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Fuerte Amber en Jaipur

Visita a Fuerte Amber

A la mañana siguiente, después de esa noche tan atípica, tocó ponerse a visitar de verdad Jaipur. Vickr me dejó delante del Fuerte Amber, me dió su número de móvil y me avisó que le llamara cuando acabara.

Esta primera visita me dejó anonada y es que este complejo es igual de grande que la Alhambra. Se respira la grandeza de los antiguos marajás del Rajastán. La belleza de los jardines, la piedra arenisca roja, el mármol blanco finamente tallado: gracias a la audioguía, uno se puede enterar de las 1001 de intrigas que transcurrieron por allí. El entorno también es increíble porque el recinto se encuentra entre las montañas por lo que la muralla que lo rodea recuerda por momentos a la Gran Muralla china.

Tras un recorrido de casi dos horas, decidí bajar todo lo largo de la muralla hasta una plaza central dónde se encontraban la mayoría de los turistas que decidían subir al fuerte en elefante. La verdad es que estos animales me parecieron tan bonitos (les hacen dibujos con tiza para adornarlos), tan buenos, tan dóciles y tiernos que me rompió el corazón ver todo el espectáculo que les rodeaba. Al final sólo me animé a acariciarlos y fotografiarlos. Vickr me había dicho que me esperaría en el parking pero no veía el coche, así que pregunté y me avisaron de que había tres aparcamientos. Me fui a buscarlo tranquilamente pero, tras dar unas cuantas vueltas, varios chóferes del aparcamiento vinieron a ofrecerme su ayuda para buscarlo, jajaja.

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Enamorarse de los elefantes del fuerte rojo de Jaipur

A la tarde, Vickr me dejó ya en el centro de Jaipur dónde visite el Chandra Mahal o Palacio de la ciudad y Observatorio de Jai Singh. La verdad es que estos monumentos no me llamaron demasiado la atención aún estaba haciéndome al lugar y poder andar, sola, a mi aire por la ciudad, me estaba dando poco a poco más confianza en mí misma. Por fin estaba saliendo de mi burbuja y me mezclaba con ellos.

Increíble despedida de Arjún y de Jaipur

Después de un buen día de caminata, me fui pronto a descansar y es que al día siguiente nos esperarían otras cuatro horas de trayecto hasta Agra para completar el recorrido del Triángulo Dorado. Arjun me avisó de que antes de dejar Jaipur quería llevarme a cenar a un lugar muy especial. ¡Y así fue! Me llevaron a un pueblecito perdido a las afueras. Al llegar, de repente, vimos una enorme caravana de coches y gente haciendo cola como loca para acceder a en un recinto. Esa noche – además de probar toda gastronomía local del Rajastán (buffet libre) – sería aún más locura que la anterior. Aquel lugar, del que desgraciadamente no recuerdo el nombre, era como un parque de atracciones gigante en el que los indios pagaban una entrada fija por cenar y poder acceder a atracciones de todo tipo: paseos en camello o en carro de bueyes, un tobogán con un elefante ayudándote a subir, varias pistas de baile, encantadores de serpientes, magos, marionetas para los niños… ¡Totalmente increíble!

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El palacio de los Vientos

A la mañana siguiente, Vickr vino a recogerme muy temprano y es que antes de dejar Jaipur, le pedí a Arjun que me acercaran a algún mercado de telas ya que quería comprar algún souvenir. Tras dar señales a casa vía Internet, hicimos una paradita delante del bonito Jal Mahal, un palacio precioso que tiene la peculiaridad de encontrarse en el medio del lago Man Sagar. A continuación me metí en un bazar increíble en el que podría satisfacer todas mis “necesidades capitalistas”. Arjun no me había engañado: ningún turista, sólo gente india y nada de regateos. Acabé mareada de tantas cosas bonitas que vi y tras comprar media tienda y traer regalos para todos por apenas 100 euros. Dimos una última vuelta en coche por la Ciudad Rosa e hicimos una última parada a ver el famosísimo Palacio de los Vientos. La arquitectura del Hawa Mahal, tan fina y elaborada, es espectacular pero me decepcionó que esta simple fachada fuera el emblema de la ciudad ya que, a pesar de su belleza, sólo es un pequeño vestigio, metido en plena ciudad.

