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Iglesia de San Salvador de Chora

Visita en San Salvador de Chora

Tercer día por Estambul. Si bien es cierto que quedé un poco de casualidad con Quique la primera noche de mi llegada tenía otra persona pendiente en mi lista: ¡Emre! (un joven duendecillo turco que alojaba unos meses antes a través de Couchsurfing)

Me alejé un poco del centro y me dirigí a la iglesia bizantina de San Salvador de Chora. Patricia la recomendaba en su libro. No parecía ser una gran atracción turística por lo que me tenía intrigada. En efecto, me llevaría una grata sorpresa en varios sentidos: primero, porque se encuentra en una barriada totalmente diferente y muy bonita con casitas de madera de colores; segundo, porque al fin escapaba de las multitudes de guiris, y finalmente, porque realmente se trata de una joyita de una excepcional belleza. Me pareció un lugar mágico y lleno de energía.

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Mezquita de Eyüp

El mirador Pier Loti

Nada más salir de allí ya me encontré con Emre. Fuimos paseando tranquilamente por la ciudad y, aprovechando el buen tiempo, fuimos caminando hasta el mirador Pier Loti. Yendo para allí, por recomendación de mi super guía, decidimos parar a “redesayunar” algo (y de paso probar cosas raras de las que a mí me gustan, como el Boza y el Sahlep). Luego visitamos la preciosa mezquita de Eyüp.

Decidimos tomar el teleférico para subir la cuesta y tras sacar unas cuantas instantáneas del famoso Cuerno de oro y de la pintoresca cafetería, fuimos bajando todo lo largo del imponente Cementerio de Eyüp que se incrusta en la ladera de la colina.

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Mirador de Pier Loti

Uno de los ferries públicos nos dejó en el puerto y tras comer un bocadillo de albóndigas en un puesto callejero, Emre y yo fuimos hasta la mezquita de Soleyman y, allí, gracias a mi Couchsurfer, descubrí uno de los secretos mejor guardado por los autóctonos, una cafetería con terraza con preciosas vistas al Bósforo. 🙂

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Boza y Sahlep

Visita al Palacio de Topkapi

Tras ese merecido descanso, como aún nos quedaba algo de tarde (y ya que Emre tampoco lo había visitado), decidimos ir hasta el Palacio de Topkapi (otra de las recomendaciones de Patricia). Lo cierto es que la mayoría de la gente me había dicho que les había decepcionado el lugar y me pasó lo mismo. Realmente si no fuera por las risas que me eché allí con mi acompañante no hubiese merecido la pena.

Crucero por el Bósforo

Caía la noche y Emre me acompañó de nuevo hasta el puerto… Tocaba despedirnos y hacer la guiri: cogería un crucero por el Bósforo porque realmente merece la pena. Arranqué en uno de los últimos por la tarde y fue todo un acierto ya que pude ver un preciosísimo atardecer, cómo se empezaban a encender todas las luces de la ciudad y finalmente, a mi regreso, Estambul de noche.

En el barco conocería a otro viajero solitario como yo, David, un chico portugués que se estrenaba en Estambul en esto de viajar solo. Lo veía un tanto intranquilo y agobiado mientras me contaba su historia.

Yo también pasé por eso, no te preocupes – pensé para mis adentros. Ya verás que bien te acostumbras. Sentirás una libertad que lo inundará todo, el lugar se impregnará en ti y jamás te volverás a sentir solo mientras viajas…

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