¡Y sí! ¡Ya sabéis qué excéntrica soy! Último día en Sicilia después de recorrerme Palermo, AgrigentoSiracusa, Taormina y Catania… ¡Y todos los sitios que me quedarían por ver!

Había visitado un volcán de pequeña, el Vesuvio, durante mi primera excursión a Pompeya pero ese recuerdo quedaba muy lejos ya y el Etna…¡Es el mayor volcán en activo de Europa!

1. Excursión de un día al Etna

Después de ver unas cuantas excursiones organizadas con cata de productos locales a unos precios desorbitados y que me diesen bastante malas referencias sobre ellas en el hostel en el que me hospedaba, decidí hacer esta excursión por libre. Cogí un bus de Etna Transporti en la estación un bus que me dejaría al pie del volcán en Rifugio Sapienza a unos 1900 m. El único inconveniente es que sólo tienes un horario para ir y para volver por lo que te ves a pasar todo el día allí.

Mientras el autobús se adentraba por caminos rodeados de tierra negra, uno no da crédito de la enorme envergadura del volcán, de las miles y miles de toneladas de lava que ha ido soltando con el paso de los siglos. Hicimos una breve parada a mitad del camino para ir aclimantándonos y curiosamente nos encontramos con una exposición de coches antiguos. 🙂

2. Rifugio Sapienza

Según íbamos subiendo las vistas eran cada vez más impresionantes. ¡Hasta podíamos ver Catania y el mar a lo lejos! Al llegar a Rifugio Sapienza, el cambio de temperatura fue notable y, ¡cómo no!, nos dejaron delante de un montón de tiendas para turistas. Una vez allí, la pregunta era… ¿Cómo subir hasta los 3350 metros de altura?

Caminar hasta la cima no me parecía una opción adecuada ya que llevaba 9 días por Sicilia sin parar así que no quedaba otra opción: desembolsar lo que fuese para poder subir en funicular. Evidentemente esta excursión es algo claramente para guiris por lo que podían pedirnos el dinero que fuese una vez habíamos llegado allí. Unos 50 euros fue el precio para subir hasta Montagnola a unos 2608 metros de altura. Una vez desde allí, tras desembolsar otros 30 euros. cabía la posibilidad de recorrer los últimos 700 metros en autobus con guía pero decidí plantarme. Las vistas desde allí para mí eran suficiente, podía ver cómo salía humo del suelo de aquel paisaje lunar y tras ascender a pie unos cuantos metros más vi imposible alcanzar el Cráter Central. Me conformaría con ver los enormes “boquetes” del Monte Silvestri y del Monte Corvo.

Y dicho esto, tenía dos horas por delante así hubo tiempo para todo y más: seguí caminando por aquellas tierras áridas y alucinando con la frondosa vegetación de los alrededores, me tomé algo y disfruté de algo de sol en la cafetería-restaurante con terracita con vistas junto a los demás guiris y estuve tocando el ukelele, que había traído conmigo, para grabar unas tomas para mi videopostal.

Una despedida relajada de un viaje con mucho color. 🙂

Mapa Etna

 

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