Visita al Templo de los Monos

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Templo de los Monos en Jaipur

De camino, Vickr me preguntó si quería hacer una parada en el Templo de los Monos  (a apenas 10 km de Jaipur). Accedí y creo que fue una gran decisión porque este recinto, relativamente pequeño y que tuve la suerte de ver prácticamente vacío porque era temprano, me pareció precioso. Su ubicación en medio de la montaña, sus fuentes y cascadas, me dieron la sensación de estar en un pequeño paraíso sobre la tierra. Al vernos llegar, los monos (ya  acostumbrados a los turistas) empezaron a bajar de las montañas en busca de comida.

 

Visita a Fatehpur Sikir

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Fatehpur Sikri

Tras una visita de una horilla, seguimos nuestra ruta hacia Agra. A mediodía llegábamos a Fatehpur Sikri, visita que Arjun había incluido a última hora en mi recorrido. Vickr me avisó que tendría que caminar durante 15 minutos hasta la entrada, pasar por un pequeño mercado plagado de gente dónde mucha gente se me ofrecería como guía. Aún así me advirtió que, si lo deseaba, era más seguro contratar un guía oficial dentro. Recuerdo que fue realmente duro esquivar a toda aquella gente, pasar entre ellos como un fantasma, sobre todo cuando te encaras por primera vez a gente realmente necesitada. Eso sí, todos fueron respetuoso y realmente nadie me molestó.

Fatehpur Sikri, una ciudad construida en medio de la nada por un emperador mogol y totalmente abandonada 14 años después de su construcción, también me pareció una visita muy interesante. Es un lugar realmente enorme con varios palacios y salas de audiencias, varios pabellones, una mezquita y un recinto funerario.

Visita al Taj Mahal

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El Taj Mahal causa impacto, sin lugar a duda…

Cuando el sol empezó a pegar fuerte, decidimos arrancar hacia Agra con el objetivo de ver el Taj Mahal al atardecer. Como era fin de semana y además había sido festivo, me encontré con un recinto repleto de turistas indios. La visión que se presentó ante mí al entrar, me resultó sobrecogedora y logró sacarme una sonrisa. Aún estaba cayendo el sol así decidí recorrer la enorme explanada de jardinescon calma. Cuanto más avanzas, más hermoso y hipnótico parece el edificio. Me llamó la atención que la parte de atrás del edificio dé al río Yamuna. Verlo llegando en barco también que tiene que ser una pasada. Todo me pareció muy de cuento de hadas hasta que se me ocurrió entrar en el edificio y todo se desvaneció porque por dentro resulta muy austero e insulso.

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Gente hipnótica

Quise entrar al mausoleo pero la organización era espantosa. Debido a que se aproximaba la hora del cierre, de repente, me empezaron a empujar por todos los lados para poder entrar por la diminuta puerta…¡Y acabé atrapada en volandas entre la gente! Menos mal que tenía mi kit de supervivencia (¡Gracias, Anita!): abanico, caramelos y agua. Me lo tomé con calma, incluso a reírme de la situación, y me dispuse a intentar volver a alcanzar el suelo. En medio del mogollón vi a una pareja de guiris igual que yo así que, mientras esperábamos, hicimos las presentaciones. Era una pareja americana que, como yo, alucinaba con esta situación tan surrealista. Tras un empujón final, tras 10 minutos de espera en los aires, aterrizamos en el mausoleo… ¡donde no había nada! XD

Los dos féretros de mármol de los famosos Shah Jahan (el emperador) y su esposa favorita Arjumand Bano Begum (por la que construyó el Taj Mahal) estaban rodeando de biombos dentro de una sencilla sala blanca. XD

Tras esta visita, y comprobar que desgraciadamente el recinto se queda totalmente a oscuras al anochecer, decidí rápidamente irme a descansar al hotel. Una vez más la elección de hotel estuvo muy bien. La habitación era muy sencilla pero lo mejor fue poder despedirme del Taj Mahal desde la terraza a la mañana siguiente.

Este post NO ha sido patrocinado. Los enlaces o las menciones a marcas que incluyo en este texto han sido introducidos porque creo que pueden tener interés para el lector. TODAS las opiniones y experiencias recogidas en mi blog son REALES y ÚNICAMENTE mías.

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