Excursión a Chiang Rai y al Triángulo Dorado

A pesar de que los días en Chiang Mai fueron de lo más agradables, confieso que seguía bastante desencantada con ese norte de Tailandia que – supuestamente – iba a ser más auténtico.
Tras preguntar en el hostel, me recomendaron hacer una excursión a Chiang Rai y al Triángulo Dorado. Supuestamente allí no había mucho que ver. Si me confundí, ya tengo motivos para volver… 🙂
Salimos muy temprano en una pequeña furgoneta de 10 personas en dirección a Chiang Rai. Haríamos una primera parada en unas “Hot springs” (manantiales de agua caliente) para estirar las piernas, desayunar algo y comprar souvenirs como buenos turistas que somos.

El acceso al templo

El acceso al templo

El Templo Blanco o Wat Rong Khung

En tres horas llegábamos al famoso Templo blanco, Wat Rong Khung. Al igual que me había pasado con el Gran Palacio, no daba crédito con la cantidad de turistas chinos que lo asediaban.
Wat Rong Khung, construido en 1997, no es un centro religioso sino puro espectáculo. Creado por el artista Chalermchai Kositpipat, posee una arquitectura similar a los templos tradicionales tailandeses pero con un montón de símbolos extravagantes. Se trata de un parque de atracciones más que en un lugar para la meditación. Es un recinto bastante pequeño que se puede recorrer en poco menos de una hora. ¡No era para nada lo que me esperaba!
Para entrar hay que cruzar un llamativo puente: debajo de nuestros pies se encuentran manos que parecen pedir auxilio. El artista quiere representar el camino a la felicidad esquivando el deseo, la avaricia y la tentación.
En el interior, dos grandes estatuas representan la muerte, hay figuras de budas meditando y murales con llamas y demonios… Nada excepcional. En los árboles que rodean el templo podemos encontrarnos las cabezas colgando de Michael Jackson, Neo de Matrix o Freddy Kruger entre otras muchas locuras.

Karen Long Neck Village

El templo blanco (lo único que vería finalmente de Chiang Rai) no me entusiasmó demasiado pero la visita a un pueblo con mujeres jirafas sí me parecería sobrecogedora. Estas tribus, originarias de Myanmar, viven marginadas, de forma ilegal, junto a las fronteras. Sobreviven gracias al turismo, curioso por sus tradiciones. Llevan aros metálicos alrededor de sus cuellos, brazos y piernas. En su origen, se les colocaba estos adornos a las mujeres con otra intención: para proteger sus partes sensibles (por si eran atacadas por serpientes o animales salvajes). Aquellas pobres mujeres, ahora convertidas en animales de ferias, sonríen y posan impasibles para los turistas mientras tejen. Tras apenas sacar un par de fotos, preferí sentarme junto a una niña a jugar a que me pintase la cara de maravillosa thanaka, como ella…

 

El Triángulo Dorado

Después de este pequeño circo, llegamos finalmente al Triángulo Dorado, lugar en el que convergen Tailandia, Birmania y Laos. El río Mae y el río Ruak confluyen con el famoso río Mekong, uno de los más largos del mundo. No sé si fue porque el cielo se nubló o si mi alegría se quedó en el pueblo Karen pero los paisajes y sus aguas turbias del Triángulo Dorado no me parecieron nada de otro mundo.
Nos ofrecieron dar un paseo por el río en una pequeña embarcación (sin ninguna otra alternativa). Nos dejarían 30 minutos en la otra orilla para “disfrutar” de Laos. Una vez del otro lado, nos encontraríamos con los mismos chiringuitos turísticos que el lado de Tailandia. Eso sí, quizás en un país que parecía más pobre…

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La orilla tailandesa sobre el río Mekong

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Desde Laos

Tailandia seguía decepcionándome en muchos sentidos. El Templo Blanco, todo falsedad. Las tribus Karen, utilizadas como reclamo turístico. Ir hasta el Triángulo Dorado… ¿para sumar un sello en el pasaporte?

¿De verdad, que los otros turistas no se daban cuenta de que todo era puramente fachada?

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