El Gran Palacio

No sé si fue que Myanmar me tenía muy enamorada o que yo ya empezaba a estar cansada de Asia pero lo cierto es que nada más llegar a Bangkok, noté que aquel no era mi sitio. En el país de la eterna sonrisa, sólo me encontré con gestos falsos nada más llegar. Quizás mis expectativas fueran demasiadas altas.
Empezaría mi primer día por la ciudad de Bangkok con algunos de sus mayores reclamos turísticos. La primera visita fue el Gran Palacio. Sí, las recomendaciones de la Lonely Planet eran acertadas, había que ir temprano. Así que intenté ir a primera hora de la mañana… ¡al igual que miles de chinos! Nunca estuve en China pero os aseguro que tenía la sensación de que allí se encontraba medio país. Pagar el precio de la elevada entrada (unos 10 euros, mucho dinero en Asia), sólo te daba derecho a un triste mapa del lugar en tailandés. Ni indicaciones ni nada. Para tener algo de información, había que pagar 100 bahts más para una audioguía. Este complejo de 218 000 metros cuadrados agrupa numerosos palacios construidos entre el siglo XVIII y XIX. Tanto la arquitectura como la pintura son realmente impresionantes si no fuera porque había que andar a codazos para poder sacar una foto. Allí también se puede visitar el Templo del Buda de Esmeralda con una estatua como reza la descripción (Nota: por respeto, en estos templos es necesario descalzarse al entrar y llevar las piernas tapadas por lo que si lleváis algo corto, os obligarán a alquilar o comprar algo con qué taparos).

El Templo del Buda Reclinado

A unos pasos de allí se encuentra el templo del Buda Reclinado, Wat Pho. Tras un rápido almuerzo en un puesto callejero, me dirigía a ver este enorme Buda de 15 metros. En este caso, una vez más, quizás debido a lo que ya había visto en Myanmar, no me vi tan impactada ante semejante estatua como quizás cabría de esperar. En cambio, sí confieso que me llamó la atención su recinto en el que se encuentra un centro para la enseñanza y conservación de la medicina tailandesa tradicional. Allí dentro, se puede coger cita para un masaje (aprovechad que estáis dentro. Si salís os volverán a pedir pagar la entrada al templo).

El Templo del Amanecer

Aproveché entonces para visitar la otra orilla del río y ver de más cerca el Templo del Amanecer que se encuentra prácticamente enfrente al templo del Buda Reclinado. Afortunadamente no estaba tan lleno de turistas pero estaba en plenas obras de restauración así que muchas partes estaban recubiertas de andamiaje. La visita de Wat Arun aún así mereció la pena: los altos escalones de sus pagodas y la delicadeza de sus adornos me gustaron un montón.

Crucero por el río Chao Phraya

Tras una mañana-tarde de lo más completa decidí tomarme un respiro cogiendo un pequeño crucero sobre el río Chao Phraya. Salen de forma continuada un sinfín de barcos de un lado a otro con diferentes precios en función del número de paradas, de lo rápidos que son… ¡y de si tienes pinta de turista o no! Contrariamente a lo que me esperaba, el paseo no fue tan agradable. El agua estaba bastante sucia y lo cierto es que el skyline de Bangkok me pareció bastante horroroso. Sin duda, el urbanismo no es el fuerte de los tailandeses.

El parque Lumpini

Tras este deprimente paseo, decidí seguir a pie mi recorrido por las bulliciosas calles de Bangkok para visitar otro de sus reclamos turísticas: el templo hinduista de Sri Mariam Man. Fue otra decepción del día: un pequeño templo hinduista sin nada de muy espectacular después de lo visto en Malasia. De camino ya para casa, al caer el atardecer decidí cruzar – un poco por casualidad – el parque de Lumpini. ¡Por fin un pequeño remanso de paz en esta capital loca! Allí estábamos mucho buscando un poco de tranquilidad: algunos paseando en barca por el lago, otros practicando taichí o corriendo, otros muchos más bailando con ritmo de zumba con rostros impasibles…

De repente, sonó el himno y todos se quedaron petrificados. Al cabo de un par de minutos, todos aquellos robots siguieron con sus rutinas.

¿Me había vuelto inmune a la belleza por culpa de lo viajado anteriormente? ¿Quién me iba a decir que una chica tan urbanita como yo se sentiría como un pulpo en un garaje en la capital tailandesa?

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Atardecer en el Parque Lumpini

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Robots tailandeses bailando zumba

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