No sé si fue que Myanmar me tenía muy enamorada o que yo ya empezaba a estar cansada de Asia pero lo cierto es que nada más llegar a Bangkok, noté que aquel no era mi sitio. En el país de la eterna sonrisa, sólo me encontré con gestos falsos nada más llegar. Quizás mis expectativas fueran demasiadas altas.

1. El Gran Palacio

Empezaría mi primer día por la ciudad de Bangkok con algunos de sus mayores reclamos turísticos. La primera visita fue el Gran Palacio. Sí, las recomendaciones de la Lonely Planet eran acertadas, había que ir temprano. Así que intenté ir a primera hora de la mañana… ¡al igual que miles de chinos! Nunca estuve en China pero os aseguro que tenía la sensación de que allí se encontraba medio país. Pagar el precio de la elevada entrada (unos 10 euros, mucho dinero en Asia), sólo te daba derecho a un triste mapa del lugar en tailandés. Ni indicaciones ni nada. Para tener algo de información, había que pagar 100 bahts más para una audioguía. Este complejo de 218 000 metros cuadrados agrupa numerosos palacios construidos entre el siglo XVIII y XIX. Tanto la arquitectura como la pintura son realmente impresionantes si no fuera porque había que andar a codazos para poder sacar una foto. Allí también se puede visitar el Templo del Buda de Esmeralda con una estatua como reza la descripción.

💡 Nota: Por respeto, en estos templos es necesario descalzarse al entrar y llevar las piernas tapadas por lo que si lleváis algo corto, os obligarán a alquilar o comprar algo con qué taparos).

 

2. El Templo del Buda Reclinado

A unos pasos de allí se encuentra el templo del Buda Reclinado, Wat Pho. Tras un rápido almuerzo en un puesto callejero, me dirigía a ver este enorme Buda de 15 metros. En este caso, una vez más, quizás debido a lo que ya había visto en Myanmar, no me vi tan impactada ante semejante estatua como quizás cabría de esperar. En cambio, sí confieso que me llamó la atención su recinto en el que se encuentra un centro para la enseñanza y conservación de la medicina tailandesa tradicional. Allí dentro, se puede coger cita para un masaje (aprovechad que estáis dentro. Si salís os volverán a pedir pagar la entrada al templo).

3. El Templo del Amanecer

Aproveché entonces para visitar la otra orilla del río y ver de más cerca el Templo del Amanecer que se encuentra prácticamente enfrente al templo del Buda Reclinado. Afortunadamente no estaba tan lleno de turistas pero estaba en plenas obras de restauración así que muchas partes estaban recubiertas de andamiaje. La visita de Wat Arun aún así mereció la pena: los altos escalones de sus pagodas y la delicadeza de sus adornos me gustaron un montón.

4. Crucero por el río Chao Phraya

Tras una mañana-tarde de lo más completa decidí tomarme un respiro cogiendo un pequeño crucero sobre el río Chao Phraya. Salen de forma continuada un sinfín de barcos de un lado a otro con diferentes precios en función del número de paradas, de lo rápidos que son… ¡y de si tienes pinta de turista o no! Contrariamente a lo que me esperaba, el paseo no fue tan agradable. El agua estaba bastante sucia y lo cierto es que el skyline de Bangkok me pareció bastante horroroso. Sin duda, el urbanismo no es el fuerte de los tailandeses.

5. El parque Lumpini

Tras este deprimente paseo, decidí seguir a pie mi recorrido por las bulliciosas calles de Bangkok para visitar otro de sus reclamos turísticas: el templo hinduista de Sri Mariam Man. Fue otra decepción del día: un pequeño templo hinduista sin nada de muy espectacular después de lo visto en Malasia. De camino ya para casa, al caer el atardecer decidí cruzar – un poco por casualidad – el parque de Lumpini. ¡Por fin un pequeño remanso de paz en esta capital loca! Allí estábamos mucho buscando un poco de tranquilidad: algunos paseando en barca por el lago, otros practicando taichí o corriendo, otros muchos más bailando con ritmo de zumba con rostros impasibles…

De repente, sonó el himno y todos se quedaron petrificados. Al cabo de un par de minutos, todos aquellos robots siguieron con sus rutinas.

