Visitando Ávila en un día

Si hay una cosa que realmente le debo de agradecer a Patricia es que me está haciendo descubrir un montón de sitios de España. Muchos de mis amigos, de hecho, me tienen echado la bronca. “¿Para qué te vas tan lejos, si cerca de nosotros también hay un montón de sitios maravillosos que visitar?”. ¡Tienen toda la razón!

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Basílica de San Vicente

 

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Esta muralla me la recorro yo en ná!

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Sólo Santa Teresa andaba por aquí

1. Paseo a lo largo de la muralla de Ávila

Puente de diciembre y perfecto para hacer una escapadita a Madrid

Hay que decir que soy una suertuda porque cuando viajo a Madrid o Barcelona suelo tener “casas” . En este caso, mi prima Sofía, de casualidad, se volvió viajera ella también aquel fin de semana, y me quedé en su pisito de niñera gatuna aquel fin de semana.

Tras un estupendo descanso me levanté llena de energía en dirección a la estación de Chamartín y desayunaba en Ávila. A pesar del frío, salió el sol así que la ciudad me pareció preciosa nada más llegar. Eso sí, ni un alma por la calle, jejeje.

Tras apenas 15 min de caminata, ya me encontré de bruces con lo que estaba buscando: la basílica de San Vicente a mano derecha y la primera puerta que vería de la inmensa muralla.

En un principio, no llamó mucho mi atención. La muralla de Ávila es medieval,  ¡pero la de Lugo romana! Estilos diferentes, evidentemente, pero murallas ante todo. Ilusa de mí, se me pasear  todo a su alrededor (¡total, sólo eran 2 kilómetros y medio!). Cuando llegó la hora de comer, aún iba por la mitad, jejeje.

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Atardecer en Ávila

2. La Catedral y Convento de Santa Teresa

Tras repostar como Dios manda cerca de la Catedral, caminando al ritmo de la música que sonaba en mi Ipod, encontré finalmente una de las taquillas para poder subir. Las vistas eran una pasada. Mereció la pena. Desgraciadamente está dividida en dos tramos, así que tardé casi otra hora más en encontrar la puerta para acceder al segundo…

Mis piernas empezaron a pedir tregua cuando llegué a la altura de la Puerta del Carmen (podía realmente decir que había visto la muralla) y, pasando por la Ermita de San Segundo, decidí acercarme al Convento de Santa Teresa que parecía estar cerca… Ni un alma por ahí es. La ciudad parecía estar abandonada debido al festivo. Fui a preguntar a la oficina de turismo cómo llegar a Los Cuatro Postes y al Monasterio de Santo Tomás que veía allí a lo lejos pero me informaron de que no había autobuses. ¡Spain is different y en cuanto a turismo más!

Tras un día de lo más intenso y tras ver el atardecer desde lo alto de la muralla, decidí regresar a Madrid. Eso sí, sin dejar de comprar unas yemas en la única confitería abierta antes de irme. No cabe duda de que aquella noche dormí aún más profundamente que la anterior…

5 Respuestas

  1. Monicarrie

    Eiii…yo tb te lo dije muchas veces…… Conoces mucho fuera y desconoces bastante tu país… Ah…incidir que eso te lo aplique tb a Galicia… Tkm

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  2. Miguel Ángel Otero Soliño

    El problema es ese frío castellano que cala en tus huesos. La primera vez que fui fue durante el puente de las letras gallegas de este año y joder 4 grados a las 21h en pleno mayo. Avila es bella y olvidada porque queda como a desmano de todo, de hecho de mis eternos viajes a Madrid siempre veía los carteles y me dije que algún dia tendría que parar allí y ver su muralla y no lo había hecho hasta ahora.. Creo que si Avila o Lugo estuvieran mejor comunicadas serían ciudades muy turísticas por su patrimonio y buen comer.

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    • @skandal00

      Te doy toda la razón Miguel Ángel excepto por lo del frío. Prefiero mil veces más el frío de verdad que el frío húmedo de Galicia, jajajaja. Un gorrito, una buena bufanda y un abrigo gordo y lista para todo trotes, jejeje 🙂

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