Los templos de Chiang Mai

Chiang Mai, el norte de Tailandia te gustará más – me decían.

Sí, efectivamente el ambiente tranquilo de Chiang Mai y sus miles de templos tendrían mucho más encanto que la caótica Bangkok y el insípido Hua Hin. Chiang Mai es una ciudad relativamente pequeña (al menos su centro histórico) así que encontrar alojamiento a apenas diez minutos de su muralla fue muy fácil. Al cabo de tres días, ya me conocía todo el centro como la palma de mi mano, jejeje.
Éramos pocos turistas así que las visitas fueron relajadas aunque ¡hay tanto que ver! En mi hostel conocería a Sébastien, un joven socorrista-ironman francés que, al igual que yo, se había tomado unos meses sabáticos para viajar por el sureste asiático. Me acompañaría por Chiang Mai los dos días siguientes.

Primero, visitamos Wat Chedi Luang, un elevado templo del s. XIV en el que destacan enormes elefantes de piedra.

También recorrimos los templos de Wat Chiang Man y Wat Phra Singh destacan en cambio, los tejados con acabados puntiagudos – que dan la sensación de que se van a echar a volar – y los dorados.

Personalmente el que más me gustó, aunque no es tan espectacular, es el templo de Wat Chedlin por su pequeño jardín zen con nenúfares.

Mae Kam Pong

Tras tanto templo, Sébastien y yo decidimos hacer un alto en el camino para comer. Recordé que mi amable Guitar, dueña del hostel de Bangkok, me había recomendado un pueblecito a las afueras de Chiang Mai: Mae Kam Pong. Preguntamos a varios tuk-tuk pero todos nos decían que no podía ser, que allí no iban los turistas. ¡Así que nos incitaron aún más a ir! Encontramos a un chico dispuesto a llevarnos pero el precio era bastante elevado…

Así que, en el mismo restaurante en el que acabábamos de almorzar, ni cortos ni perezosos, nos pusimos a buscar entonces a dos desconocidos dispuestos a venirse con nosotros, jajaja. ¡Y lo conseguimos! Conocimos una pareja de holandeses y allá nos fuimos. Según nos íbamos alejando de la ciudad, estábamos cada vez más contentos viendo los hermosos paisajes que rodeaban la ciudad. Incluso paramos en un pequeño recinto a ver elefantes.

Después, al llegar Mae Kam Pong, me alegré de aquella locura. Este pueblecito perdido en medio de un bosque, me recordó las afueras de Kioto: casitas de madera, un viejo templo abandonado, una cascada… Estar solo los cuatro en medio de esa paz fue todo un lujo. Subimos a una pequeña cafetería – toda para nosotros – que tenía vistas a todo el valle. ¡Hermoso! ¡Había merecido la pena!

Atardecer desde el templo de Doi Suthep

De regreso a la ciudad, nuestro chófer – intentando tenernos contentos y ganarse una buena propina – nos recomendó parar en el templo Doi Suthep antes de regresar a Chiang Mai para ver el atardecer. Ese templo se encuentra en la cima de una colina a las afueras de la ciudad. Las vistas son preciosas, merecen la pena. Se puede acceder también al templo a través de una impresionante escalera con forma de dragón de 350 peldaños (que sólo Sébastien quiso bajar para volver a subirlas, jejeje).

Durante nuestro primer día en Chiang Mai, habíamos visto casi todos los templos del centro por la mañana y habíamos pasado la tarde en Mae Kam Pong y en Doi Suthep. Me quedaban dos días más para simplemente relajarme: aprendería más sobre masajes tailandeses y sobre cocina tailandesa gracias a Thai Secret Cooking School.

No obstante, el mejor recuerdo en esta ciudad son las cenas en los puestos callejeros del Night Market con muchos otros viajeros que conocería durante aquellos días. Recuerdo Chiang Mai y oigo aún nuestras risas retumbando junto a la muralla iluminada, mientras disfrutábamos de riquísima comida por apenas unos bahts. 🙂

 

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