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¡Por fin en Turquía!

Llevaba muchísimo tiempo con Turquía en la cabeza. Así que empecé el 2013 con este país del que me habían hablado mil maravillas y que me tenía intrigada.

Mi primera parada sería Estambul. A pesar de contratar un viaje organizado, los primeros días los haría por libre y agradezco que fuera así para desmontar mitos que tenía en mi cabeza.

1. Llegada al aeropuerto de Atarturk

La primera sorpresa fue nada más llegar al enorme aeropuerto de Atarturk aquel jueves por la tarde. El tráfico moderno y monstruoso a la vez. Atascos los hay en todas las ciudades grandes, pensé (Sin ser consciente en aquel momento del crecimiento acelerado de la ciudad).
La segunda sorpresa me la llevé al recorrer en coche sus larguísimas avenidas en dirección al hotel: todo aquello me recordaba mucho más cualquier capital europea que al mundo árabe que había conocido hasta ahora a través de Marruecos o Egipto. Y sí, inculta de mí, pensé que me encontraría con algo muy diferente. Cuando empecé a fijarme en la gente vestida como yo y el gran movimiento de las calles comerciales fue como estar en casa.

 

2. Mercado de las Especias

A la mañana siguiente estaba ansiosa por si realmente la ciudad era así o si sólo había sido una primera impresión. Mi hotel se encontraba en el centro (lo único bueno) a unos pasos de la universidad. Seguí caminando un poco más y ya entraba de lleno al Mercado de las Especias sin querer.

Más cosas llamativas: me encontraba con un mercado relativamente limpio y ordenado, perfecto para sacar fotos turísticas pero perdiéndome un poco más allá, me encontraba con callejuelas serpenteadas y llenas de cuesta, y me encontraba con un ambiente menos familiar…

 

3. Santa Sofía y la Mezquita Azul

Cerca de allí, Las Camii (Mezquitas) más conocidas – grandes protagonistas de la ciudad – se presentaban ante mí. De nuevo más contrastes: La basílica-mezquita Santa Sofía me defraudaba por fuera y me dejaba sin aliento por dentro. El exterior de la Mezquita Azul – que curiosamente Patricia no incluía en el libro de “1000 sitios que ver antes de morir”, ¿En qué estaría pensando? – me dejaba totalmente asombrada y aún más de noche. El interior también es fascinante pero quizás no me extrañó tanto porque ya me esperaba esa increíble belleza…

4. El barrio de Beyoglu

Como no quería perderme la verdadera vidilla de Estambul, había decidido contactar con algún Couchsurfer. Había tenido un antiguo huésped turco pero curioseando en la página, llamó mi atención un chico gallego, de Coruña, que residía allí ¿Qué se le podía haber perdido en Turquía? Decidí contactar con él para tener una visión diferente de la de un autóctono.

Quique me invitó a cenar con él y unos amigos en el barrio de Beyoglu, al otro lado del Puente de Galata. Decidí coger un tranvía para cruzarlo. Estaba cansada ya y quería ir con tiempo para encontrar el lugar en el que había quedado con él. Al final fue fácil ubicar el sitio, y tras recorrer de arriba a abajo la animadísima calle comercial de Istikal, decidí hacer tiempo tomándome un té en el legendario Pera Palas, antiguo hotel con encanto, recomendado por Patricia por su suntuosidad y porque Agatha Christie, Ernest Hemingway y Alfred Hitchcock se hospedaban en él.

Me lo encontré vacío así que pude hacer de guiri a mis anchas y tras sacar unas cuantas fotos y reflexionaba sobre todo lo que había visto durante aquel día: había venido a aquella ciudad con un montón de clichés. La había asociado con sus mezquitas pero no con sus gentes abiertas al mundo y la modernidad. Me imaginaba a un país – que tiene por bandera una media luna y una estrella – más anclado en la religión musulmana y resulta que estaba en un país laico. La había asociado con su famosa comida rápida, los Kebabs, pero nunca pensé ver tantos puestos de comida casera para llevar (con muchas verduras). Sabía que el Bakvala era toda una institución pero resulta que allí todos dulces eran un arte. Y sólo acababa de empezar…

