Tras unos días meditando y “relajándome” en Cotopaxi, Jessica y yo decidíamos seguir nuestro viaje juntas por unos días más. Ella aún no tenía muy claro su ruta. Viajaría luego a Argentina, enlazaría a Nueva Zelanda… ¡Una locura de itinerario para mí, aún más estando tan cansada como lo estaba!

Programamos nuestro viaje hasta Cuenca y luego, desde allí, iríamos hasta Guayaquil donde yo volaría a Galápagos. Sin embargo, llegar del Secret Garden Cotopaxi hasta Latacunga nos llevó más de una hora. Desde allí tomamos un bus hasta Riobamba lo que nos llevaría otras 4 horas… Al llegar, nos miramos a los ojos y decidimos rendirnos. ¡Aún faltaban 6 horas más para llegar a Cuenca! ¡Cómo podía ser que un país que parecía tan pequeño en el mapa, se nos hiciese tan largo de recorrer!

Hacíamos muchísimo calor y nos encontrábamos sin fuerzas, así que cambiamos nuestros planes y decidimos ir directamente para Guayaquil. Esto sería todo lo que veríamos en nuestro recorrido de tres días por Guayaquil…

El Malecón de Simón Bolívar

Tras descansar, mi primera impresión de Guayaquil fue que era una ciudad mucho más moderna de lo que podía esperar. El Malecón de Simón Bolívar es un paseo enorme a lo largo del Río Guayas. Desde él, se pueden ver bonitos edificios como la Torre Morisca, el Ayuntamiento (la Muy Ilustre Municipalidad), el Hemiciclo de la Rotonda de  dónde se encuentran unas estatuas de los dos libertadores de Sudamérica, Simón Bolívar y José de San Martín y es que en 1822 se entrevistaron en Guayaquil.  El Malecón finaliza en unos jardines que están a un paso del mercado artesanal y del llamativo Barrio de las Peñas.

El Barrio de las Peñas

¡Tocaba hacer ejercicio para recorrer el barrio de las Peñas! Esta barriada humilde, llena de escaleras y pequeños callejones de arquitectura colonial (siglo XVIV) es todo cuesta arriba. Se encuentra en las faldas del Cerro Santa Ana. Tras unos 20 minutos de ascenso (unos 465 peldaños después) llegábamos a su cima. Allí se encuentran las ruinas de una antigua fortaleza del s. XVII, una pequeña capilla y un bonito faro con preciosas vistas a la ciudad: podemos divisar los ríos Guayas y Daule, el puente y la Isla de Santay y el Cerro del Carmen con más casitas de colores.

Nota: Nos recomendaron no ir de noche a esa zona ya que puede ser un poco conflictiva.

El Parque de las Iguanas

Otra de las visitas recomendadas en Guayaquil es el Parque de las Iguanas. Tras dando vueltas como tontas en busca de un edificio, no enteramos que este parque es en  realidad el Parque Seminario, conocido también como Parque Bolívar. Allí acampan estos reptiles totalmente a sus anchas totalmente acostumbrados a los turistas que les dan rica lechuga.

Monumento al Sagrado Corazón de Jesús

Este enorme Cristo con 27 metros de altura también es otro de los emblemas de la ciudad de Guayaquil. Se encuentra en el Cerro del Carmen y es otro bonito mirador de la ciudad. Sus escalinatas representan las catorces estaciones del via crucis (Vamos, subir las escaleras del barrio de las Peñas no ha sido suficiente, aquí tienes más, jajaja).

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Más escaleras para ascender al Monumento al Sagrado Corazón de Jesús

La Isla de Santay

Si tras turismo urbano, te apetece desconectar y un poco de naturaleza, te recomiendo la visita a la Isla de Santay. Alquílate una bicicleta para recorrer esta pequeña isla en medio del río Guayas y descubre su increíble biodiversidad. Si te interesa también, realizan allí ecoturismo en comunidades.

La Isla Trinitaria

Si por lo contrario, te interesa descubrir más sobre la historia y la cultura de Guayaquil, te recomiendo hacer una excursión a la Isla Trinitaria. El barrio de Nigeria posee un 75% de población afro-ecuatoriano, ansiosa por darle a conocer a los turistas a su cultura. Tuve el inmenso placer de conocer a la Asociación de Mujeres Progresistas durante mi estancia y fue una experiencia realmente muy bonita.

Guayaquil parecía un plan urbano sin más y finalmente, gracias a las recomendaciones de Hostal Boutique El Manso, estas dos últimas experiencias me ayudaron a conocerla más. 🙂

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