mercado-especias-estambul-turquia

Mercado de las Especias, cosas que te esperas

¡Por fin en Turquía!

Llevaba muchísimo tiempo con Turquía en la cabeza. Así que empecé el 2013 con este país del que me habían hablado mil maravillas y que me tenía intrigada.

Mi primera parada sería Estambul. A pesar de contratar un viaje organizado, los primeros días los haría por libre y agradezco que fuera así para desmontar mitos que tenía en mi cabeza.

comida-estambul-turquia

Cosas que no te esperas: puestos de comida casera

La primera sorpresa fue nada más llegar al enorme aeropuerto de Atarturk aquel jueves por la tarde. El tráfico moderno y monstruoso a la vez. Atascos los hay en todas las ciudades grandes, pensé (Sin ser consciente en aquel momento del crecimiento acelerado de la ciudad).
La segunda sorpresa me la llevé al recorrer en coche sus larguísimas avenidas en dirección al hotel: todo aquello me recordaba mucho más cualquier capital europea que al mundo árabe que había conocido hasta ahora a través de Marruecos o Egipto. Y sí, inculta de mí, pensé que me encontraría con algo muy diferente. Cuando empecé a fijarme en la gente vestida como yo y el gran movimiento de las calles comerciales fue como estar en casa.

mezquita-azul-noche-estambul-turquia

Mezquita azul de noche

A la mañana siguiente estaba ansiosa por si realmente la ciudad era así o si sólo había sido una primera impresión. Mi hotel se encontraba en el centro (lo único bueno) a unos pasos de la universidad. Seguí caminando un poco más y ya entraba de lleno al Mercado de las Especias sin querer.

Más cosas llamativas: me encontraba con un mercado relativamente limpio y ordenado, perfecto para sacar fotos turísticas pero perdiéndome un poco más allá, me encontraba con callejuelas serpenteadas y llenas de cuesta, y me encontraba con un ambiente menos familiar…

Cerca de allí, Las Camii (Mezquitas) más conocidas – grandes protagonistas de la ciudad – se presentaban ante mí. De nuevo más contrastes: La basílica-mezquita Santa Sofía me defraudaba por fuera y me dejaba sin aliento por dentro. El exterior de la Mezquita Azul – que curiosamente Patricia no incluía en el libro, ¿En qué estaría pensando? – me dejaba totalmente asombrada y aún más de noche. El interior también es fascinante pero quizás no me extrañó tanto porque ya me esperaba esa increíble belleza…

interior-santa-sofía-estambul-turquia

Interior de Santa Sofía

Emigrantes españoles en Estambul y rompiendo clichés

Como no quería perderme la verdadera vidilla de Estambul, había decidido contactar con algún Couchsurfer. Había tenido un antiguo huésped turco pero curioseando en la página, llamó mi atención un chico gallego, de Coruña, que residía allí ¿Qué se le podía haber perdido en Turquía? Decidí contactar con él para tener una visión diferente de la de un autóctono.

Quique me invitó a cenar con él y unos amigos en el barrio de Beyoglu, al otro lado del Puente de Galata. Decidí coger un tranvía para cruzarlo. Estaba cansada ya y quería ir con tiempo para encontrar el lugar en el que había quedado con él. Al final fue fácil ubicar el sitio, y tras recorrer de arriba a abajo la animadísima calle comercial de Istikal, decidí hacer tiempo tomándome un té en el legendario Pera Palas, antiguo hotel con encanto, recomendado por Patricia por su suntuosidad y porque Agatha Christie, Ernest Hemingway y Alfred Hitchcock se hospedaban en él.

escaparates-cabras-estambul-turquia

Cosas que no te esperas

Me lo encontré vacío así que pude hacer de guiri a mis anchas y tras sacar unas cuantas fotos y reflexionaba sobre todo lo que había visto durante aquel día: había venido a aquella ciudad con un montón de clichés. La había asociado con sus mezquitas pero no con sus gentes abiertas al mundo y la modernidad. Me imaginaba a un país – que tiene por bandera una media luna y una estrella – más anclado en la religión musulmana y resulta que estaba en un país laico. La había asociado con su famosa comida rápida, los Kebabs, pero nunca pensé ver tantos puestos de comida casera para llevar (con muchas verduras). Sabía que el Bakvala era toda una institución pero resulta que allí todos dulces eran un arte. Y sólo acababa de empezar…

Deja un comentario