El timo de la estampita o el del taxi que viene a ser lo mismo…

Mi comienzo con Cartagena de India no fue tan bueno como cabía esperar. Odio llegar de noche en una ciudad que no conozco pero, por desgracia, sólo existía una conexión con VivaColombia de Medellín a Cartagena.
Tan pronto llegué al aeropuerto, recurrí a mi segundo recurso de “seguridad”: compartir taxi con algún turista que llegase al mismo tiempo que yo. ¡Desgraciadamente, tampoco tuve suerte en ese sentido ya que mi apartamento de AirBnb estaba alejado de la zona más turística de la ciudad! Así que agotada tras un largo día en Medellín, no me quedaba otro remedio que coger un taxi… ¡Y que me timasen!
Empecé a ver como el tipo aquel daba miles de vueltas por la ciudad hasta que finalmente fue a parar en un barrio con unas pintas terribles. ¡Ya me olía la jugada pero no pude hacer nada para evitarlo! Furiosa, le dije que no me bajaría allí ni en broma así que me llevase a un hotel del centro e inmediatamente se dio la casualidad de que él sabía de un hotel maravilloso en Bocagrande… ¡No quise discutir ni meterme en más problemas! ¡Apreté los dientes e intentaría alegrarme pensando en qué sólo había perdido dinero tontamente!

Bocagrande

A la mañana siguiente, tras la aventura del día anterior, aprovecharía para recorrer Bocagrande y ver… ¡Lo más feo que tiene probablemente Colombia! Me veía horrorizada por los altos edificios que acorralan la playa, los vendedores ambulantes y acosadores de turistas y las tumbonas a un metro del agua que te impiden ver el mar. ¡Qué gran decepción! Cartagena y yo, no nos estábamos entendiendo. Afortunadamente la cosa cambiaría radicalmente por la tarde nada más asentarme en mi encantador pisito AirBnb a apenas 15 minutos andando del centro histórico.

La ciudad Amuralla

Nada más llegar aquella tarde al centro histórico, parecía que había aterrizado en un lugar bien distinto. Hasta tal punto que empecé a oler el Caribe y mis recuerdos de La Habana volvieron a aflorar mi piel al recorrer las sinuosas y coloridas calles del centro. Eso sí, nada de coches antiguos americanos ni de edificios destartalados. Los balcones de Cartagena son robustos y están llenos de flores. Se respira bastante más opulencia que en Cuba gracias al importante turismo y al comercio. El parecido es razonable ya que cada una de ellas tiene su propio encanto…
El “Malecón” de Cartagena no me pareció tan bonito pero recorrer su muralla es una experiencia agradable y la puesta de sol desde el Castillo de San Felipe de Barajas, una fortificación del siglo XVII cargada de historia, fue para mí un momento mágico por sus colores.

El centro histórico

Perderse por el centro histórico de Cartagena de Indias es un imprescindible: el Muelle de los Pegasos, cruzar el Monumento Torre del Reloj, el mercado de la Plaza de la Aduana, la Catedral Santa Catalina… ¡No es de extrañar que sea Patrimonio de la Humanidad! Se siente la fuerte huella de los españoles. Para bien… ¡y para mal a través del terrible Palacio de la Inquisición! (Una gran recomendación de mi amiga Natalia 😉 )

La noche en Cartagena

Si bien no soy de salir de fiesta sola, tanto mi anfitriona de AirBnb como la gente en Colombia me había hablado de la noche en Cartagena así que, tras mi mala experiencia con el taxista, decidí optar por un mototaxi para bajar al centro a la noche. ¡Qué grata sorpresa! Efectivamente el centro de ciudad se vuelve mágico. A pesar de no conocer a nadie, la iluminación, los restaurantes y bares llenos de turistas, la música y el baile callejeros consiguieron hacerme sonreír y olvidarme de lo “peligrosa” que era Colombia.

Excursión a Playa Blanca

Cartagena de Indias se recorre perfectamente en un par de días así que, como broche final, me fui en busca de alguna playa de verdad. Me recomendaron entonces una excursión de un día a Playa Blanca. En cosa de una hora, en dirección Sur de Cartagena, un microbús no condujo hasta el principio de la playa y, luego, nos llevarían en una barquita hasta nuestro rincón de playa. Cada agencia tiene reservado para sus “VIPS” un pequeño chiringuito en el que comer y su trocito de playa está delimitado para evitar saturaciones. Un poco de relax en estas aguas cristalinas no me vendría mal. 😛

Para regresar teníamos la opción de volver en bus o en barco a Cartagena. La segunda parecía mejor pero, fue un subidón de adrenalina en toda regla. Regresar en una pequeña lancha a motor con 15 personas con un viento soplando fuertemente en contra fue toda una odisea. Tras unos cuantos sustos y muchas risas, como en una montaña rusa sin seguro, regresaríamos todos sanos, salvos y empapados a Cartagena…

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