Tras un día de lo más completito, al fin me reuní con Quique. Aquella velada resultaría también de lo más curiosa…

Mi Couchsurfer resultó ser extremadamente agradable y amable. La cena fue auténtica – con Meze variados (tapillas turcas)…  ¡y entre españoles! Aquella noche me vi debatiendo de política, de la situación económica del país con un montón de gente de mi edad que había decidido emigrar a Turquía en busca de un trabajo. Muchos de ellos ya se veían viviendo en Estambul por una larga temporada y parecían contentos con su decisión. La capital está creciendo cada día a pasos agigantados así que allí, al menos, parecía haber futuro…

Tras una fiesta improvisada en casa de uno de ellos, enseguida se me hizo tarde. Tuve que escapar de allí a  mi gran pesar. ¡Aún me faltaba mucho por ver de Estambul! Me iba feliz para el hotel después de pasar una noche tan diferente con todos ellos y de reírme un buen rato con  las chicas regateando mi taxi de vuelta…

Cisterna Basílica Estambul Turquía

Cisterna Basílica Estambul Turquía

5. La Cisterna Basílica

La mañana siguiente volvía al ataque. El interior de la Mezquita Azul – como era de esperar – no me decepcionó en absoluto. Mi hermana, que ya había visitado la ciudad, me recomendó visitar la Cisterna Basílica y la verdad es que me asombró el lugar (a destacar ya que, por desgracia, con tantos viajes a mis espaldas cada día es más difícil sorprenderme).

Empezó a apretar el hambre. Decidí entonces acercarme al puente Galata. Me encantó el ambiente que había por allí: gente pescando, el olor a pescado, los puestos de comida callejera llenos de gente y sobre todo los bonitos barcos flotantes dónde preparaban el Balik Ekmek (bocadillo de caballa). A día de hoy se me sigue haciendo la boca agua recordándolo… ¡Gracias por la recomendación, Quique!

 

6. Gran Bazar

Ya de regreso para el hotel decidí al fin adentrarme en el Gran Bazar. Lo que más me llamó la atención fue su tamaño, es realmente enorme y laberíntico pero, en mi opinión, se ha convertido en un lugar demasiado turístico y me defraudó un poco.

Nada más caer la noche, empezó a formarse rápidamente un bazar improvisado a unas calles de mi hotel. Empecé a ver cómo mucha gente empezaba a extender sábanas en el suelo y montaban su propio mercadillo casero…

Como podéis leer, cuando me voy de viaje, ¡me voy de viaje! pero mi cuerpo no aguantaba más.

Otro día más en una ciudad llena de contraste, que en un principio no me decía nada, y que poco a poco me iba atrapando…Tras dar unas cuantas vueltas (y es que no es tan fácil de encontrar), entre un antiguo cementerio y el Old Bazar, en unas de las calles comerciales más modernas de la ciudad, encontré el lugar del que tanto me había hablado mi hermana: el Corlulu Ali Pasa Medresesi. En este pequeño lugar perfecto para relajarse, podéis ver como los camareros pasan constantemente de un lado al otro con bandejas de té y más té, y todo tipo de gente charlando allí durante horas mientras fuman el narguile. A pesar de estar sola, el tiempo se detuvo para mí. Observaba anonadada toda aquella gente entrando y saliendo, y no podía dejar de fijarme en el señor encargado de mantener las brasas vivas para todos sus clientes, jejeje. ¡Fascinante!

7. San Salvador de Chora

Tercer día por Estambul. Si bien es cierto que quedé un poco de casualidad con Quique la primera noche de mi llegada tenía otra persona pendiente en mi lista: ¡Emre! (un joven duendecillo turco que alojaba unos meses antes a través de Couchsurfing)

Me alejé un poco del centro y me dirigí a la iglesia bizantina de San Salvador de Chora. Patricia la recomendaba en su libro. No parecía ser una gran atracción turística por lo que me tenía intrigada. En efecto, me llevaría una grata sorpresa en varios sentidos: primero, porque se encuentra en una barriada totalmente diferente y muy bonita con casitas de madera de colores; segundo, porque al fin escapaba de las multitudes de guiris, y finalmente, porque realmente se trata de una joyita de una excepcional belleza. Me pareció un lugar mágico y lleno de energía.

