de cómics en las que la gente se pasaba horas leyendo, entrar en tiendas muy locas de disfraces, jugar unas partidas en los pachinkos (dónde los japoneses de todas las edades se pasan horas en las máquinas recreativas) y disfruté como una enana con las cabinas de fotos japonesas: purikuras. ¡Divertidísimo!

 

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