Me llamó un amigo que vivía en Bilbao. Parecía tener problemas así que no lo dudé y me compré un billete de avión para ir a verlo… y dos semanas antes del viaje, me dice que ya no me necesita… ¡Está claro que el concepto de amistad no es el mismo para todos!

Así que sólo había dos opciones: o perdía ese billete de avión ó…¿me iba a Bilbao? No conocía  a nadie allí. ¿Qué iba a hacer yo en Bilbao sola? ¿Sería esto una señal?

Decidí darle la vuelta a tortilla y fue entonces cuando empecé a organizar mi primer viaje sola.

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Llegada a San Sebastián. Sale el sol detrás de la catedral del Buen Pastor

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San Sebastián me sonríe

1. Mi primer experiencia Couchsurfing 

Llevaba años oyendo hablar de una cosa llamada Couchsurfing así que me animé a probar. Los comienzos fueron difíciles. Todas mis solicitudes a chicas residentes en Bilbao eran rechazadas y es que no tenía ninguna referencia. Finalmente un chico llamado Koldo, que me vio muy perdida en esto del Couchsurfing, me contestó amablemente, me dio unos consejos, le empecé a contar mi historia… ¡y se apiadó de mí!

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El Peine de los Vientos

Aún así iba algo miedosa y desconfiada así que para no preocupar a mis padres, mi hermana en Italia quedó avisada de mi paradero. Si me pasaba algo sólo tenía que conectarme a Internet para pedir auxilio, jajaja.

Nada más llegar al aeropuerto, Koldo – que se ofreció a recogerme – estaba ya allí con una motaza así que ya os podéis imaginar qué llegada tan triunfal a Bilbao. Bajar en moto de noche viendo toda la ciudad iluminada fue una pasada. Eso sí, no estaba nerviosa sino lo siguiente por esta situación tan extraña: acaba de aterrizar en una ciudad desconocida, en la que no conocía a nadie y estaba yo, ahí, abrazada a un chico al que acaba de conocer en una moto bajando para su casa con mi mochilita…

El chaval lo notó pero, como él sí que era un experto de Couchsurfing, nada más enseñarme mi bonita habitación con cama de matrimonio (tal y como había visto en las fotos), nos fuimos a tomar unas cañas en el mismísimo casco viejo e hicimos las presentaciones.

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Estación de Abando

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Casco viejo de Bilbao

2. Excursión de un día en San Sebastián

Al día siguiente, Koldo me dejó las llaves de casa y quedamos en vernos a la noche para salir. Gracias a su ayuda y consejos, me fui a pasar el día a San Sebastián. Estábamos en pleno mes de noviembre y de repente parece que Donostia me sonrío. San Sebastián es y estaba precioso para mí y tras empezar en la parte vieja, recorrí toda la playa de la Concha, Ondarreta y Zurriolo (la bahía de un extremo al otro) hasta llegar al Peine de los Vientos. Mis discos preferidos sonando en mi Ipod, me sentía a gusto, libre… No podía dejar de caminar y mis pies empezaron a recocerse en mis Doctor Marteens (hacía 21º) así que no me quedó otro remedio que irme de compras, jejeje.

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El impresionante Museo Guggenheim

Tras unos buenos pintxos, seguí recorriendo todo el Ensanche y me fui de vuelta a la estación de autobuses caminando todo lo largo del río Urumea.

Llegué a la estación de autobuses de Bilbao al atardecer y decidí volver andando a casa de Koldo, cruzando así todo el Gran Bilbao, pasando al ladito del estadio San Mamés dónde sus hinchas estaban preparándose para el partido.

A la noche llegaba reventada pero animada por volver a reencontrarme en casa con Koldo. Él estaba igual que yo así que tras unas cuantas risas y contarnos las aventuras del día, decidimos quedarnos en casa e irnos a dormir. El domingo por la mañana, ya fresca como una rosa, el buen tiempo del día anterior se había esfumado.

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Pintxos, pintxos, pintxos!

3. Visita al Museo Guggenheim

No dejaba de llover por lo que decidí irme directamente al Guggenheim. El museo me resultó abrumador. Desde fuera realmente no deja de ser un edificio de lo más llamativo pero, cuando entras de él, creo que adquiere aún más personalidad. Las exposiciones, al ser una gran desconocida de las nuevas tendencias del arte, básicamente me resultaban curiosas y muchas incluso me causaban carcajada por no entender nada pero cuánto más me adentraba en el museo más me enamoraba su arquitectura. Al entrar en el edificio es cuando descubres toda su complejidad, por qué Frank Gehry se ha hecho tan famoso con esta obra y por qué el Museo Guggenheim se ha convertido en el emblema de la ciudad.

Tras esta visita, pasé por la universidad Deusto, por el bonito teatro Arriaga, por el teatro Campos Elíseos, vi la bonita vidriera de la estación de tren de Abando, recorrí la ciudad vieja y el mercado de la Ribera. Me fui despedir de Koldo ¡y casi pierdo el avión!.

Volví para Galicia encantada por haber superado todos mis miedos. Euskadi me había dejado un muy buen sabor de boca en todos los sentidos: ahora tenía un nuevo amigo en Bilbao, me había encantado haber visitado estas magníficas ciudades durante el fin de semana y viajar sola por primera vez no había estado mal, nada mal…

 

9 Respuestas

  1. koldo

    si que tengo ganas de ir…. A ver si en algun puente puedo acercarme.

    Me alegro de que sigas disfrutando de couchsurfing hoy en dia… 😉

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