8. El mirador Pier Loti

Nada más salir de allí ya me encontré con Emre. Fuimos paseando tranquilamente por la ciudad y, aprovechando el buen tiempo, fuimos caminando hasta el mirador Pier Loti. Yendo para allí, por recomendación de mi super guía, decidimos parar a “redesayunar” algo (y de paso probar cosas raras de las que a mí me gustan, como el Boza y el Sahlep). Luego visitamos la preciosa mezquita de Eyüp.

Decidimos tomar el teleférico para subir la cuesta y tras sacar unas cuantas instantáneas del famoso Cuerno de oro y de la pintoresca cafetería, fuimos bajando todo lo largo del imponente Cementerio de Eyüp que se incrusta en la ladera de la colina.

Uno de los ferries públicos nos dejó en el puerto y tras comer un bocadillo de albóndigas en un puesto callejero, Emre y yo fuimos hasta la mezquita de Soleyman y, allí, gracias a mi Couchsurfer, descubrí uno de los secretos mejor guardado por los autóctonos, una cafetería con terraza con preciosas vistas al Bósforo. 🙂

 

9. Visita al Palacio de Topkapi

Tras ese merecido descanso, como aún nos quedaba algo de tarde (y ya que Emre tampoco lo había visitado), decidimos ir hasta el Palacio de Topkapi (otra de las recomendaciones de Patricia). Lo cierto es que la mayoría de la gente me había dicho que les había decepcionado el lugar y me pasó lo mismo. Realmente si no fuera por las risas que me eché allí con mi acompañante no hubiese merecido la pena.

 

10. Crucero por el Bósforo

Caía la noche y Emre me acompañó de nuevo hasta el puerto… Tocaba despedirnos y hacer la guiri: cogería un crucero por el Bósforo porque realmente merece la pena. Arranqué en uno de los últimos por la tarde y fue todo un acierto ya que pude ver un preciosísimo atardecer, cómo se empezaban a encender todas las luces de la ciudad y finalmente, a mi regreso, Estambul de noche.

En el barco conocería a otro viajero solitario como yo, David, un chico portugués que se estrenaba en Estambul en esto de viajar solo. Lo veía un tanto intranquilo y agobiado mientras me contaba su historia.

Yo también pasé por eso, no te preocupes – pensé para mis adentros. Ya verás que bien te acostumbras. Sentirás una libertad que lo inundará todo, el lugar se impregnará en ti y jamás te volverás a sentir solo mientras viajas…

 

Mezquita Azul Estambul Turquía

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4 Respuestas

  1. Miguel Ángel Otero Soliño

    Bueno tu reacción con las cisternas es muy habitual de hecho he escuchado opiniones parecidas a la tuya de mi hermano, amigos etc. En mi opinión la mezquita azul es una obra impresionante mal situada, mal situada porque pretende competir con Santa Sofia y cualquier competición con Santa sofia es dificil ya que hablamos de un edificio milenario sin comparación en el mundo.

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    • @skandal00

      Hola Miguel,
      ¿Las cisternas impresionan a muchos, jejeje?
      Bueno, Santa Sofía impacta evidentemente porque es muy particular y realmente su interior te deja abrumado pero a día de hoy la Mezquita Azul no deja de ser la protagonista de muchas de las postales que podemos ver de Istambul…
      Y verla de noche desde uno de los cruceros de Bósforo… ¡ahí es cuando se gana la palma!

      Responder
  2. Turiscuriosa

    Siempre es un placer leerte y tomo nota de estos esos lugares a los que a mí también me gustaría ir antes morir 🙂

    Por ello, he querido hacerte un pequeño reconocimiento en mi página Turiscurioseando http://ow.ly/nHLFA

    ¡Muchas gracias por tantos buenos momentos de lectura, recomendaciones y experiencias! A los por los 1000!

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