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Estatua de Bolivar en Pereira

Cómo llegar hasta el Eje Cafetero

Tras unos días estupendos en Bogotá, estaba muy animada con seguir conociendo Colombia. Tomé un bus en dirección a Pereira para visitar la zona del Eje Cafetero, una de las zonas más turísticas del país. El viaje fue cómodo aunque se me hizo bastante largo (unas 7 horas). ¡Las distancias de América son tan enormes! Me alojaría en el encantador y recién inaugurado hostel Coffee and Travel. Llevado por unos hermanos encantadores, tendríamos interesantísimas conversaciones sobre su país durante aquellos tres días (además de darme excelentes recomendaciones musicales, jejeje).

Pereira, una ciudad pequeña y tranquila, es el centro neurálgico de la zona. Uno puedo moverse por los alrededores en bus sin ningún problema.

Salento

Mi primer día de excursión fue al pueblecito de Salento. Es uno de los lugares más famosos de Quindío, la zona del Eje Cafetero. Estaba lleno de turistas locales. Me pareció un lugar muy bonito, muy típico, perfecto si buscáis un poco de relax.

La Calle Real está llena de tiendas de souvenirs y cafeterías, ejemplos de la arquitectura colonial antioqueña. Al final de esa arteria se accede al mirador con vistas al pueblo. Desde la plaza principal, donde está la iglesia, podéis encontrar un montón de jeeps de los años 80 que os llevan de “aventura” por el Valle del Cócora. Desgraciadamente, he de decir que las fotos no le hacen justicia al sitio. El tiempo no acompañó pero esos paisajes verdes con palmeras me encantaron. En el valle del Cócora todo está para el disfrute del turista: podéis almorzar allí rica trucha (el plato típico de la zona), podéis montar a caballo o simplemente pasear hasta la cascada.

Nota: Si vais con más tiempo y os apetece hacer senderismo-montañismo, también se encuentra el Parque Nacional de los Nevados cerca de Salento.

Filandia

Tras esta primera excursión, quería visitar alguna Hacienda. Me recomendaron visitar la Finca El Mirador perfecta para disfrutar de maravillosas vistas a los famosos cafetales colombianos. Se encuentra cerca del pueblecito de Filandia, un lugar mucho más tranquilo que Salento. Tomé un bus desde Pereira y, ya en Filandia, le pedí a un jeep que me acercase a la finca. Debido a la tormenta de la noche anterior, se habían quedado sin electricidad. ¡Tendría que probar su café en otro momento! Sin embargo, fueron de lo más amables: visita guiada por la finca para mí sola, jejeje. No sólo fue apasionante sino que también conmovedor ver todo el trabajo y esfuerzo que hay detrás de estos codiciados granos.

El café colombiano

La planta del café necesita estar a una determinada altura (al menos a 1200 metros de la altura). Por lo tanto, no siempre es fácil su plantación y recolección debido a las pendientes. Es una planta delicada y la roya (una plaga) suele comerse sus granos. Seleccionar el grano tampoco es fácil: por ahora, imposible hacerlo de forma automática ya que sólo se pueden recoger los granos rojos. A continuación, las manos expertas, generalmente mujeres, son las que separan los granos en función de su calidad. Luego, llegan el secado y la torrefacción. A pesar de ser uno de los mayores productores del mundo, me sorprendió que no hubiese una cultura más marcada del café como ocurre en Italia o Portugal. Son típicas las cafeterías Juan Valdez (marca registrada de la Federación de Cafeteros de Colombia). Ofrecen café 100% colombiano pero el café que tomé estaba preparado tipo café americano…

Como ocurre en muchos otros países, compensa más exportar lo “bueno”. Durante mi visita, descubriría que Colombia apenas le gana el 30% de su valor a su mayor tesoro. Las distribuidoras internacionales (intermediarias entre ellos y nosotros) pagan poco por este trabajo artesanal y nos revenden el café colombiano a precio de oro… ¿Seguís pensando que Colombia es peligrosa?

Este post ha sido patrocinado, es decir, que he obtenido una retribución económica o un servicio a cambio, sin embargo, TODAS las opiniones y experiencias recogidas en mi blog son REALES y ÚNICAMENTE mías. No acepto nada que incumpla mi código de ética y mi moral. ¡Sinceridad ante todo! Este tipo de posts me permiten seguir adelante con este blog.

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