¿Me había vuelto inmune a la belleza por culpa de lo viajado anteriormente? ¿Quién me iba a decir que una chica tan urbanita como yo se sentiría como un pulpo en un garaje en la capital tailandesa?

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Atardecer en el Parque Lumpini

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Robots tailandeses bailando zumba

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Reunión Couchsurfing en Bangkok

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Cenita rica rica en el meeting de Couchsurfing en Bangkok

6. La vida nocturna de Bangkok

Había oído hablar de la “increíble” vida nocturna de Bangkok a través de mucha gente, de muchos blogs y revistas de viaje. Sin embargo, ir a emborracharme con un montón de mochileros en Khaosan Road no me atraía demasiado por varios motivos: primero, porque no bebo y segundo, porque mi idea era conocer a gente tailandesa, jeje. Ir sola a Soi Cowboy, la calle roja de Bangkok, para ver prostitución tampoco me parecía un plan demasiado atractivo… ¿Qué podía hacer un sábado por la noche en Bangkok? ¡Pues ir a una quedada Couchsurfing!

7. Quedada Couchsurfing en Bangkok

Al ser una ciudad enorme, me costó tener que hacer una selección entre miles de planes que había para aquella noche. Finalmente llamó mi atención el evento de una chica, dueña de un hostel y chef que se ofrecía a enseñarnos cocina tailandesa. Era posible acercarse por la tarde para ayudarla con la compra y la cocina o simplemente acercarse a cenar. Todo aquel que confirmarse asistencia tenía que comprometerse a pagar unos euros de comida. ¡Me pareció una idea genial!
Aquellos días en Bangkok, me estaba alojando en el fantástico hostel Cubik Bangkok. Allí compartía cuarto con dos chicas chinas. Les conté mis planes y decidieron unirse a mí, jejeje. Nos costó encontrar el lugar pero, sorprendentemente allí estábamos ni más ni menos que unas 20 personas de diferentes partes del mundo hablando de viajes y disfrutando de riquísima comida tailandesa. Me decepcionó no poder conocer a más gente autóctona pero gracias a nuestra anfitriona fue definitivamente una velada muy divertida y diferente. 🙂

8. Los mercados flotantes de Bangkok

Otro de los grandes reclamos turísticos de Bangkok son sus mercados flotantes. Sorprendentemente cuando le pedí información a la encantadora Guitar, dueña del hostel, me encontré con que casi todos los mercados flotantes de Bangkok están a las afueras. El más importante, y dicen que el más bonito es Damnoen Saduak pero está a 100 km de Bangkok y lo ideal es ir a verlo a partir de las cinco de la mañana… ¡Quedaba totalmente descartado! Lo mismo ocurría con el de Amphawa por lo que me tuve que decantar por el mercado de Talin Chan.

Afortunadamente no me lo encontré demasiado repleto de turistas aun así me decepcionó todo un poco. Otra vez, mis expectativas me jugaban una mala pasada… Sí, los puestos de comida en los barquitas tenían un aspecto excelente y colorido pero, en mi opinión, poco encanto. Tomé entonces una pequeña embarcación turística para poder recorrer los canales. Las casas relativamente nuevas y humildes alrededor del agua no eran nada de otro mundo, el agua bastante contaminada… Hicimos una breve parada en un pueblecito con un pequeño monasterio en el que allí estaban los autóctonos desayunando mientras cantaban al karaoke. Lo más divertido del tour fue comprar un poco de pan para alimentar a los enormes peces mutantes que nadaban en aquellas aguas infectadas.

 

9. El barrio chino de Bangkok

Tras el madrugón me dirigía a la estación de tren para informarme sobre cómo llegar a Hua Hin, mi siguiente parada. Tras un rápido pad thai, me iba a recorrer el barrio chino. Sus caóticas calles son aún más locura que el resto de Bangkok que ya es decir. Desde luego, merece una visita, jejeje. Los puestos callejeros con comidas extrañas, desorden y ruido por doquier: un lugar perfecto para perder la noción del tiempo y del espacio.

Este segundo día en Bangkok había sido de nuevo muy completo y, sin embargo, confieso que lo único que me seguía convenciendo de Tailandia era su gastronomía. 😛

¿Habéis estado en Bangkok? ¿A vosotros qué os pareció la ciudad? ¿Salir por Bangkok es tan increíble como cuentan?

 

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